miércoles, 22 de junio de 2011

Sebald / Los anillos de Saturno



Las primeras noticias acerca del tipo y la magnitud de los crímenes cometidos en el curso de la civilización del Congo contra la población autóctona llegaron a hacerse públicas en 1903 gracias a Roger Casement, quien entonces ocupaba el cargo de cónsul británico en Boma. Casement –del que Korzenoiwski había expresado una vez, delante de un conocido londinense, que podía contar cosas que él, Korzenoiwski, intentaba olvidar desde hacía tiempo-, en un memorándum presentado a Lord Lansdowne, de Foreing Secretary, hizo un informe pormenorizado relativo a una explotación de los negros que no era atenuada por ningún tipo de miramiento, obligados a trabajar sin remuneración en todas las obras de la colonia, alimentados únicamente con lo imprescindible, con frecuencia encadenados los unos a los otros, a un ritmo establecido desde el amanecer hasta la caída del sol y, a fin de cuentas, hasta caer literalmente desplomados. Ante los ojos de quién navegue por la parte superior del Congo, río arriba, y no esté cegado por la avaricia de dinero, escribe Casement, se revela la agonía de un pueblo entero en todos sus pormenores, que desgarran el corazón y dejan sumidas en las sombras las escenas bíblicas del sufrimiento. Casement no dejó ninguna duda de que, cada año, los vigilantes blancos empujaban a la muerte a cientos de miles de esclavos, y de que mutilaciones, cortar manos y pies, y ejecuciones con revólver eran las medidas represivas practicadas a diario en el Congo para el mantenimiento de la disciplina. Una conversación privada, para la que el rey Leopoldo había hecho ir a Casement a Bruselas, debía servir para relajar el tenso ambiente que su intervención había creado, mejor dicho, debía servir para valorar el peligro que las actividades revolucionarias de Casement entrañaban para los negocios coloniales belgas. Leopoldo aseveró que consideraba el rendimiento laboral de los negros como un equivalente a los impuestos absolutamente legítimo, y si en ocasiones, ya que no quería negar que fuese cierto, se llegaba a abusos inquietantes por parte del personal blanco de vigilancia, había que atribuirlo al hecho deplorable, si bien apenas corregible, de que el clima del Congo provocaba una especie de demencia en las cabezas de algunos blancos que lamentablemente no siempre era posible prevenir a tiempo. Como a Casament no se le podía persuadir con tales argumentos, Leopoldo se valió del privilegio de la influencia real en Londres, lo que tuvo como consecuencia que, con dualidad diplomática, el informe de Casement fuese, por una parte, alabado como ejemplar y se concediera a su autor el título de Commander of the Order of Saint Michael and Saint George, y sin embargo, por otra, no se adoptara ninguna medida que pudiese menoscabar la salvaguardia de los intereses belgas. Cuando Casement, algunos años más tarde –probablemente con la secreta intención de alejar de forma provisoria su molesta persona-, fue enviado a Sudamérica, descubrió allí, en las zonas selváticas de Perú, Colombia y Brasil, condiciones que en muchos aspectos se asemejaban a aquellas del Congo, sólo que no eran sociedades mercantiles belgas las que estaban operando aquí, sino la Amazon Company, cuya administración central tenía su sede en la City londinense. También en Sudamérica se exterminaron en aquel tiempo tribus enteras y regiones enteras quedaron reducidas a cenizas.

W.G. Sebald  (Los anillos de Saturno)

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