lunes, 14 de marzo de 2011

Carol Ann Duffy

Tres poemas raudos

1 Mi trago favorito
fue en The Red Dragon
en Penderyn
cerca de Hirwaun
en el centro de Glamorgan
donde ordené
dos medias pintas
de Dark Brains
y me las llevé afuera
para beberlas en la hierba
sola
mientras una tremenda luna adamascada
sobresalía en el cielo.
Recordándolo
con palabras casi iguales a éstas,
de hecho me considero afortunada;
tanto como me siento
porque aún me amas
y el final de nuestra relación
está todavía a varios años de distancia.
Salud.



2 Cómo

Por qué no me paro y le cuento
al resto de la clase
cómo he arruinado mi vida;
cómo mi matrimonio
aullaba como un perro
encadenado,
cómo lo dejé demasiado tarde
para perdonarles,
a mi madre,
a mi padre,
sólo humanos,
humanos como eran,
la hemorragia de los años;
cómo me atrofié
en un empleo,
viajando a casa
en el tren con parada en todas las estaciones,
una mujer que nunca encontró
su ciudad o pueblo,
su lugar particular;
cómo compré un apartamento
en una casa grande y vieja
y regaba mis plantas de interior,
cómo uso un anillo
con una fría piedra azul
como un ojo inglés,
y cómo,
para ganarme la aprobación de Helen Maguire,
la bella y malvada Helen Maguire,
que no era tan lista como yo,
me arrodillé a sus pies
en el recreo
y lamí como me dijo que hiciera
el polvo
de sus zapatos escolares marrones,
el polvo de sus zapatos.




3 El clima perdido
Como se siente un astronauta
que fue a la luna
si por casualidad alza los ojos
una noche, solo,
para ver la asombrosa luz de su pasado
donde dio
su primer pequeño paso
para un hombre.

Esta noche, sola,
en la punta de mi lengua
el sabor de un copo de nieve
se niega a devolverme
el clima perdido, los dibujos
que mi madre hacía
ante mis ojos
en la bella hiriente luz de la nieve.


Carol Ann Duffy

Traducción de Mirta Rosenberg y Lorea Canales

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