martes, 15 de marzo de 2011

Charles Simic


Una carta

Queridos filósofos, pensar me entristece.
¿Os ocurre a vosotros lo mismo?
Justo cuando voy a hincarle el diente al noúmeno
alguna antigua novia viene a distraerme.
“¡Si ni siquiera está viva!”, clamo al cielo.

La luz invernal me señaló el camino.
Vi camas cubiertas con las mismas sábanas grises.
Vi hombres adustos sosteniendo a una mujer desnuda
mientras la rociaban con agua fría.
¿Se trataba de una cura para sus nervios o de un castigo?

Fui a visitar a mi amigo Bob, quien me dijo:
“Encontramos la realidad al superar la seducción de las imágenes”.
Estaba exultante de alegría, hasta que me di cuenta
de que nunca me sería posible tal abstinencia.
Me sorprendí mirando por la ventana.

El padre de Bob sacaba a pasear al perro.
Se movía con dificultad; el perro tenía que esperarle.
No había nadie en el parque,
sólo árboles desnudos con infinidad de formas trágicas
que hacían pensar con dificultad.

Charles Simic

traducción de Martín López-Vega

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