viernes, 4 de noviembre de 2011

Perec, Georges



¿Aproximación a qué? 
(Lo infra-ordinario)


“Lo que nos habla, me parece, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extra-ordinario: cinco columnas en la portada, grandes titulares.
Los trenes solo empiezan a existir cuando descarrilan, y cuantos más viajeros muertos, más existen los trenes; los aviones solo acceden a la existencia cuando son desviados; los autos tienen por único destino chocar contra los plátanos: cincuenta y dos fines de semana por año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para la información si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que detrás de un acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida solamente debiera revelarse a través de lo espectacular, lo que habla; como si lo significativo fuera siempre lo anormal: cataclismos naturales o conmociones históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…

En nuestra precipitación por medir lo histórico, lo significativo, lo revelador, no dejemos de lado lo esencial lo verdaderamente intolerable, lo verdadera inadmisible: el escándalo no es el grisú, es el trabajo en las minas. Los “malestares sociales” no son “preocupantes” en periodo de huelga, son intolerables veinticuatro horas por día, trescientos sesenta y cinco días al año. (…)

Los diarios hablan de todo, salvo de lo diario. Los diarios me aburren, no me enseñan nada; lo que cuentan no me concierne, no me interroga y, de antemano, no responde a las preguntas que hago o que quisiera hacer.
Lo que pasa realmente, lo que vivimos, el resto, todo el resto, ¿dónde está? ¿Cómo dar cuenta de lo que ocurre cada día y vuelve a ocurrir cada día, lo banal lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual? ¿Cómo interrogarlo? ¿Cómo describirlo? Interrogar lo habitual. Pero justamente, estamos habituados a eso. No lo interrogamos, no nos interroga, no parece constituir un problema, lo vivimos sin pensar en ello, como si no fuera portador de ninguna información. Ni siquiera es condicionamiento, es anestesia. Dormimos nuestra vida con un sueño sin sueños. ¿Pero dónde está nuestra vida? ¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde está nuestro espacio?
Cómo hablar de esas “cosas comunes”, más bien cómo arrancarlas de la corriente en la que permanecen sumergidas, cómo darles un sentido, una lengua: que hablen finalmente de lo que existe, de lo que somos.
Quizá se trata de fundar finalmente nuestra propia antropología: la que va a hablar de nosotros, la que va a buscar en nosotros lo que durante tanto tiempo nosotros saqueamos en los otros. Ya no lo exótico, sino lo endótico.
Interrogar lo que tanto parece ir de suyo que ya hemos olvidado su origen. Volver a encontrar algo de la sorpresa que podían experimentar Jules Verne o sus lectores frente a un aparato capaz de reproducir y de transportar sonidos. Porque esa sorpresa existió, y miles de otras, y son ellas las que nos han modelado. (…)”

Georges Perec


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