miércoles, 16 de febrero de 2011

Otto Dix (2)





Dix sobre sus cuadros de prostitutas
…Pero hombre, ¿por qué pintas eso? Nadie quiere colgarlo. Pero tu vas y lo pintas. Las malditas putas y las malditas beldades ajadas y todas esas tristezas de la vida. Quién diablos va a disfrutar con eso. A nadie le gusta. No hay galería que quiera exhibirlo. Para qué lo pintas…
Bueno, tengo que decirlo: Prefiero seguir mi voz interior, que me lleva a alguna parte sin que me diga qué sentido tiene (…) Sí, desde luego que no pinto ni para esos ni para aquellos. Lo siento. Soy un proletario soberano de tal calibre ¿verdad? Que digo: “¡Esto lo hago! Y podéis decir lo que queráis”. Para qué es bueno esto, ni yo mismo lo sé. Pero lo hago. Porque sé que eso fue así y no de otra manera.

Otto Dix (1963)





Carl Einstein: La pintura como ejecución

Los polos del arte actual están tensos y a punto de romperse. Constructivistas y abstractos han establecido la dictadura de la forma; otros como Grosz, Dix o Schlichter destruyen lo real con una objetividad acusada, descubren esta época y la obligan a la autoironía. La pintura, un medio de fría ejecución; la observación como instrumento de ataque frontal. Tal actitud de rebeldía no tiene nada que ver con la benévola pintura social; aquí se trata de un trabajo revolucionario preliminar para jubilar a la época guillermina…
Dix, resuelto y bien equipado técnicamente, patea la hinchada barriga de esta época, que solo es una parodia, arrancándole confesiones de graves infamias, y muestra con absoluta franqueza sus gentes, cuyos rostros taimados esbozan muecas sardónicas…
Consigna el ataque contra la época en sí ridícula; iconoclasta. Se guerrea, tanto inventando formas como destruyéndolas en la representación…
Los cuadros de Dix son ataques…
Dix opone el oficio y la objetividad a la presunción y al temperamento sucio. Devuelve el kitsch al burgués con segundas; puede atreverse a algo así, pues pinta muy bien; tan bien, que su pintura expulsa, ejecuta al kitsch. La época de los retratos especuladores acomodaticios y de los bribones adinerados ha concluido. Dix pinta la actualidad…La suya es una pintura de constatación crítica.

Carl Einstein
(1923)




La fiebre de la metrópoli
Dix comparte con Grosz, Heartfield y otros contemporáneos el entusiasmo por la gran ciudad y América, por el jazz y el shimmy, la moda y la cosmética, el circo y las varietés. (…) En las primeras series de retratos que en 1920, 1922 y 1926 toma de él Hugo Erfurth, maestro fotógrafo de Dresde, Dix trasluce sobriedad, dureza y su proverbial mirada maligna. Esta actitud determina también todos los autorretratos de los años veinte.






¡Berlín! ¡Berlín!
El berlinés no tiene tiempo…Siempre está ocupado, telefonea, queda, llega echando el bofe a una cita algo tarde y siempre tiene mucho que hacer…El berlinés es un esclavo del aparato. Es viajero, espectador teatral, cliente de restaurantes y empleado. Persona, menos. El aparato pellizca y tira de sus extremidades nerviosas y el cede desinhibidamente. Hace todo cuanto la ciudad exige de él, menos vivir…eso, por degracia, no…Berlín aúna los inconvenientes de una gran ciudad americana y los de una ciudad alemana de provincias.
Sus atractivos figuran en el Baedeker.

Kurt Tucholsky




La forma como escultura
Yo quería tener en el cuadro la forma como escultura, con la austeridad y solemnidad con que Mantegna la contrapone al observador. Yo quería verla enseñorearse de la superficie pictórica como cincelada (casi hueca en el espacio): la forma en sí…

Otto Dix (1965)





Hace muchos años Max Liebermann me dijo: “Pinte usted mucho retrato. De todos modos todo lo que pintamos nosotros, los alemanes, es retrato”…Todo buen retrato se basa en la contemplación. La esencia de cada persona se manifiesta en su apariencia; el exterior es la expresión del interior, es decir, exterior e interior son idénticos. Esto llega al punto de que hasta los pliegues de sus ropas, la postura de una persona, sus manos, sus orejas informan en el acto al pintor sobre el espíritu de su modelo; estas últimas a menudo más que los ojos y la boca.
La gente se imagina siempre que el retratista es un gran psicólogo y fisiognomista, capaz de leer en el acto en cada rostro las virtudes y vicios más ocultos para luego trasladarlos al cuadro. Esto es pura literatura pues el pintor no valora, mira. Mi lema es: “Confía en tus ojos”.

Otto Dix (1955)






Tras haber ensayado con Herberholz todas las técnicas posibles, de pronto me sentí cautivado por el agua fuerte. Tenía mucho que contar, tenía tema. Lavar el ácido, aguatinta encima, técnica breve, maravillosa, que permite trabajar a voluntad las gradaciones. La petulancia adquiere de repente un interés colosal: grabar al aguafuerte te convierte en el más genuino alquimista.

Otto Dix






El catedrático Dix, destituido
El señor comisario del Reich en Sajonia, von Killinger, ha destituido con efecto inmediato al pintor Otto Dix, catedrático de la Academia de Bellas Artes de Dresde. El alejamiento de este personaje es el rebato para sanear los Institutos de Bellas Artes de Sajonia. La rápida intervención ha sido algo natural en el caso de este parásito, que, conocido por sus indecentes obscenidades, preocupaba a las fiscalías e inficionaba el espíritu nacional. Resulta casi monstruoso pensar que el Estado haya tolerado confiar durante diez años los jóvenes artistas a semejante maestro…
Sólo tras el minucioso saneamiento de los Institutos de Arte podremos erradicar este negrísimo borrón de Dresde, la ciudad del arte.

(Ministerio del Interior de Sajonia, 1933)



No es necesario que discutamos sobre mis cuadros, estos ya los vemos. Yo parto de lo contemplado. No deseo inventar temas nuevos, ni composiciones artificiosas como, por ejemplo, Salvador Dalí.
Lo que más me gusta es ver de nuevo con mis propios ojos los temas primigenios de la Humanidad…
El arte se sustrae a toda definición. Durante mucho tiempo uno es un tiesto vacío, después crece algo que uno no desea. Se cuela algo que uno en realidad no entiende. El dios Azar crea en nuestro interior.

Otto Dix (1958)

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