lunes, 4 de abril de 2011

Mercedes Cebrián / Dos poemas


El pueblo pide

El pueblo pide cursos de alfarería,
libros a todo color
sobre el Egipto faraónico.

El pueblo –luego vemos qué es “pueblo”-
prefiere jeroglíficos del Imperio Nuevo
a videoarte de imágenes borrosas.

Aquí va mi polémica definición
de pueblo: aquel cuyo abono mensual
se atasca con frecuencia en el torniquete
del metro
y esto le obliga
a chasquear la lengua.
Pero, me dirán muchos, abono mensual atascado
no implica desinterés hacia Rimbaud
(Y aquí surge la duda de si pantalla plana de casi seis mil euros
muestra mayor o menor
afecto hacia Alban Berg que radio sólo AM y ni siquiera estéreo)

Yo veo al pueblo acudir a exposiciones,
se le hinchan las piernas del calor pero aun así hace cola,
se abanica ayudado por revistas carnosas
que le entintan las manos

(El “Tractatus” no entinta. O mejor: ¿Cuántas veces ha de leerse el “Tractatus”
para dejar un amago de huella
en nuestros dedos?)

Dejadme visitar la tienda del museo
con vosotros, envidio esa dosis de ilusión
ante los posavasos en forma de reloj
blando
que veo en vuestras caras.



Hablemos con el clero

¿Nunca os habéis sentado a charlar con el clero?
¿Nunca habéis compartido un rato minucioso con los sucesores de Pedro?
Os insto a abrir la cremallera de su estuchito de pasiones,
a prestar atención a su breve abanico emocional
(tristeza diminuta, somnolencia, pereza).

No los verás eufóricos, lascivos o coléricos, pero sí
alegres ante las maravillas que el Señor ha creado.
Ellos también son contemporáneos,
llevan una tira
de plástico en el cuello
(materiales postconciliares, derivados del petróleo).

Os garantizo que se aprende con ellos: te hablan
de la Europa del Barroco, de arte sacro, de Tiépolo,
de Giotto,
de Fra Filippo Lippi.
Conocen el apellido griego de Doménico,
de todos los Doménicos, en serio:
Theotokópulos
Scarlatti
Ghirlandaio.

Te vuelven incorpóreo, te limitan a ser
conversación.
No rechaces el espacio de niñez permanente
que te ofrecen.
Son maestros en el arte de sortear excesos
(y a mí a veces me gusta
Que me mantengan en un área carente de impulsos y apetitos):
Sin peligros,
sin ruidos.
Con el catálogo de obras de misericordia
abierto al mismo tiempo por todos los capítulos.

Mercedes Cebrián  (El malestar al alcance de todos)

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