martes, 26 de julio de 2011

Seamus Heaney / Norte




DUBLÍN VIKINGO: PRUEBAS

I

PODRÍA ser un hueso de mandíbula,
una costilla o un trozo
de un material más fuerte:
de cualquier modo, un fino trazo

fue grabado, una jaula
o enrejado donde hacer conjuros.
Como lengua de niño
que sigue los esfuerzos

de su caligrafía,
como una anguila inmersa
en un cesto de anguilas,
se asombra el trazo de sí mismo

esquivando la mano
que lo alimenta,
un pico en vuelo,
una nariz nadando.



II

Estas son pruebas,
el misterio del oficio
improvisado en hueso:
bestiarios y follaje

elaboradamente entrelazados
como redes viarias
de los ancestros y el comercio.
Que tienen que ser

magnificadas en la exhibición
de manera que la nariz
es una proa migrante
olfateando el Liffey,

pavoneándose hasta el vado,
disimulándose a sí misma
en peines de cuero, alfileres de hueso,
monedas, pesas, platillos de balanza.





III

Como una larga espada
envainada en sus húmedas
arcillas funerarias,
la quilla está varada

en el declive de la ribera,
su casco de tingladillo
vertebrado y plosivo
como Dublín.

Y ahora tenemos a mano
fragmentos de vértebras,
los nervios de las cuadernas,
el húmedo escondite,

y estas pruebas
grabadas por un niño,
un barco alargado, una boyante
línea migratoria.




IV

Que penetra mi escritura,
se vuelve cursiva, desatando
una estela zoomórfica,
un gusano de pensamiento

que sigo hasta el fango.
Soy Hamlet el danés,
el de la calavera, aquél de las parábolas,
el oledor de lo podrido

en el estado, infuso
con sus venenos,
maniatado por fantasmas
y afectos,

crímenes y piedades,
el que tomó conciencia
saltando entre las tumbas,
vacilando, desvariando.




V

Ven a volar conmigo,
ven a olfatear el viento
con la pericia
de los Vikingos-

en buena vecindad, teniendo en cuenta
a asesinos y brujas,
regateadores y usureros,
acaparadores de cicaterías y ganancias.

Con aplomo carnicero
ensancharon tus pulmones
y construyeron alas cálidas
para tus hombros.

Padres de antaño, quedaos con nosotros.
Viejos y astutos asesores
de feudos y de enclaves
para el bosque y la ciudad.



VI

“¿Oíste alguna vez”
dijo Jimmy Farrell
“hablar de aquellas calaveras que tienen
en la ciudad de Dublín?

Calaveras blancas y calaveras negras
y calaveras amarillas, y algunas
con los dientes completos y otras
con solamente uno”,

y compusieron la historia
en la sartén de “un viejo Danés,
quizá se ahogó,
en la Inundación”.

Mis palabras lamen
los muelles de adoquines, y van de caza
ligeras como sandalias
sobre el suelo sembrado de cráneos.

Seamus Heaney  (Norte)

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