miércoles, 14 de septiembre de 2011

Sin propuestas para el milenio / FRANCESC SERÉS



Cuando se produjeron los atentados contra las Torres Gemelas hubo no poca gente que predijo que aquel era el inicio de un nuevo milenio. Claro que antes también lo situaron en la caída del Muro y después hicieron lo mismo con la quiebra de Lehman Brothers. En el prefacio de Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino escribe: "Estamos en 1985: apenas nos separan quince años del comienzo de un nuevo milenio. Por el momento no veo que la proximidad de esa fecha despierte una emoción particular".
La aparición de su libro en los noventa, en cambio, suscitó todo tipo de emociones. Fue un libro con suerte, con suerte merecida y con una suerte que quizá fue a contrapelo de lo que el propio Calvino hubiese deseado. Se convirtió en los Seis Mandamientos, en libro de referencia y de cabecera, en cita obligatoria y en un fijo en las bibliografías universitarias. Hoy continúa siendo un documento válido para situar elementos de creación y de crítica. Las relaciones que establece atan con hilos finísimos historia, literatura, arte, filosofía y, por supuesto, experiencia. Y todo ello, tan lejos de la retórica y tan cerca del contenido, sin afters, metas ni posliteraturas.
La erudición de Calvino se ofrece sin la pedantería posmoderna de la época y dota al libro de la misma elegancia de Por qué leer a los clásicos o Si una noche de invierno un viajero. Comparte sin exhibirse: "Las máquinas de hierro siguen existiendo, pero obedecen a los bits sin peso", una síntesis perfecta de sus propuestas, la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad y la multiplicidad. La sexta, que quizás hubiese podido acotar las precedentes, la consistencia, quedó inacabada.


El libro aterrizó en plena fiebre posmoderna, se reeditó al mismo tiempo que se traducían y publicaban los libros de los Vattimo, Baudrillard, Lyotard, etcétera. Sus propuestas caían en terreno abonado, servían para un roto o para un descosido. Los días de vino y rosas de los ochenta estaban a punto de culminar en los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal. La lectura de la levedad, la rapidez, la visibilidad y la multiplicidad arrinconaban la exactitud y la inexistente consistencia. Los calvinistas eran poco calvinistas, por así decirlo. Todo era susceptible de exagerarse y allí donde alguien podía predicar la levedad se podía interpretar frivolidad, de la misma manera que visibilidad podía significar exhibicionismo o que la rapidez podía quedar en precipitación. La burbuja de la retórica del catálogo artístico llegó a extremos insostenibles.

Tal vez las respuestas que redactó Calvino se adecuaban más a la próxima década que al próximo milenio. Durante los tiempos de vacas gordas era fácil escuchar a sociólogos, arquitectos o urbanistas hablar de la multiplicidad y de la fragmentación, de las conexiones que permitía Internet, de la levedad de las nuevas relaciones humanas o de la exactitud de los nuevos métodos de cálculo científico y social... Todo documento de la cultura, ya se sabe, lo es también de la barbarie. Y todo documento estético también lo es de la vida. La rapidez y la exactitud también rigen los esquivos flujos de capital. Se hablaba del fragmento, pero de lo que tendríamos que hablar es de cómo no acabar hechos trizas. La levedad se disuelve en la ligereza del discurso político y las máquinas de hierro tienen hoy una presencia notable en el crecimiento económico de los países exportadores. Puede que sean graves, a veces lentos, centrales y sólidos, pero para el nuevo milenio es posible que necesitemos más que nunca a los modernos, Dickens y Mann, Chéjov y Kafka, Coetzee y Naipaul. "Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar". Encontraremos ahí la consistencia que necesitamos y que Calvino no llegó a redactar.

Francesc Serés (Zaidín, Huesca, 1972) ha publicado recientemente Cuentos rusos. Mondadori, 2011.

Fuente: El País 10/09/2011

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2 comentarios:

  1. "Todo documento de la cultura, ya se sabe, lo es también de la barbarie"

    es que la cultura es el perfeccionamiento de la barbarie.

    "Y todo documento estético también lo es de la vida"

    lo es porque la vida sin la estética sería sólo un puro dato.

    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. De Francesc Serés he leído recientemente un libro de cuentos titulado “Materia prima” y publicado por la editorial dirigida por Constantino Bértolo, Caballo de Troya. En línea con lo que plantea en este artículo, la materia “prima” con la que construye sus ficciones resultan ser sacadas directamente de la “consistente” realidad, bueno, de esa otra cara que no se suele reflejar en los medios…
    Para mi gusto es de los mejores autores nuevos, para mi, que he leído desde hace mucho tiempo…
    Francesc, un saludo.
    LUIS

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