miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mayakovski, Vladimir




A SERGUEI ESENIN

Se fue usted,
como se dice,
al otro mundo.
Es el vacío…
Vuela incrustándose en las estrellas.
No hay más anticipos,
ni tabernas.
Es la sobriedad.
No, Esenin,
no es ninguna burla –
en la garganta
el dolor embolado
no es mofa.
Veo,
agitando la mano cortada,
sacude el saco
de sus propios huesos.
¡Deténgase!
¡Quieto!
¿Está usted loco?
¿Hacer
que las mejillas
se cubran
de tiza mortal?
Usted,
que sabía armar cada una
como nadie más
era capaz.
¿Por qué?
¿para qué?
Me abatió el asombro.
Los críticos rezongan:
-Tiene la culpa
esto y lo otro,
sobre todo,
la poca ligazón a los obreros,
y como resultado,
mucha cerveza y vino.
Que
de cambiarle
la bohemia
por la clase
la clase influiría en usted
y se acabarían las camorras.
¿Es que la clase
apaga la sed
con gaseosa?
A la clase también
le gusta empinar.
Que
apadrinado por los de “En guardia”
hubiera
mejorado
mucho en contenido:
escribiendo
a diario
unos cien versos
pesados y largos
como Dorodin.
Creo
que si hubiera ocurrido
tal desatino
mucho antes
se habría suicidado.
Es preferible
morir de vino
que de fastidio.
No esclarecerán
las causas de la pérdida
ni la soga
ni la navaja.
Quizá
de haber tinta en el “Anglaterre”
no necesitara abrirse las venas.
Los imitadores se alegraron:
¡bis!
Se ha suicidado
casi un pelotón.
¿Para qué aumentar
el número de suicidios?
Es mejor
aumentar
la producción de tinta.
desde ahora
y para siempre
la lengua
se encierra en los dientes.
Es doloroso
e inoportuno
montar misterios.
El pueblo
artífice del idioma
ha perdido
a un sonoro pinche borrachín.
Ya están ahí
con la chatarra funeral de los versos
apenas retocados
del entierro
anterior.
En la tumba
como estacas
clavan rimas romas.
¿Ese homenaje
se merece
el poeta?
Aún
no han fundido su monumento.
¿Dónde está
del bronce el tañido
o de la piedra el tallado?
pero a la verja del recuerdo
ya
han apilado
la basura de dedicatorias
y memorias.
Su nombre
lo enmocan en pañuelos,
su verso
lo embabosa Sóbinov
y entona
junto a un abedul pocho:
“Sin palabras, amigo,
sin suspi-i-i-ros”
Me gustaría
decirle un par de cosas
a ese Lohengrín Lohengrínich.
Me plantaría aquí
chillón camorrista:
No consiento
que balbuceen y soben
el verso.
Me gustaría armar una rechifla
y recordarles
la abuela y la madre.
Para que se aviente
la obtusa porquería
agitando
el velamen de las chaquetas,
para que
a la desbandada
eche a correr Kogan,
pinchando
a los transeúntes
con las picas del bigote.
La basura
por ahora
ha menguado poco.
Es tanto el trabajo
que falta tiempo.
Primero
rehagamos
la vida.
Y ya rehecha
la podemos cantar.
Nuestra época
es dura para la pluma,
pero, decidme,
tullidos y tullidas,
¿dónde?
¿cuándo?
¿qué grande prefirió
el camino trillado y facilón?
La palabra
es adalid
de la fuerza humana.
¡Adelante!
Que los proyectiles del tiempo
estallen detrás.
Que hacia el pasado
solo lleve el viento
las guedejas de la melena.
Para la alegría
el planeta nuestro
está mal equipado.
Hay
que arrancar
alegrías
a los días venideros.
En esta vida
morir no es difícil.
Mucho más difícil
es hacer la vida.

Vladimir Mayakovski  (1926)


***




Serguei Esenin (1895-1925), gran poeta lírico, de existencia desordenada. En una habitación del hotel “Anglaterre”, de Leningrado, se cortó una vena para escribir un verso y después se ahorcó. El verso decía:
“En esta vida no es nuevo morir, pero no es más nuevo vivir”.

***

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