domingo, 12 de junio de 2011

Claudio Magris


No es casualidad que la literatura y la cultura alemanas, en buena parte, hayan sido descubiertas y transmitidas a Italia desde Turín. La literatura alemana, con su simbiosis de poesía y filosofía, se ha planteado las cuestiones más radicales sobre el destino del individuo en la modernidad, sobre la posibilidad o imposibilidad de realizarse plenamente a sí mismo insertándose en un engranaje social cada vez más complejo y despersonalizado, capaz de encajarlo concretamente en la historia o de triturarlo, espejismo de salvación y espectro de Medusa. La literatura alemana ha captado como ninguna otra el carácter epocal de la modernidad, su radical transformación del hombre y del mundo y lo que eso significa para el camino a la Tierra Prometida o para la disolución de su vista, para la búsqueda y para el exilio de la verdadera vida. Turín –“la ciudad moderna de la península”, según Gramsci- ha sido un corazón de esa modernidad y ha creado una cultura arraigada en la política pero no subordinada a ella.
Esa cultura veía su propio destino ligado, para bien y para mal, a la nueva realidad industrial y a aquel proletariado –el proletariado de Turín, Detroit o Leningrado italiana- que a través de la realidad industrial y sus luchas tenía que convertirse, en la perspectiva de Gramsci pero también en la de Gobetti, en la clase general portadora de universalidad.
Ser germanistas en Turín significaba vérselas con la modernidad entendida como destino, con aquella Alemania que había sido la cuna del marxismo y el escenario histórico e ideológico de la fuerza y de la debilidad de su utopía. El sueño de un Marx que lee a Hölderlin –como decía Thomas Mann- es decir la conciliación entre prosa del mundo, liberada de la alienación, y poesía del corazón, es un gozne sobre el que gira la literatura alemana moderna y ese sueño fue vivido a fondo por la cultura turinesa.
(…)
El presente, es verdad, parece haber derrotado las esperanzas gobettianas y slataperianas de verdadera vida que habíamos concebido. Utopías que caen, puertas del Edén que se cierran por doquier a nuestras espaldas, cada vez más, por todas partes; tantos Adanes y Evas que no hacen más que comer manzanas equivocadas y ser expulsados de paraísos terrestres o incluso tan sólo de lugares decentes.

Claudio Magris  (Microcosmos)

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