jueves, 17 de noviembre de 2011

Párrafos de… “Aurora roja” (Pío Baroja)





“Hay trabajos que parece que despiertan el pensamiento, y uno de ellos es empujar una carretilla. Al cabo de algún tiempo no se nota si uno lleva un carretón, o si es el carretón el que le lleva a uno. Así en la vida, muchas veces, no se sabe si es uno el que empuja los acontecimientos o si son los acontecimientos los que le arrastran a uno.”




“-Lo que proclamamos nosotros –decía el estudiante Maldonado con voz iracunda –es el derecho al bienestar de todos.
-Ese es el derecho que yo no veo por ningún lado –replicó Rebolledo, padre.
-Pues yo, sí.
-Pues yo, no. Para mí, tener derecho y no poder, es como no tener derecho. Todos tenemos derecho al bienestar; todos tenemos derecho a edificar en la Luna. ¿Pero podemos? ¿No? Pues es igual que si no tuviéramos derecho.”




“-¡Entrad, señores, a ver el cinecromovidaograph! –gritaba-.
Uno de los adelantos más grandes del siglo XX. Se ven moverse a las personas. ¡Ahora es el momento! ¡Ahora es el momento! Va a comenzar la representación. ¡Un real! ¡Un real! Niños y militares, diez céntimos.
Entre las películas del cinecromovidaograph había: La marcha de un tren, La escuela de natación, Un baile, La huelga, Los soldados en la parada, Maniobras de una escuadra, y, además, varios números fantásticos. Entre éstos, los más notables eran: uno de un señor que no puede desnudarse nunca, y otro de un hombre que roba, y a quien persiguen dos polizontes, y se hace invisible y se escapa de entre los dedos de sus perseguidores y se convierte en bailarina y se ríe del juez y de los guardias.
Una mañana, camino de Murcia, tuvo Salomón la mala idea de detenerse en un pueblo próximo a Monteagudo.
El alcalde del pueblo entendió que debía ver la representación, para prestar o no su consentimiento al espectáculo.
En vista de que en el público abunda el elemento rico, Salomón pensó que debía suprimirse el cuadro de La huelga. Se representaron los demás cuadros con aplausos; pero al llegar al Ladrón invisible, el alcalde, hombre religioso, católico y dedicado a la usura, afirmó en voz alta que era inmoral que no cogieran a aquel bandido.
-Que vuelvan a hacerlo, pero que cojan al ladrón –dijo en voz alta.
-Es imposible, señor alcalde –replicó don Alonso.
-¡Cómo que es imposible! –repuso el alcalde-. O se hace eso, o los llevo a ustedes a la cárcel. A escoger.
Don Alonso quedó sumido en un mar de confusiones, y estimó, como lo más oportuno, apagar las luces, para dar a entender que se había acabado la representación. Nunca lo hubiera hecho.
Los espectadores, furiosos, se lanzaron contra él. Don Alonso escapó fuera de la barraca. “¡A ése!”, gritó un chico al verle. “¡A ése!”, gritaron unas mujeres; y hombres y mujeres, y chicos y perros, echaron a correr tras él. Don Alonso salió del pueblo. Cruzó, volando, unos rastrojos. Comenzaron a llover piedras a su alrededor. Afortunadamente se hacía de noche, y los salvajes del pueblo, pensando en su cena, abandonaron la cacería. Cuando se vio solo, don Alonso, rendido, se tiró en la tierra. El corazón le golpeaba como un martillo en el pecho.”


Pío Baroja  (Aurora roja)


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