jueves, 21 de julio de 2011

Microrrelatos y recetas



“MATRIOSKAS”

El grumete toca la bocina del acorazado Potemkin cuando está a punto de llegar al otro lado del plato. El buque casi choca contra un fideo, pero una cucharada baja el nivel de la sopa y el navío sortea el obstáculo. En la orilla asoman el cimborrio de una catedral gótica, las escaleras de Odesa y un rascacielos soviético. En el piso cuarenta, Sergéi Eisenstein, pensativo, saca el barco de papel del plato y continúa escribiendo el guión de la película.

Manuel Espada



EL HOMBRE ELEFANTE. Me corté una oreja y salí de casa. En el ascensor mi vecino me preguntó qué había ocurrido. Le dije que fue un accidente, esquiando. Al tipo del quiosco le expliqué lo del atraco y la navaja. Luego, en la cafetería, el camarero insistió. Se me cayó, respondí sin más. En la oficina confesé que sufría un tumor. Funcionó. Hasta ella se acercó y me besó en la mejilla. Unos días después todo volvió a ser como antes. Ayer me corté la otra.
AGUSTÍN MARTÍNEZ 



CADA PIEZA EN SU SITIO. Pues sí, como te decía, rechacé a catorce antes de encontrarte a ti. No sé qué hay de raro en mi anuncio: Universitaria, 24, busca chico aficionado al té para compartir ceremoniales. Cafeteros abstenerse. Por fin, por fin: aquí están el tatami, la tetera metálica, el cuenco lacado, el agitador de bambú, el kimono... pero , hombre, no, ¿Qué haces? ¿Cómo se te ocurre sacar justo ahora la caja de sobaos pasiegos?
Mercedes Cebrián



TEORIA GENERAL DEL MICRORRELATO. Que la metonimia, que la organización epifrásica, que el epíteto, que la condensación flagrante, que el chispazo sardónico, que el calambur, que las categorías, que la ironía fatua, que Barthes, que Bajtin, que el adagio, que el palimpsesto, que el desapego programático, que la paráfrasis, que las cabriolas hermenéuticas, que la parodia, que los signos de época, sepulten, ¡ya!, mi angustia en la autoconciencia.
Seba Menegaz 



AUDIOMETRÍA SENTIMENTAL. Cada vez que lo comento mi mujer dice que si yo me pegase un tiro, lo sentiría. Me apacigua saber a través de ese subterfugio que no está sorda.
Verónica Segoviano


 

Algunas pautas (quizá inservibles) para escribir relatos


1. Escribe mal, feo, sin gusto, con frases manidas, y después corrige, corrige, corrige, corrige.
2. Conviértete en un técnico de sonido y prueba meticulosamente la voz narrativa que emplearás en el relato. Bajale los graves, súbele los agudos, quítale el efecto reverb… no pares hasta que la emisión y la acústica sean impecables.
3. No difieras mucho de quienes se preparan oposiciones a profesor de secundaria. Olvida ya mismo los tópicos que convierten a los escritores en gente «interesante». Nada de «mientras paseo por Brooklyn voy tomando notas en mi Moleskine» o «sólo puedo escribir en mi cabaña del Ampurdán»: siéntate en una silla fea de oficina, ponte ante el ordenador o los folios, y escribe, lee, corrige, piensa… En definitiva: trabaja.
4. No escribas acerca de lugares y épocas que sólo conoces por encima: la sensación de cartón-piedra y disfraz alquilado será, mal que te pese, evidente.
5. Fíate de los traductores de otros idiomas, pero lee bastante literatura escrita originalmente en tu lengua, para ver qué hacen o hicieron otros; para ver cuán elástica o rígida es tu lengua y cuáles sus posibilidades.
6. Hazle un descomunal corte de mangas a las modas literarias, a los temas que se supone deben interesarte por la franja de edad a la que perteneces, al tipo de lector que crees que va con tu estilo. Si tu escritura coincide con el Zeitgeist, mira qué bien. Si no, mejor aun.
7. Busca los detalles radiactivos, morbosos, vergonzantes e incómodos de tu vida diaria: ahí está el hilito del que tirar para escribir relatos o cualquier texto que se precie.
8. Si eres de ciudad, no te eternices describiendo paisajes e inclemencias climáticas: la evolución de las diversas tonalidades del cielo a lo largo de ocho minutos no es lo más interesante en que uno puede fijarse, me parece. Además, ¿realmente puedes ver el cielo con tanta claridad en un barrio lleno de bloques de ladrillo y antenas parabólicas?

Mercedes Cebrián

Fuente: Eñe

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