domingo, 17 de julio de 2011

Piglia / fragmentos




“No había nada que llamara la atención. Salvo un billete de cincuenta dólares tirado en el piso en un costado.
Raro. Un billete nuevo. Croce lo guardó en un sobre transparente con las otras evidencias. Miró la fecha de emisión. Billete. Serie 1970.
-¿Y de quién es?
-De cualquiera – dijo Croce. Miró el billete de un lado y del otro como si buscara identificar al que se le había caído. ¿Sin querer? Pagaron algo y se les cayó. Quizá. Vio en el billete la cara del general Grant: the butcher, el borracho, un héroe, un criminal, inventó la táctica de la tierra arrasada, iba con el ejército del Norte y quemaba las ciudades, los sembrados, sólo entraba en batalla cuando tenía una superioridad de cinco a uno, después fusilaba a todos los prisioneros-. Ulysses Grant, el carnicero: mira dónde terminó, en un billete tirado en el piso de un hotelito de morondanga. “




“Todos toman droga en estos pueblos de campo, aquí en la pampa de la provincia de Buenos Aires o en los campos de pastoreo y labranza de Palestina. Es imposible sobrevivir de otro modo en esta intemperie, dijo el seminarista, según Luca, y añadió que lo sabía porque eran verdades aprendidas en la confesión, a la larga todos confesaban que en el campo no se podía vivir sin consumir alguna poción mágica: hongos, alcanfor destilado, rapé, cannabis, cocaína, mate curado con ginebra, yagué, jarabe con codeína, seconal, opio, té de ortigas, laúdano, éter, heroína, picadura de tabaco negro con ruda, lo que se pudiera conseguir en las provincias. (…) ¿O no eran los boticarios las figuras clave de la vida rural? Una suerte de consultores generales de todas las dolencias, siempre dispuestos, a la noche por los zaguanes, a traficar con la leche de los árboles y los productos prohibidos.”

Ricardo Piglia  (Blanco nocturno)

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