miércoles, 31 de agosto de 2011

Boris Vian / La Espuma De Los Días



La Espuma De Los Días

Estaba asombrosamente lustroso…oscilaba entre casi y apunto… Ha cursado estudios de filosofía y no son cosas de las que guste envanecerse en una familia orgullosa de sus tradiciones…una apetitosa mezcolanza…entonces yo le dije “yo también”, y cada vez que yo le decía algo ella contestaba “yo también”…por debajo del amasijo humano se oía un chapoteo… desesperando de encontrar entre la montaña de víctimas otra cosa que pingajos sin interés de individualidades disociadas…Tenía brazos y pantorrillas llenitos, la cintura fina y un busto tan bien dibujado que parecía de foto… ciertas familiaridades solo son admisibles cuando se ha trabajado juntos de guardabarreras…se toma una salchicha, que se desollará por más que grite…Se va a hablar del compromiso. Se establece un paralelo entre el compromiso según las teorías de Jean-Sol Partre, el alistamiento o el reenganche en las tropas coloniales y el compromiso o la contratación a sueldo de las personas que los particulares llaman mozos…el forro de la manga izquierda está un poco desgarrado y yo no tengo cinta aislante…Bueno le pondré un clavo…¿Qué habrá que ver en esta calle?...se acordó entonces de que se marchaba y acabó marchándose…¿sabes que he encontrado una edición de La elección posible antes de la arcada de Partre, en papel higiénico no precortado?...Es bastante más agradable con la mano. Chloé enrojeció…En otro escaparate, un hombre gordo con delantal de carnicero degollaba niños pequeños. Se trataba de un escaparate de propaganda de la Beneficencia…Además, a la Beneficencia le sale gratis…Hueles a bosque, con un arroyo y conejitos…era tan buen chico que se veía cómo sus pensamientos azules y malva se agitaban en las venas de sus manos…A mí lo que me interesa no es la felicidad de todos los hombres, sino la de cada uno de ellos…Isis, sentada delante del espejo, abandonaba dócilmente la cabeza a las hábiles manipulaciones de Alise…mientras seguía con los ojos, con gran interés, el vuelo de un moscardón…se puso colorado, bajó la cabeza, pero alargó la mano…Cogió el dinero y se precipitó dentro de la tienda…Hubo un breve acorde disonante, porque el director de la orquesta, habiéndose acercado demasiado a la baranda, acababa de caer al vacío…colgado de la pared, se veía a Jesús sobre una gran cruz verde. Parecía feliz de haber sido invitado y lo miraba todo con interés…recibían apretones de manos e insultos que supuestamente habrían de atraerles la felicidad. Otros les daban consejos para pasar la noche; un vendedor ambulante les ofreció fotos instructivas…El Monapillo y el Vertiguero desvestían a los Niños de la Fe para colocar los trajes en su sitio, ocupándose éste último especialmente de las niñas…No les caemos bien –dijo Chloé- Vámonos de aquí…Es que ellos trabajan –dijo Colin…Pero eso no es una razón –dijo Chloé…Se les ha inculcado la idea de que trabajar es algo bueno…A un lado de la carretera soplaba viento y al otro no. Podía escogerse el que más gustase…Solo un árbol de cada dos daba sombra y solo en una de las cunetas había ranas…oían los jadeos de los veinticuatro espectadores que se habían colado hasta llegar debajo del estrado y que se estaban desnudando a tientas para ocupar menos sitio…Torcieron por la calle Sidney Bechet y ya habían llegado. Delante del portal, la portera se balanceaba en una mecedora mecánica, cuyo motor petardeaba con ritmo de polca. Era un ingenio viejo…Allí donde los ríos se arrojan al mar se forma una barrera difícil de franquear y grandes remolinos coronados de espuma donde bailan los restos de los náufragos…El doctor se puso en marcha pero en sentido contrario. Parecía poco dueño de sus movimientos…Cuente usted –dijo…Chloé empezó a contar…Así no hacemos nada –dijo el doctor-, después del veintiséis va el veintisiete…Levantó la máquina, oprimió el cárter inferior para hacerla mear y la colgó de un clavo…Caminaba mirándose los pies calzados de cuero marrón rojizo y se asombró al comprobar que un pie trataba de tirar de él hacia un lado y el otro en la dirección opuesta. Reflexionó algunos instantes, trazó mentalmente la bisectriz del ángulo y se lanzó a lo largo de esta línea…parece como si el mundo se achicara alrededor de uno…¿A qué se dedica usted en la vida? –preguntó el profesor. -Aprendo cosas –dijo Colin-. Y amo a Chloé… delante de cada máquina ventruda, se debatía un hombre que luchaba por no ser descuartizado por los ávidos engranajes…Cada obrero tenía fijado en el pie derecho un pesado grillete de hierro que no se abría más que dos veces al día…Yo tengo necesidad de dinero –dijo Colin…-Eso sucede con frecuencia –dijo el hombre-, pero el trabajo le vuelve a uno filósofo…después de todo, desde el punto de vista moral, ¿es recomendable pagar los impuestos que sirven para mantener a la policía y a los altos funcionarios? Es un círculo vicioso que hay que romper; que no pague nadie durante un tiempo suficientemente largo y los funcionarios morirán de consunción y ya no habrá más guerras…Partre pasa los días en una taberna, bebiendo y escribiendo, y sale y entra mucha gente y esto remueve las ideas del fondo y una u otra se pesca, no hay por qué desecar todo lo superfluo, se pone un poquito de ideas y un poquito de superfluo y se diluye…Bajo una viga de hierro retorcida percibió la deslumbrante melena rubia…Las llamas no habían podido devorarla porque era más brillante que ellas. Se la metió en el bolsillo de dentro y salió…Se puso a cantar en voz alta para acompañar la marcha y de repente se detuvo porque los ecos le devolvían palabras destrozadas y amenazadoras que cantaban una melodía diametralmente opuesta a la suya…Le enviaban una lista y él anunciaba las desgracias un día antes de que sucedieran…Sin cesar le echaban fuera, con golpes, gritos, lágrimas, insultos…le pagaban por ese trabajo…Buscó en la lista el nombre siguiente y vio que era el suyo…Arrojó entonces la gorra y marchó por la calle y su corazón era de plomo, porque sabía que, al día siguiente, Chloé moriría…Colin estaba postrado de rodillas. Tenía el rostro entre las manos. Las piedras hacían un ruido seco al caer, y el Vertiguero, el Monapillo y los dos mozos se cogieron de las manos y dieron una vuelta alrededor de la fosa; luego, de repente, se marcharon hacia el sendero y desaparecieron bailando la farandola…Llegaban, cantando, once niñas ciegas del orfanato de Julio el Apostólico.

Boris Vian   (La Espuma De Los Dias)

2 comentarios:

  1. No pude leer a Boris Vian, capáz más tarde vuelvo. Sólo quería decirte que es maravillosa la fotografía! Tampoco sé cuál es la extraña veneración que se apodera de mí cuando veo bañeras. Me encantan! Un saludo.

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  2. Hola Emma, me alegra que te guste la foto. No me parece tan extraña tu veneración por las bañeras. Yo también las venero si tienen ese tipo de bichito dentro… El cuadro de Utrillo le añade además espuma parisiense…fetiches para una novela de fetichistas…
    Un saludo.

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