martes, 21 de junio de 2011

Ferdydurke / Gombrowicz



“Qué lindos, qué románticos y clásicos son esos asesinatos, violaciones, vaciamientos de ojos, que abundan en la prosa y la poesía; el ajo con chocolate, esto sí que es terrible, no los magníficos y atrayentes crímenes en Shakespeare. No, no me hablen de esos vuestros sufrimientos rimados, mimados, que nunca ofenden el buen gusto y que nos tragamos fácilmente como unas ostras, no me hablen de los bombones de la infamia, del budín de la atrocidad, las pastitas de la miseria, los dulces del dolor y golosinas de la desesperación. ¿Y por qué una autora que pone su dedo heroico en las más sangrientas heridas sociales, describiendo sin temor la muerte por hambre de una familia obrera, compuesta de seis o de diez personas, por qué, pregunto, ella nunca se atrevería a hurgarse el oído en público con el mismo dedo? Porque esto sería mucho más terrible. La muerte por hambre o, durante la guerra, la muerte de un millón de hombres, es algo que se puede tragar y aun con gusto, pero existen siempre en el mundo combinaciones incomibles, vomitables, malas, inarmónicas, repugnantes y repulsivas, ¡ay, diabólicas!, que no aguanta la sensibilidad humana. Y sin embargo nuestro primer deber es gustar a los demás, debemos gustar, gustar…”

Witold Gombrowicz  (Ferdydurke)

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