lunes, 27 de junio de 2011

En Grand Central Station...




“En mi cama me invade la selva; me veo infestada por una horda de deseos: una paloma me picotea el corazón, un gato hurga en la cueva de mi sexo y en mi cabeza ladra una jauría, bajo el látigo de un cazador que ordena a gritos destrucción y estragos, mientras las horas acumulan torturas para poner mi resistencia a prueba.”

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“Esto es Hoy. Esta es la meta que perseguían todos los pies, a la que todos los caminos pugnaban por llevar. ¿Cuáles son los problemas del mundo, sus pesares, sus errores? Me siento tan perpleja, tan ignorante, tan desconcertada como el día en que di álgebra por primera vez.”




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“Recuerda que aunque la embriaguez inicial desaparece, sin embargo esas cosas, en ese momento, te conmovieron hasta hacerte llorar, y convirtieron una simple mirada por la ventanilla del vagón restaurante en una plenitud insoportable.”

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“De modo que esta noche meteremos en un nido el mundo entero con todo su desorden, y colgará balanceándose confortablemente como si estuviera tan lejos y tan olvidado por la historia como el derecho de los piles rojas a ser libres.”




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“Hay quien ama a Lucifer porque perdió su batalla contra Dios. Algo de razón tenía el diablo, y quizá algo olía a podrido en el Cielo por entonces. No creas que no he visto colas cortadas de ardillas, que abandonaron sobre un tronco para salvar la vida, y patas de conejo roídas en trampas, enmarañadas con el acero”.

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“Recuerda: yo no soy el desahogo, sino la meta.”


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“Las bombas son más grandes, pero los cerebros humanos que las bombas revientan son del mismo tamaño. Las caras destrozadas en las ciudades costeras inglesas son las que un día besamos; las manos que alguien barre junto con los escombros son las que un día estrechamos…”

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“La filosofía, como los líquenes, necesita siglos para desarrollarse, y el Manual de Instrucciones la ignora sistemáticamente. Si no lo puedes soportar, vete con viento fresco.
Yo no lo soporto, de modo que me quedo echada en la cama del hotel, descomponiéndome en elementos químicos cuyos avatares prolongará el tiempo hasta que el tiempo mismo se extinga, sin que esos pocos años en que los mantuve juntos, componiendo una pasión humana, dejen la menor huella”.


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“Todos me irritan: no vienen a cuento. Las personas, las cosas, no me afectan; las odio si me llevan la contraria o retrasan mi desmoronamiento. La naturaleza se reduce al fastidioso clima, y las flores a toscos recordatorios de la podredumbre.”

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“Soy más vulnerable que la princesa a la que siete colchones no consiguieron disimular el guisante. El obstáculo que el amor no puede vencer no son las certezas, sino las dudas, las dudas terribles: un Vesubio en mi estómago, la duda aporta suficientes indicios para que yo misma descifre el acertijo, y el acertijo dice: estás perdida.”


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“¿Estás en un apuro, verdad, guapa? Te has metido en un buen lío, a que sí.
Oh, no, gracias, estoy bien, estupendamente. Algún mal entendido con el banco, nada más.
Si me quieres contar algo, puedes confiar en mí, ¿sabes? Sé lo que es la vida, mi marido y yo, sabemos lo que es la vida.
No, no, muchísimas gracias, estoy muy bien.
No es que quiera meterme en lo que no me importa, pero fue un poco raro, la verdad, la manera en que llegaste y todo eso. Ya sabes cómo es la gente de chismosa, y además pareces una cría.
No, qué va, soy mayor, tengo veintitrés años.
¡De veras! Nunca lo hubiera dicho. Yo tengo treinta y cinco. Tengo un dormitorio amueblado y tapetes de encaje y un revistero de caoba: apuntamos alto, mi marido y yo.”

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“Pero los bares abiertos toda la noche están demasiado acostumbrados a esos desechos humanos que beben café para entrar en calor antes de tirarse al río. En el cuero que recubre las mesas, la sangre nunca se seca del todo. Son mesas que invitan a redactar notas de despedida: Adiós a todos. No puedo más.




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“El revisor del autobús echa mostaza en su bocadillo de jamón, de pie, para comérselo deprisa y corriendo entre dos viajes. Ha llegado y se ha marchado mientras yo plantaba tres cruces en mi tumba. ¿Y cuándo tiene tiempo para el amor, digo yo?
Supongo que estará hecho un paquetito en su estómago lo mismo que el bocadillo de jamón.
-Si dispone de poco tiempo, pruebe Tums contra la indigestión. Tums, la divisa de los que tienen prisa.-
Puntual como su taladradora, el revisor entra y sale de la cueva de la revelación. Tiene un ojo lleno del polvo de la calle y el otro en el reloj. Mujer, abre las piernas, que tengo que fichar dentro de cinco minutos.”

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“Jovencitas enamoradas, sed putas, duele menos.”




De "En Grand Central Station me senté y lloré"  /  Elizabeth Smart




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