viernes, 11 de febrero de 2011

Thomas Bernhard



“El recién nacido se ve, desde el instante de su nacimiento, a la merced de progenitores que son padres idiotizados y no ilustrados y, ya desde el primer instante, es convertido por esos progenitores que son sus padres, idiotizados y no ilustrados, en un ser igualmente idiotizado y no ilustrado, ese proceso monstruoso e increíble se ha convertido, en los cientos de años y miles de años de la sociedad humana, en costumbre, y la sociedad se ha acostumbrado a esa costumbre y no piensa en absoluto en dejar esa costumbre, al contrario, esa costumbre se intensifica cada vez más y ha llegado a su apogeo en nuestra época, porque en ninguna época se han hecho seres humanos como población mundial de una forma más irreflexiva y más vil y más abyecta y más insolente que en la nuestra, aunque la sociedad sabe desde hace tiempo que ese proceso, que es una infamia mundial, si no se interrumpe, significará el fin de la sociedad humana.” (...)






“Tampoco el cuerpo de Cristo, sumido y consumido cada día y, por lo tanto, aproximadamente trescientas veces al año, era nada distinto del llamado homenaje cotidiano a Adolf Hitler, en cualquier caso, yo tenía la impresión, con independencia de que se tratase de dos magnitudes totalmente distintas, de que el ceremonial era, en sus intenciones y efectos, el mismo. Y mi sospecha de que, en el trato con Jesucristo, se trataba de lo mismo que un año o que medio antes sólo con Adolf Hitler se vio pronto confirmada. Si examinamos los cánticos y los coros que se cantan a fin de glorificar y honrar a alguna de las llamadas personalidades extraordinarias, sea la que fuere, como las cantábamos en la época nazi y como los cantamos después de la época nazi en el internado, tendremos que reconocer que son siempre los mismos textos, si bien con palabras algo diferentes, pero son siempre los mismos textos con la misma música siempre y, en conjunto, todos esos cánticos y coros no son más que la expresión de la tontería y de la vileza y de la falta de carácter de los que cantan esos cánticos y coros con esos textos, es siempre sólo el aturdimiento el que canta esos cantos y coros, y ese aturdimiento es un aturdimiento general, mundial.

Y los crímenes de educación, tal como se cometen por todas partes, en todo el mundo, en los establecimientos de enseñanza, con los que deben ser educados, se cometen siempre en nombre de algunas de esas personalidades extraordinarias, ya se llame esa personalidad extraordinaria Hitler o Jesús y así sucesivamente. En nombre del cantado, del glorificado, se producen esos crímenes capitales contra los adolescentes, y una y otra vez habrá esas personalidades extraordinarias cantadas y glorificadas, cualquiera que sea su naturaleza, y esos crímenes capitales de educación cometidos contra la humanidad adolescente, educación que, sean cuales fueren sus consecuencias, sólo puede ser siempre, por naturaleza, un crimen capital. Así, en el internado y en esa, como se denomina a Salzburgo con clarividencia, “Roma alemana”, fuimos primero educados para nuestra perdición y, día tras día, para la muerte en nombre de Adolf Hitler, y luego, después de la guerra, en nombre de Jesucristo, y el Nacionalsocialismo tuvo en todos esos jóvenes el mismo efecto devastador que ahora el Catolicismo.”

Thomas Bernhard (El origen)

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