domingo, 7 de agosto de 2011

Thomas Bernhard (2)





“Y luego me acuerdo de otra cosa, me concedieron una beca para estudiantes aventajados. Las publicaban en el Mozarteum, con los nombres, en una pizarra. Eran cinco mil chelines, en aquella época una suma enorme. Entonces vivía aún el viejo Paumgartner, presidente del Mozarteum. En aquella época yo escribía ya poemas para mí. Aparecieron ya poemas míos cuando estaba en uno de los seminarios. El libro se publicó ya entonces (Así en la Tierra como en el Infierno. 1957). Y todavía me acuerdo, beca para estudiantes aventajados, qué maravilloso, había que vestirse bien, porque los cinco mil chelines los entregaba en sobres blancos el propio residente, en su oficina, en la planta baja. Así pues, Bernhard, Thomas, pensé, qué maravilla, me puse pantalones y un jersey, no tenía aún chaqueta. Bueno, pues él los va repartiendo y se queda sin ningún sobre y yo sigo allí. Entonces me dice: “¿Y tú qué quieres?” Yo digo: “Bueno, no sé qué pasa, pero estoy en la pizarra.” Ay, era un error. Qué mala pasada, ¿no? Y él no supo ni hacer un chiste ni mostrarse amable. Me quedé allí como si me hubieran echado un cubo de agua por encima… le digo que son así de brutos. Se llaman gentes de cultura, les gusta dirigir serenatas y luego destrozan a uno. Me fui a casa y me quedé hecho polvo. Ese tipo de historias, y a la gente le importaba un rábano. Entonces, durante años, viví realmente sólo de gulasch, por eso estaba lleno de granos y tenía un aspecto horrible. Gulash y un panecillo negro, en realidad ésa era mi comida diaria, y por las mañanas me tomaba casi siempre unos litros de té, y por la noche no volvía a casa.”




“A la Bachmann la quería mucho, era una mujer muy inteligente. Una combinación extraña, ¿no? La mayoría de las veces las mujeres son tontas, pero aceptables y, llegado el caso, agradables; inteligentes también, pero raras veces.
Sí, ella vivió mucho y conoció muchas sociedades, de arriba abajo y de abajo arriba como yo, así se tiene cierta visión. Sólo se es siempre el producto final de lo que se ha hecho, experimentado y visto. Y cuanto más intensamente se ha mirado algo, tanto más se ha alejado uno, lógicamente. Ver más significa huir más lejos. Porque se vuelve cada vez más peligroso. Cuanto más clara se vuelve una cosa, tanto más espantosa resulta. Y no queda más que poner pies en polvorosa, importa un pimiento que sea literatura o las personas, la naturaleza incluso…así son las cosas.”




“El padre de la familia de ahí enfrente no me saluda, todavía hoy. Después de veinte años, nunca me ha saludado. Yo lo saludé durante los seis primeros meses, hasta que de pronto comprendí que no se puede saludar a alguien quinientas veces. Entonces renuncias. Le pregunté un día al hijo: “Bueno, ¿por qué no me saluda?” Me dijo que su padre no podía olvidar que yo no era agricultor. Un odio atávico. No fue fácil. (…)
No todo es tan inofensivo como parece. Un día vuelvo de Viena, y había un papel ahí, ablandado por la lluvia. Entonces pensé: ¿qué es esto, del juzgado? Y ponía: Comisión de Establecimientos de Cría de Cerdos. Y resultaba que un vecino que quería construir unas instalaciones de engorde de cerdos a diez metros de mi casa, porque sus tierras están muy próximas, me hubiera arruinado por completo. Y en el fondo su intención era llevar la cosa hasta la fase de proyecto, y decirme entonces que, si le daba algo, no lo haría. Así son mis queridos vecinos. Lo siguen siendo. Y eso no hay que olvidarlo a pesar de sus caras amables.”




“Allí en Portugal hace veinte grados sobre cero y aquí veinte grados bajo cero… cuarenta grados de diferencia. Y luego allí se come tan bien, mientras aquí no se puede ir a ninguna parte, todo es una porquería y una bazofia, aunque sea supuestamente tan bueno. Eso no es nada en comparación con lo que hay allí abajo, en cada chiringuito. (…)
Y aquí le ponen a uno siempre esos asquerosos manteles en los que todo el mundo se ha perpetuado. Los sacuden cuando uno se levanta y los vuelven a poner. Y en Portugal, en cualquier chiringuito, le ponen a uno como cosa natural al menos un papelito blanco. Pero un papel nuevo para cada huésped, mientras aquí en Austria encuentra uno mocos sobre el mantel, secos de semanas. Aquí le ponen a uno todo lo más servilletitas de Meinl o Eduscho, es decir horrores de propaganda, allí se cocina con amor y se vive con amor.”



“Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.”

Thomas Bernhard


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