sábado, 5 de febrero de 2011

Precipicios (27)

Precipicios (*)(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…


“ I

SHANTI SE DISCULPA

Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.
Yo, en cierta época de mi existencia, he pasado por algunos momentos difíciles, y el recordarlos, sin duda, despertó en mí la gana de escribir. El ver mis recuerdos fijados en el papel me daba la impresión de hallarse escritos por otro, y este desdoblamiento de mi persona en narrador y lector me indujo a continuar.
No tenía la menor intención de dar mis cuartillas a la imprenta; pero cuando salió “El Correo de Lúzaro” todos mis amigos me instaron para que publicase mis memorias en el periódico.
Debía colaborar en la cultura de la ciudad. Yo era uno de los puntales de la civilización luzarense. Nos reíamos en casa un poco de estos elogios y comencé a publicar mi diario en “El Correo de Lúzaro” y a pagar periódicamente las facturas de la imprenta.
Estuve ausente de Lúzaro una semana para llevar mi segundo hijo al colegio, y al volver de mi viaje me encontré con que “El Correo” había pasado a mejor vida, y mis memorias quedaban colgadas en lo que yo consideraba más interesante. A pesar del interés puesto por mí, nadie se ocupó de saber su continuación, lo cual sirvió para mortificar bastante mi amor propio literario…”

Pío Baroja (Las inquietudes de Shanti Andía)

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