CANCIÓN DE LA TORRE MÁS ALTA
Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.
Tuve tanta paciencia
que para siempre olvido.
Temores y sufrimientos
a los cielos han huido.
Y la sed malsana oscurece mis venas.
Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.
Como la pradera
entregada al olvido,
crecida, y en la flor
de incienso y cizaña,
al zumbido salvaje
de las sucias moscas.
Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.
Jean-Arthur Rimbaud
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