lunes, 7 de febrero de 2011

Gesualdo Bufalino


“Angelo afirmaba que la muerte es un biombo de humo entre los vivos y los otros. Basta introducir en él las manos para pasar al otro lado y encontrar los solidarios dedos de quien nos ama. Siempre que se dejen pistas, huellas, menudencias que conserven nuestro olor. Fue tal vez esa idea la que le impulsó a confiar a una monja un fajo de cartas con fechas ficticias, para enviar una dos veces por año. En ellas contaba la futura novela de sí mismo, se jactaba de paternidades, empleos, éxitos; anunciaba banales indisposiciones que en el episodio posterior aparecían ya curadas y remotas. Su madre –nos explicaba- viviría así más tiempo, esperando en cada fecha el mensaje postizo en el que se prolongaba indefinidamente el eco de la querida voz desaparecida. Sería para ella como tener un hijo en ultramar, en Sao Paulo, en Little Italy. Ella murió inmediatamente después que él, sin embargo, y sor Tarsicia, si no ha llegado a saberlo, sigue enviando sin duda estas ofrendas fúnebres de un muerto a una muerta, que ningún cartero podrá jamás devolver al remitente (pero entre nosotros, vivos que nos escribimos, ¿acaso sirven de más las palabras? ¿Y es seguro, por otra parte, que sea sonido la vida y silencio la muerte, y no en cambio lo contrario?).

Gesualdo Bufalino (Perorata del apestado)

2 comentarios:

  1. Me traje este verano de Italia este libro...y ahí está en mi mesilla, que es la antesala del tiempo perdido... me lo acabas de recordar con tu post. ¿Cuántas vidas necesitaríamos para hacer todas las cosas que queremos?
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Hola Lula, hace años leí a Vázquez Montalbán contar como Leonardo Sciascia había descubierto a Gesualdo Bufalino y le había ayudado a publicar su primer libro, ésta "Perorata del apestado", y él mismo confesaba su gran admiración por este escritor. Yo en estos momentos estoy acabando de leerlo y te puedo comentar que no recuerdo haber tomado tantos apuntes de un libro nunca. Es una lectura fascinante de esas que convierten la literatura en algo apasionante y quizá enfermizo, pero muy gratificante.
    Un saludo

    ResponderEliminar