martes, 19 de abril de 2011

Sebald sobre Handke


(Pasajes sobre) BAJO EL ESPEJO DEL AGUA
El relato de Peter Handke del miedo del portero.


(…) Handke, cuya exactitud analítica se sabe tributaria de la tradición austríaca del escepticismo hacia el lenguaje y, especialmente, de Wittgenstein, demuestra, mediante la desintegración “patológica” de la capacidad de hablar de su personaje, que la dimensión del lenguaje nunca puede sobrepasar la realidad, sino siempre, únicamente, rodearla. Por ello, cuando la realización verbal no hace más que duplicar aquello de lo que se trata, la visión patológica que lo anota todo de forma continua, aunque sólo sea mentalmente, es, como aclaran los pasajes que siguen, la forma más precisa de percibir y, como tal, algo de lo que dependemos para la transcripción literaria del mundo.
“Vio cómo dos campesinos se daban la mano en la puerta de una tienda; tenían las manos tan ásperas que oía cómo raspaban al contacto. En la carretera asfaltada había huellas embarradas de tractores que venían de los caminos vecinales. Vio que una mujer anciana estaba inclinada delante de un escaparate con el dedo en los labios. Los aparcamientos delante de las tiendas se iban quedando vacíos; los últimos clientes entraban ya por la puerta trasera. “La espuma” “se resbalaba hacia abajo” “por los escalones de la puerta cochera”. “Detrás” “de la luna de los escaparates” “había” “colchones de plumas”. Metían de nuevo las pizarras negras de los precios en el interior de las tiendas. “Los pollos” “picoteaban” “las uvas caídas por el suelo”. Los pavos se acurrucaban pesadamente en las jaulas de alambre de los huertos de frutas. Las estudiantes de magisterio salían por la puerta con las manos apoyadas en las caderas. En la oscura tienda, el comerciante estaba en silencio detrás del peso. “Encima del mostrador” “había” “trocitos de levadura”.”
La mirada que anota, que trata de verificar en la realidad y en cada uno de sus componentes lo que el lenguaje le permite saber, conduce, como muestran sin más las frases citadas, a una especie de recapitulación evocadora. La tautológica relación entre lenguaje y realidad, de la que tanta conciencia tiene quien habla para sí, revela que esa persona no posee en las cosas que la rodean más que el eco de sus propias ficciones.
Del grado de comprensión de ese dilema depende quizá si el discurso se extingue en un murmullo autista consigo mismo o pasa a la metaficción de un texto literario. (…)


La sintomatología de la alienación, que Handke desarrolla en su historia del miedo del portero, se ocupa sobre todo, más allá de la falta de fiabilidad de la realidad reflejada en el lenguaje, de la experiencia sensorial de una existencia cortada de su contexto social. La resonancia del espacio vacío donde el individuo aislado se imagina expuesto amplifica aún más los ruidos que registra una sensibilidad exacerbada al máximo. El oído de Bloch es tan sensible que “durante un buen rato le pareció que en la mesa de al lado no ponían las cartas tranquilamente sobre la mesa, sino que hacían un ruido terrible, y detrás de la barra no dejaban caer la bayeta en el fregadero, sino que la arrojaban con fuerza y se oía una especie de ¡bum!; y la hija de la posadera, que llevaba unos zuecos de madera, no caminaba normalmente sino que hacía un ruido trepidante; el vino no caía en los vasos, sino que hacía gárgaras y de la máquina tocadiscos no salía música, sino truenos”. El fenómeno de la alucinación, que para la comprensión normal parece el síntoma más inexplicable de los estados patológicos, se hace comprensible por las reacciones desproporcionadas de una sensibilidad extrema. (…)



La otra cara es la lección que el carabinero le da en la técnica de vigilancia, indispensable para su profesión.
“Cuando se enfrenta uno a alguien… es importante mirar al otro a los ojos. Antes de que eche a correr, sus ojos indican la dirección en que lo hará. Pero al mismo tiempo hay que observar también sus piernas. ¿En qué pierna se apoya? Se echará a correr en la dirección que señala la pierna en que se apoya. En el caso de que el otro quiera engañarte y no vaya a echarse a correr en esa dirección, tendrá que cambiar la pierna de apoyo justamente antes de echarse a correr, y en esta operación perderá tanto tiempo, que mientras tanto se le puede echar uno encima.”  (…)


Las fotografías que el sujeto que sabe su existencia amenazada se ve obligado a hacer ininterrumpidamente de los objetos y sucesos de su entorno, tienen, con independencia de su especial función de seguridad para el individuo perturbado, la significación más amplia de que también el registro artístico de la realidad “vida” sólo puede realizarse en la bidimensionalidad de la imagen o del texto.  (…)
La historia de una alineación que presenta el relato de Handke es en definitiva idéntica a la búsqueda silenciosa y articulada por el autor de la destrucción de la infancia de que se trata. La efímera fama de Bloch como portero, que quizá lo ayudó durante cierto tiempo a superar la dificultad del recuerdo, sería entonces una paráfrasis de la fama literaria de Peter Handke. (…)


W. G. Sebald  (Pútrida patria)

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