martes, 15 de febrero de 2011

Otto Dix (1)





Recuerdos vitales

Nací el 2 de diciembre de 1891 a la una y media de la madrugada (para ser exacto) en Untermhaus, cerca de Gera, que no está situada en Sajonia, como afirman algunas personas, sino en Turingia. Mi padre es fundidor y moldeador. Mi madre es absolutamente genial y desborda fantasía y así lo demuestra el hecho de que recientemente preparó un bizcocho con albayalde en lugar de harina, que provocó a mis padres un cólico durante algunos días. Acudí a la escuela de Untermhaus, tuve paperas, jugué a indios, escenifiqué pequeños incendios forestales, pero esto seguramente no tendrá mayor interés.
Desde los catorce a los dieciocho años aprendí “pintor decorador”, es decir, aprendí a limpiar gallineros, a rascar techos y paredes, a moler los colores, a pintar suelos, vallas y zócalos y a limpiar botas como es debido. Los domingos salía a pintar paisajes. Pero como me pasaba la semana esperando al domingo, el pobre maestro solía darme tirones de orejas, que hoy aún tengo muy separadas de la cabeza y hacen mal efecto. “No llegarás a nada, tu nunca serás pintor, siempre serás un pintamonas, cómprate un teckel y una chaqueta de terciopelo y hazte artista”, me decía siempre.
El príncipe Reuss me concedió una beca y me marché a la Escuela de Artes y Oficios de Dresde. Allí aprendí a pintar flores, a dibujar plantas, anatomía y desnudo. Pasaba mucha hambre, porque los principescos 50 marcos de Reuss no daban para mucho. En agosto de 1914 fui llamado a filas.
En 1919 retorné a Dresde, donde se seguía pintando con cáñamo seco, azúcar y agua. En la Academia de Bellas Artes de Dresde, con Feldbauer, provoqué en la clase de pintura una auténtica epidemia cubista. Más tarde en el Meisteratelier (Taller de maestría de pintura decorativa) de Gussmann, donde ya para espanto, ya para satisfacción de mi maestro creaba cuadros de tela, chapa, madera, movibles, articulados y plegables…
Tan sólo añadiré que no soy ni político, ni tendencioso, ni pacifista, ni moralista, ni lo que sea. Tampoco soy simbolista, ni un pintor afrancesado. No estoy a favor ni en contra de nada.

Otto Dix (Biografía manuscrita, 1924)





¡El arte para los artistas!

¡Mi querido Hans! He sido un gran bellaco por no haberte escrito antes, pero hasta ahora he tenido poquísimo tiempo y lo sigo teniendo. Las obras para concursos (en los que, como es natural, he fracasado con regularidad), los trabajos particulares y la Escuela siempre me lo impiden. Es la una y media en punto. Acabo de llegar a casa de la Escuela y a las cuatro tengo que volver a entrar en ese viejo caserón apestoso. Me invade un deseo irrefrenable de salir a la naturaleza moribunda. Así pues, oscilo siempre entre la obligación y la devoción, cuando esta última es para mí mil veces más sagrada (…). En la Escuela me he granjeado numerosos enemigos debido a mi sempiterna rebeldía espiritual, pero a pesar de todo parece que intereso a la gente.
Ya hace mucho tiempo que me he dado cuenta de que en realidad no encajo nada, lo que se dice nada, en las artes decorativas. Respeto demasiado la Naturaleza. Tengo “trabajos particulares”, pero qué “kitsh”. No te imaginas lo doloroso que resulta tener que mentirte a ti mismo y realizar pinturas kitsh para ganar dinero. Pero tampoco se puede convencer a la gente de nada, es casi como si hablaras con una pared. Hace mucho que abandoné la opinión de que el arte es para el pueblo y debería servir para educarlo. Con semejantes proletarios del intelecto no hay nada que hacer. El arte es sólo para los artistas.

Otto Dix (1911)



Entusiasmo por Nietzsche
Leí a Nietzsche en 1911 y estudié a fondo sus opiniones. Por eso me enfureció tanto que los nazis se apropiasen de él, que con su teoría totalitaria del poder lo entendieran…quisieran entenderlo de forma completamente errónea.

Otto Dix (1965)







Conrad Felixmüller: el gusto por el grabado
Cuando nos dibujábamos mutuamente, Otto Dix, en respuesta a mis objeciones contra sus obras pornográficas, comentó: “Yo no me comeré una rosca; ¡mis pinturas son invendibles! Me haré famoso o me desacreditaré”. Le aconsejé que se dedicara al grabado. Como por entonces yo siempre tenía en el estudio planchas de cinc para aguafuertes, grabé una de Dix con un buril ancho sobre una plancha para ofrecerle un ejemplo del proceso técnico. Dejé sin trabajar la esquina superior derecha, para que él –que eligió un buril más puntiagudo- pudiera dibujar un motivo en la base blanda: una mujer desvistiéndose, collage de braguitas de encaje, rellenos de algodón, cromos. Estampé en el acto la plancha al aguafuerte y saqué una prueba de estado.
Dix había hallado un gran placer en la estampación. En la Academia de Bellas Artes de Dresde había un grabador que preparó para Dix una piedra de grano fino. Al día siguiente me trajo la prueba de estado de su primera litografía, de nuevo sobre el tema de la dama, ejecutada muy cuidadosamente con rayas finas, sobre el corpiño un pecho relleno, rebosante. “Para mi querido Felixmüller” decía la dedicatoria. No se hicieron más estampas pues, según dijo Dix, “¡Ese perro, tu grabador, ha pulido la piedra! ¡Dijo que él no grababa semejantes guarradas!”.

Conrad Felixmüller

3 comentarios:

  1. Magnífico dibujante, Otto Dix, artista completo.
    Gracias por traer a este artista del expresionismo, no debe quedar en el olvido este luchador contra el nazismo.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. Hola Luis:

    Hace ya unos cuantos años, quizá veinte, descubrí a Otto Dix en una gran, pero muy gran, exposición sobre el Espresionismo Alemán que organizara la obra social de "La Caixa". Allí descubrí su obra gráfica y me quedé colgado de este hombre. Pocos años después, en París, tuve ocasión de ver una exposición casi completa de toda su obra y ya mi relación con don Otto fue total.
    De todos modos, a pesar del cabrón del litógrafo, su obra gráfica me sigue conmoviendo.

    Gracias xaval por recordarte de este grande del expresionismo.

    salut,
    hugo

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  3. Me alegra vuestra opinión, que comparto, sobre Otto Dix, es sin duda uno de los grandes del siglo XX y tanto su obra como su “compromiso” en la época que le tocó vivir me parecen muy “ilustrativas” sobre el sentido y el significado de la práctica de los oficios artísticos. Por contraste, nos permite ver a un montón de mierdecillas con el culo al aire… para el mejor postor.

    (Mañana publicaré una segunda entrega)

    Un saludo

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