martes, 6 de diciembre de 2011

Pessoa / Diarios






“Y entonces, ¿qué es el hombre, por sí mismo, sino un insecto fútil que zumba mientras se estrella contra el cristal de una ventana? Y es que está ciego, no puede ver, ni puede darse cuenta de que hay algo entre él y la luz. Por eso se esfuerza, trabajosamente, en acercarse. Puede apartarse de la luz, pero no es capaz de llegar a estar más cerca. ¿Cómo le ayudará la ciencia? Puede llegar a conocer la consistencia y las irregularidades propias del cristal, comprobar que en una parte es más grueso, y en otra más fino, en una más basto y en otra más delicado: con todo esto, amable filósofo, ¿cuánto se ha acercado a la luz? ¿Cuánto han aumentado sus posibilidades de ver? Puedo llegar a creer que el hombre de genio, el poeta, llega a romper, de algún modo, el cristal, hacia la luz, y  siente la alegría y la tibieza que produce estar más allá que los demás hombres, pero, ¿no está, también él, ciego? ¿Acaso se ha acercado algo al conocimiento de la verdad eterna?”







“La poesía está en todo, en la tierra y el mar, en el lago y en la ribera del río. También está en la ciudad, no lo niegues, se hace evidente a mis ojos, mientras estoy aquí sentado: hay poesía en esta mesa, en este papel, en este tintero: hay poesía en el ruido de los coches, en la calzada, en cada movimiento vulgar y ridículo de un obrero que, al otro lado de la calle, pinta el cartel de una carnicería.”








“Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón.
Y sin embargo, también vi otras cosas que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del Mundo.”





“Ninguno de mis escritos está acabado; siempre ha habido ideas que se mezclaban, ideas extraordinarias, inexcusables, que posponían el límite hasta el infinito. No puedo frenar el odio de mi pensamiento hacia el final: sobre una única cosa surgen cien pensamientos, y sobre esos cien pensamientos nacen mil asociaciones de ideas que toman en ellos su base, y no tengo fuerza de voluntad para eliminarlos o detenerlos, ni para reunirlos en una única idea central, en la que sus despreciables pero diferentes detalles se perderían. Me recorren, no son mis pensamientos sino pensamientos que me recorren. No reflexiono, sueño; no estoy inspirado, alucino. Puedo pintar, pero nunca he pintado; puedo componer música, pero nunca he compuesto música. Concepciones extrañas de las tres artes, deliciosos golpes de la imaginación acarician mi cerebro. Pero los dejo adormecerse hasta que mueren, porque no tengo fuerza para darles cuerpo, para convertirlos en cosas del mundo.”






Los antiguos navegantes tenían una frase gloriosa: Navegar es necesario, vivir no es necesario. El espíritu de esta frase es válido para mí, transformando la forma para adecuarse a lo que yo soy. Vivir no es necesario, lo necesario es crear.


Fernando Pessoa  (Diarios)

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