sábado, 17 de septiembre de 2011

No todo es basura…

 

OBITUARIO

Jordi Dauder, el actor del compromiso

Doblador, escritor y director, destacó por la ética con la que defendió su oficio



La cosa empezó en Badalona, donde nació hace 73 años. Allí Jordi Dauder, fallecido la noche del jueves, se empezó a comprometer con las luchas vecinales, con los grupos de renovación pedagógica para lograr mejores escuelas... Luego se enfrascó con movimientos antifascistas, con todas las causas que defendieran a las víctimas de tropelías. Él fue una de esas víctimas y tuvo que vivir un exilio europeo de tres lustros, gracias al cual dominaba además del catalán y castellano, el inglés, francés, italiano y portugués. También el compromiso estuvo desde el principio en la ética con la que defendió su oficio: la escena, el trabajo de actor. Desde sus comienzos en el Teatro Fronterizo, codo con codo con otro comprometido como es José Sanchis Sinisterra.
Una vez le contó a su amigo el periodista Julio Castro: "La definición de rojo, como decía Haro Tecglen, nos va muy bien, porque así nos calificaron, y porque para decir hoy 'de izquierdas' tendrías que entrar en muchos matices".
Su integridad era tal que hasta el final no dejó de acudir con su silla de ruedas a pelear en su última batalla, la del 15-M en la Puerta del Sol, donde participaba en las asambleas a las que se acercaba desde su barrio de Lavapiés, siempre con Irene Pardo, compañera de vida y de peleas. Sobre todo la última, la que tuvo con un agresivo cáncer al que le ganó el pulso durante 10 años y del que, si hacía falta, se reía abiertamente. "Cómo andas", le preguntaban. Él contestaba: "Hombre, andar, andar, lo que se dice andar...", porque los últimos meses utilizaba silla de ruedas. O como cuando se le veía paseando por el Madrid de los Austrias, con su amigo y compañero, el productor Miguel Ángel Alcántara, los dos sin apenas sostenerse porque acababan de dejar sus últimas energías en las venenosas sesiones de quimioterapia y Dauder decía: "Aguantamos porque caminamos dejando caer el peso del cuerpo del uno contra el hombro del otro, así hacemos contrapeso y logramos pasear". Ni en esos momentos perdía el humor ni el poder de esa maravillosa voz que prestó a Gregory Peck, L. J. Cobb, Rod Steiger, Nick Nolte y Richard Harris, entre otros muchos actores de cine y televisión.
Este verano además escribió sus memorias y también un monólogo junto con Irene Pardo. En su actividad de escritor (cofundador y colaborador de las revistas El Viejo Topo, Quimera y Coyoa-cán) destacó con sus cuentos, como poeta (recibió el Premio Marti Pol) y como novelista. El estupor, en su día, fue definida por la crítica como "una de las novelas más incendiarias de los últimos años, que irritará por lo menos en la misma medida que fascinará a sus lectores. Un libro que quema".
Su trabajo de sacerdote en la película Camino, de Javier Fesser, le proporcionó un Goya y el Premio de la Unión de Actores.
(…) en su última película, Volveremos, de Felip Sole, rodada este verano, su personaje estaba más cercano a él; interpretaba a uno de los militares republicanos que entraron en París con la columna del general Leclerc.
Dauder será incinerado hoy en Madrid (a las 8.50 en el Crematorio de la Almudena) y sus cenizas se esparcirán en el cabo de Gata. En unos días recibirá un homenaje que preparan sus compañeros en Barcelona
Su prestigio en teatro era incuestionable. Brilló en montajes de directores como Gerardo Vera (con él hizo el último trabajo en escena en Platonov, de Chéjov), Xavier Albertí, Carlota Subirós, Eduardo Vasco, Helena Pimenta, Amelia Ochandiano, Calixto Bieito, Núria Espert, Pierre Chabert y Sanchis Sinisterra, entre otros.
En cine trabajó bajo las órdenes de Andrucha Waddington, Dominique Maillet, Santiago San Martín, Michel Houellebecq, Ventura Pons, Federico Luppi, Patricia Ferreira, José Luis García Sánchez (también le dirigió en teatro), Eduardo Mignona, Ken Loach, Agustín Villaronga, Vicente Aranda, Pere Portabella y Jorge Grau

Fuente: El País / ROSANA TORRES 17/09/2011

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ENTREVISTA: ALMUERZO CON... ESPERANZA PÉREZ

"Dormía vestida. No quería que me mataran en camisón"



Nació hace 89 años en Camagüey (Cuba). Tuvo tres madres y perdió a tres hijos. Sufrió la Guerra Civil en España y la brutalidad de la dictadura de Jorge Videla, condenado el año pasado a cadena perpetua, en Argentina. Tres miembros de su familia fueron asesinados. Otro sigue desaparecido. Su historia es una de las razones por las que hace 15 años el juez Baltasar Garzón abrió un proceso contra el horror argentino. "Usted y otras abuelas y madres como usted hicieron que mi vida cambiara y que creyera que merece la pena arriesgarse", le escribió el magistrado.
Ayer, Esperanza Pérez Labrador, la esposa de Víctor, torturado y asesinado por militares argentinos, la madre de Palmiro, muerto a manos del mismo comando, y de Miguel Ángel, desaparecido, se enfadaba al hablar del procesamiento del magistrado: "Garzón es el hombre más valiente que he conocido. Creo que lo que le pasa es un problema de celos: mucha gente le tiene mucha envidia". El periodista Jesús M. Santos acaba de llevar su vida a un libro, Esperanza (Editorial Roca), que el viernes presentará en Casa América (Madrid) acompañada por Garzón. "He querido hacer este libro como homenaje a los míos", explicaba ayer mientras observaba la carta del restaurante. "No como pescado. Los torturadores argentinos tiraban al mar a sus víctimas".
A su primera madre, Esperanza, española, no llegó a conocerla. Murió por complicaciones en el parto tras una paliza de su marido, Manuel. La segunda, Catuca, cubana, era la mujer de José Mestril, el hombre al que Manuel paró a la puerta del hospital de Camagüey para decirle: "Le regalo esta niña. Mi señora está muerta. Tengo otra hija de 15 meses y yo no puedo cuidar de la pequeña. Me vuelvo a España". A la tercera, María Antonia, la conoció siete años después, cuando Manuel, que jamás se había interesado por ella, regresó a Cuba para llevársela dejando desolados a los Mestril.
"Me costó adaptarme. Los españoles me parecían gente extraña. ¡Se lavaban muy poco!", relata. Se casó con uno, del que se enamoró por carta. "Me escribía todos los días desde el frente de Madrid". Al terminar la Guerra Civil, decidieron emigrar. "Yo quería ir a Cuba, pero estaba prohibido. Tuvimos que ir a Argentina". La madrugada del 10 de noviembre de 1976, 20 encapuchados asaltaron su casa: "Venimos de matar a su hijo Palmiro". Aquella misma noche también mataron a su marido y a su nuera. Para entonces, Miguel Ángel, de 25 años, su hijo menor, llevaba un mes desaparecido. "Aún le busco. Sueño con él", relata Esperaza, que llegó a sacudir de las solapas al general Galtieri -ya fallecido, procesado en 1997- para que le dijera dónde estaba: "Me dijo que la muerte de mi marido había sido 'un lamentable error', pero que mis dos hijos eran montoneros. Le grité: '¡Asesino!' Pensé que no me iba a dejar salir viva". La dejó salir y Esperanza empezó a dormir vestida por si iban a buscarla de noche. "No quería que me mataran en camisón". Visitó cada cárcel, cuartel y comisaría en busca de su hijo. Escribió al Rey, al entonces ministro de Exteriores, Marcelino Oreja... Ninguno contestó. Y conoció a las Madres de la Plaza de Mayo: "Al principio éramos muy pocas. Nos llamaban putas y locas. Luego llenamos la plaza". La última pista de Miguel Ángel es de un psiquiátrico. "Una conocida nos dijo que lo había visto allí hacía muchos años, pero cuando fuimos, ya no estaba".


Fuente: El País, NATALIA JUNQUERA 15/09/2011

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