sábado, 16 de abril de 2011

F. Pessoa


Trapo

El día, al fin, se hizo lluvioso.
La mañana, con todo, fue bastante azul.
El día, al fin, se hizo lluvioso.
Desde la mañana yo estaba un poco triste.

¿Anticipación? ¿Tristeza? ¿Nada?
No sé: ya al despertarme estaba triste.

El día, al fin, se hizo lluvioso.
Lo sé: la penumbra de la lluvia es elegante.
Lo sé: el sol oprime, por ser tan ordinario, a un elegante.
Lo sé: ser susceptible a los cambios de luz no es elegante.
Más, ¿quién ha dicho al sol o a los otros que yo quiero ser elegante?
Dadme el cielo azul y el sol visible,
que nieblas, oscuridades, lluvias, ya las tengo en mí.

Hoy sólo quiero sosiego.
¡No exageremos!
Tengo efectivamente sueño, sin explicación.
El día, al fin, se hizo lluvioso.

¿Mimos? ¿Afectos? Son memoria…
Niño hay que ser para tenerlos…
¡Mi amanecer perdido, mi cielo azul verdadero!
El día, al fin, se hizo lluvioso.

Bonita boca, la de la hija del casero,
pulpa de fruta de un corazón por comer…
¿Cuándo fue eso? No sé…
En el azul de la mañana…

El día, al fin, se hizo lluvioso.

Fernando Pessoa

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