viernes, 6 de mayo de 2011

Quevedo





Si el abismo, en diluvios desatado,
 hubiera todo el fuego consumido,
 el que enjuga mis venas, mantenido
de mi sangre, le hubiera restaurado.

Si el día, por Faetón descaminado,
 hubiera todo el mar y aguas bebido,
 con el piadoso llanto que he vertido,
 las hubieran mis ojos renovado.

Si las legiones todas de los vientos
guardar Ulises en prisión pudiera,
 mis suspiros sin fin otros formaran.
 
Si del infierno todos los tormentos,
 con su música Orfeo suspendiera,
 otros mis penas nuevos inventaran.

Francisco de Quevedo

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