viernes, 16 de septiembre de 2011

Párrafos de “Reconstrucción” / Antonio Orejudo



“Allí toda incomodidad tiene su asiento. No hay camas, no hay muebles; solo un triste caldero, que serviría para evacuar si alguien se tomara la molestia de vaciarlo. Un insoportable olor a descomposición hiere el olfato. Al principio da asco que los pies se adhieran al suelo. Pero luego uno se acostumbra a eso y a dormir sobre el piso, aterido de frío y atormentado por las pulgas.
La celda es individual, pero en ella siempre hay varias personas. Unas entran y otras salen, algunas regresan y otras no vuelven jamás. Las conversaciones, sin embargo, son siempre las mismas. El recién llegado pregunta en voz alta si alguien sabe qué va a pasar. A veces nadie contesta. A veces le dicen que no, que no saben nada, También puede suceder que alguien se acerque al muevo y le pregunte qué ha hecho. Los inquisidores reparten confidentes por las celdas con el fin de hacerles confesar. Los primerizos suelen cantar allí mismo. Los veteranos en cambio no se fían de nadie y se mantienen en silencio.
Naturalmente no hay ventanas. Un lucernario sirve al principio para medir precariamente el paso de los días. Pero pronto se pierde la noción del tiempo. Si no fuera por las periódicas salidas hasta la sala de tormento, se diría que todo está detenido. No es que salir de aquella pocilga para ser torturado resulte un alivio, pero al menos se recobra la sensación de que los acontecimientos siguen produciéndose unos detrás de otros. Primero te provocan el daño y luego tú sientes el dolor. Unas veces es la toca. Te atan a una escala, y esta se inclina hasta que la cabeza queda más baja que los pies. Se te pone un bostezo para que no cierres la boca, y te la tapan con un trapo de lino. Te lo pueden hacer sin tela, pero no es lo mismo. A continuación vierten sobre el paño unas cuantas jarras de agua. Conviene tener sed. Y aun así es horrible la sensación de ahogo. Otras veces es la garrucha. Te cuelgan de las muñecas a una polea y te colocan pesas en los pies. Te suben lentamente para que percibas cómo se te descoyuntan las articulaciones. El verdugo que tienen ahora es un chico joven entusiasmado con su profesión. Su especialidad es el potro. El chaval es capaz de darle tantas vueltas a la cuerda que te atan a los tobillos y a las muñecas, que a veces te traspasa la carne y te llega al hueso. Pero no tienes por qué preocuparte; el doctor Seville está presente en todo momento, por si pasara algo. No es a ellos a quienes corresponde quitarte la vida, así que nunca te harán caso cuando grites desesperadamente suplicándoles la muerte.”


“-¿Es que tú eres bruja?
-Debo de serlo. Mira: tengo tres hijos, que me comen por los pies todos los días; soy viuda, no tengo tierra ni a nadie que me favorezca. Y sin embargo en mi casa no ha faltado nunca un puchero en la lumbre. Increíble, ¿verdad? Debo de ser una bruja; no veo otra explicación.”



“-¿Entonces qué quieres?
-Ya te lo he dicho: quiero que leas este manuscrito. Y que encuentres a su autor. Obviamente, tú sabes más que yo de anabaptismo, y encontrarás aquí claves que a mí se me escapan. Conoces a esa gente, sabrás adónde ir y a qué puerta tocar. Lo que te estoy proponiendo es un trato: tú me ayudas y yo te ayudo. Tú lo encuentras y yo te consigo una cédula que certifique tu nueva identidad para el resto de tus días y otra que te convierta en comisario de la Inquisición. Sabes qué significa eso, ¿verdad? Quedarás fuera de la jurisdicción ordinaria. Tendrás licencia para todo. No podrás ser prendido por alguaciles ni sentenciado por jueces. Tendrás facultad para recibir informaciones y delaciones, para proceder contra quien consideres oportuno, delincuentes o testigos; podrás prender, retener, recibir confesiones, examinarlas, llamar a declarar, testificar, podrás encarcelar, someter a tormento y pedir informes. Podrás llevar armas, y podrás quedarte con todas las multas que interpongas. Estarás exento de pagar impuestos, y todos los católicos estarán obligados a auxiliarte en lo que necesites, a alojarte en sus casas y a proporcionarte alimentos. De por vida. Son privilegios que nos otorgamos a nosotros mismos. No conviene que quienes hacen cumplir la ley tengan que someterse a ella.”


“-Hay gente que está podrida –explica-. Más gente de la que pensamos. Por el día parecen normales, pero cuando están dormidos, los insectos que habitan en su interior salen a la superficie por los orificios y los esfínteres. Hace ya muchos años yo tenía trato con una duquesa muy vieja que nunca me dejaba quedarme a dormir. Yo insistía, pero ella siempre se negaba. Hasta que una noche, cargado de vino, fue ella la que se quedó dormida a mi lado. A medianoche me desperté con el cuerpo cubierto de langostas. Enjambres de moscas sin alas salían de su boca, de sus orejas, de sus narices y hasta de su coño. En uno de sus ojos habitaba una especie de cucaracha que levantaba el párpado como si fuera ropa de cama, sacaba sus antenas, reconocía el medio y volvía a entrar, como si no estuviera interesada en el exterior.”

Antonio Orejudo (Reconstrucción)

***

No hay comentarios:

Publicar un comentario