miércoles, 29 de junio de 2011

Antonio López "en bonito"



Lamentablemente, pienso yo, Antonio López ya no es el pintor que nos descubría, a los más cegatos, aquellas “cosas que también vivían en la realidad” (en la nuestra y en la suya) y que la gente común no veíamos, no percibíamos, no sospechábamos siquiera la existencia de esos “elementos” que él nos mostraba y enfatizaba en sus obras. Cada obra de Antonio López era una revelación, una cierta epifanía. Sus obras “enriquecían y ampliaban” nuestra mirada y nos mostraban con una mezcla de humildad y firmeza la inagotable “riqueza” de eso que los “modernitos de turno” llaman despectivamente “la tosca realidad”, “la chata realidad”, “la pobre realidad”...



En esta muestra del Thyssen, la obra nueva, lamentablemente, “canta”, como cuando el guardameta pierde “el sitio” y se despendola sin brújula por el pasto y la grada amiga le grita ¡¿pero adónde vas?!
Antonio López había pintado, por ejemplo, la Gran Vía dos veces, una de las versiones más famosa y otra menos. Dos pinturas magníficas. Aquellos que tenemos la suerte de vivir en Madrid y podemos situarnos en el punto “físico” exacto donde él clavó el caballete, podemos “descubrir” fácilmente que la mirada de Antonio “ve más”, ve más allá, ve más acá y, descartando, minimizando y maximizando “componentes reales”, nos muestra “su manera de ver, sentir y pintar la realidad”, su manera de mentir con el dibujo, la pintura y la escultura para “fijar” su versión de la verdad.
Pues bien, ha abandonado (o le ha) la calma, la paciencia, la pausa, la lentitud, la acera y el asfalto y se ha elevado al cuarto piso y tiene empezados media docena de vistas nuevas de la Gran Vía madrileña. Y las ha colgado en la muestra, y resultan, en el estado en el que están, mediocres, amaneradas, “bonitas” y penosas…qué lejos de aquella formidable vista (afortunadamente en la sala de al lado) de la Avenida de América sobre la que Juan Carlos Onetti dijo: “Antonio López ha pintado mi ventana, la ventana por la que mira el “tumbao”, sin sospecharlo…”
El pintor que no tenía prisa, que se obsesionaba con una determinada luz hasta extremos casi patológicos, que un día abría la nevera de su casa y se quedaba pasmado con el efecto luminoso de la bombillita de tungsteno sobre el medio pollo crudo en el plato de “duralex” y abismado en esa visión le decía a María Moreno que fuese comprando otra nevera porque aquella había que pintarla, imperativamente, tal cual…ese artista que siempre estaba en continua evolución, que nunca cayó en la tentación de fabricarse un “tampón” y echarse a dormir, ese que jamás aceptó los caminos trillados…se nos ha puesto a pintar postalitas y a realizar macroesculturas que no tienen dentro ni un gramo de vida. Así lo veo y lo siento, en su doble acepción.



Para mí Antonio López es, sin duda, un genio, un artista al que debo muchas “visiones”, experiencias y momentos placenteros y constantes estímulos para pintar y dibujar, (creo que una de las películas que más veces he visionado es precisamente “El sol del membrillo” de Víctor Erice, la obra de dos genios y la extraordinaria aportación del añorado Enrique Gran) y además es una persona, he tenido el privilegio de comprobarlo,  de trato asequible y una sencillez y humildad extraordinarias ( he coincidido con él, y con su inagotable curiosidad y deseo de conocer, en numerosas ocasiones en museos, El Prado, La Academia de San Fernando, el Thyssen y exposiciones en modestas galerías e incluso en una ocasión en una muestra de Frida Kahlo en la que estaba acompañado por su mujer María Moreno – una magnífica pintora de la “luz”- me permití pedirle el favor, que aceptó amablemente, de que me firmara una copia en papel de su famosa vista de la Gran Vía que compré, en el mismo momento, en una tienda cercana a la galería), en fin que mi admiración, y mi aprecio, por él viene de lejos y no conoce límites, quizá por ello me ha entristecido tanto ver colgadas estas últimas obras (baratijas) que en mi opinión perjudican seriamente la, por otra parte, altísima calidad de la exposición.
Una última y folclórica pincelada: Unos seis visitantes delante de una pintura que representa un frigorífico abierto. La mamá se aproxima a la cartela: “Cari, el cuadro es propiedad de Florentino Pérez”. Otro miembro del grupo: “Las empanadillas, se ve muy claro,  son de La cocinera, lo pinta todo perfecto.
Bien mirado esto también forma parte de la inextricable realidad…manquepierda.

ELOTRO  

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