domingo, 2 de octubre de 2011

Pío Baroja (LA GUERRA CIVIL EN LA FRONTERA)




“Me gusta el otoño en casa, cuando uno tiene algo que hacer y a su alcance libros y papeles con que distraerse. Pero aquí, encerrado en un fonducho, sin más ocupación que mirar al campo a través de la ventana cerrada, y ver cómo cae la lluvia, el otoño resulta así triste. Lo que he contemplado en Irún, además, me ha producido cierta cólera, que no puedo arrancarme del ánimo.
En un pueblo como éste de San Juan de Luz, y con poco dinero, el ambiente se va estrechando paulatinamente, y se va reduciendo, y se va quedando uno solo. No tiene esto nada de particular.
De noche he tenido que dedicarme a la caza de los mosquitos, que había muchos en mi habitación, y solían colocarse en el techo. Les tiraba la toalla formando paquete, y alguno que otro caía, aunque no fuese demasiado grande la puntería. Pero… ¡había tantos! En Vera apenas hay mosquitos. En Biarritz los hay, y aquí en San Juan de Luz también. Supongo que por aquí habrá más abundancia de terrenos encharcados.
También me he entretenido, por matar el tiempo, del que ando tan sobrante, en observar a la araña que había en la lámpara, cómo caza a los mosquitos por su cuenta. Después de cogerlos los envolvía con las patas entre sus hilos, y allí los dejaba. Se conoce que no le gustan. Después se escondía. Pero luego he podido ver que había hecho desaparecer el cuerpo del mosquito. Debía de habérselo llevado a un agujero entre la lámpara y el techo, sin duda para comérselo allí tranquilamente…”


Pío Baroja  (LA GUERRA CIVIL EN LA FRONTERA)


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