sábado, 30 de abril de 2011

Otrerías


FE DE ERRATA:

Me dicen que diga “fe de errata” donde dije que CCOO y UGT  han devenido en las “marionetas” más eficaces y rentables (mucho más que el PSOE y el PP), a sueldo de la derecha financiera española, desde que se perpetró la inmaculada transición. Queda dicho.

ELOTRO

Otrerías

Aprovechando el descanso:

Del Partido del Siglo,
De la Boda del Siglo y
De la Beatificación del Siglo,
Les ofrecemos totalmente gratis 
unos segundos de publicidad
pro-nuclear.

¡Gracias!








viernes, 29 de abril de 2011

Ana María Matute



Un fragmento de discurso…

“Yo no había cumplido los once años cuando estalló la guerra civil española. Unos niños acostumbrados a no salir de casa si no era acompañados por sus padres o la niñera nos vimos haciendo interminables colas para conseguir pan o patatas. No es raro, pues, que yo me permitiera, años más tarde, definir esa generación a la que pertenezco como la de “los niños asombrados". Porque nadie nos había consultado en qué lado debíamos situarnos. Nadie nos había informado de nada y nos encontramos formando parte de un lado o de otro, tal y como me confesó un día Jaime Salinas. Yo, ahora, sólo recuerdo que el mundo se había vuelto del revés, que por primera vez vi la muerte, cara a cara, en toda su devastadora magnitud; no condensada, como hasta aquel momento, en unas palabras –“el abuelito se ha ido y no volverá..."–, sino a través de la visión, en un descampado, de un hombre asesinado. Y conocimos el terror más indefenso: el de los bombardeos. Y aquellos cuentos, aquellas historias “impropias para niños", añadieron en su ruta interna de niña asombrada un aprendizaje. Atroz. Mucho más atroz que los cuentos de hadas.”

Ana María Matute

Bukowsky



esta noche

“tus poemas a las chicas seguirán existiendo
en 50 años cuando las chicas hayan desaparecido”,
mi editor me llama.

querido editor:
parece que las chicas han desaparecido
ya.

sé lo que quieres decir

pero dame una mujer de verdad viva
esta noche
acercándose a mí en el cuarto

y puedes quedarte con todos los poemas

los buenos
los malos
o cualquiera que pueda escribir
después de éste.

sé lo que quieres decir.

¿sabes lo que quiero decir yo?

Charles Bukowsky

jueves, 28 de abril de 2011

Contra la censura / Coetzee



“Los órganos sexuales, comenta san Agustín, actúan independientemente de la voluntad. En ocasiones responden a lo que no queremos que respondan; a veces permanecen “congelados” cuando queremos emplearlos. De esta desobediencia de la carne, señal de nuestra condición de seres caídos, no están exentos ni siquiera los guardianes de nuestra moral. Un censor que dicta una prohibición, sea contra un espectáculo obsceno o contra una imitación burlona, es como un hombre que trata de impedir que el pene se le ponga erecto. El espectáculo es ridículo, tan ridículo que no tarda en ser víctima no solo de su miembro rebelde, sino también de los dedos que lo señalan, de las voces que ríen. Esa es la razón por la cual la institución de la censura ha de rodearse de prohibiciones secundarias contra la vulneración de su dignidad. Pasar de estar malhumorado a que se rían de uno porque lo está y a prohibir que se rían del mal humor es una conocidísima evolución de la tiranía, que debería darnos aún motivos para la cautela. (…)


La vida, dice la Estupidez de Erasmo, es teatro: todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actor, al reconocer que está en una obra, seguirá actuando a pesar de todo; otra clase de actor, escandalizado de descubrir que está participando en una ilusión, tratará de irse del escenario y de la obra. El segundo actor se equivoca. Se equivoca porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporase. El espectáculo es, por así decirlo, el único que hay en cartelera. Lo único que uno puede hacer es seguir representando su papel, aunque tal vez con una nueva conciencia, una conciencia cómica.
Llegamos así a un par de paradojas erasmistas. Una dignidad digna de respeto es una dignidad sin dignidad (que es muy distinta de una dignidad inconsciente o natural); una inocencia digna de respeto es una inocencia sin inocencia. En cuanto al respeto propiamente dicho, resulta tentador sugerir que se trata de un concepto superfluo, aunque tal vez sea indispensable para el funcionamiento del teatro de la vida. El verdadero respeto es una variedad del amor y puede subsumirse en él; respetar a alguien significa, entre otras cosas, perdonarle una inocencia que fuera del teatro sería falsa, una dignidad que sería risible.”

J.M. Coetzee  (Contra la censura)

Chantal Maillard




LO IRREMEDIABLE II

Las manos,
sólo las
manos encuentran
un gesto: apretarse
una
dentro
de la otra,
otra dentro de la una.

Entonces,
a sacudidas,
entrever
algo tan denso
y no menos
terrible
que la culpa,
una
vertiginosa
tristeza que
lo irremediable
convoca.

Chantal Maillard

miércoles, 27 de abril de 2011

Emil Cioran


Genealogía  del  fanatismo


En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo.



Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos. En las crisis místicas, los gemidos de las víctimas son paralelos a los gemidos del éxtasis... Patíbulos, calabozos y mazmorras no prosperan más que a la sombra de una fe, de esa necesidad de creer que ha infestado el espíritu para siempre. El diablo palidece junto a quien dispone de una verdad, de su verdad. Somos injustos con los Nerones o los Tiberios: ellos no inventaron el concepto de herético: no fueron sino soñadores degenerados que se divertían con las matanzas. Los verdaderos criminales son los que establecen una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el fiel y el cismático.


En cuanto nos rehusamos a admitir el carácter intercambiable de las ideas, la sangre corre... Bajo las resoluciones firmes se yergue un puñal; lo ojos llameantes presagian el crimen. Jamás el espíritu dubitativo, aquejado del hamletismo, fue pernicioso: el principio del mal reside en la tensión de la voluntad, en la ineptitud para el quietismo, en la megalomanía prometeica de una raza que revienta de ideal, que estalla bajo sus convicciones y la cual, por haberse complacido en despreciar la duda y la pereza vicios más nobles que todas sus virtudes , se ha internado en una vía de perdición, en la historia, en esa mezcla indecente de banalidad y apocalipsis... Las certezas abundan en ella: suprimidlas y suprimiréis sobre todo sus consecuencias: reconstituiréis el paraíso. ¿Qué es la Caída sino la búsqueda de una verdad y la certeza de haberla encontrado, la pasión por un dogma, el establecimiento de un dogma? De ello resulta el fanatismo tara capital que da al hombre el gusto por la eficacia, por la profecía y el terror , lepra lírica que contamina las almas, las somete, las tritura o las exalta... No escapan más que los escépticos (o los perezosos y los estetas), porque no proponen nada, porque verdaderos bienhechores de la humanidad destruyen los prejuicios y analizan el delirio. Me siento más seguro junto a un Pirrón que junto a un San Pablo, por la razón de que una sabiduría de humoradas es más dulce que una santidad desenfrenada.


En un espíritu ardiente encontramos la bestia de presa disfrazada; no podríamos defendernos demasiado de las garras de un profeta... En cuanto eleve la voz, sea en nombre del cielo, de la ciudad o de otros pretextos, alejaos de él: sátiro de vuestra soledad, no os perdona el vivir más acá de sus verdades y sus arrebatos; quiere haceros compartir su histeria, su bien, imponérosla y desfiguraros. Un ser poseído por una creencia y que no buscase comunicársela a otros es un fenómeno extraño a la tierra, donde la obsesión de la salvación vuelve la vida irrespirable. Mirad en torno a vosotros: Por todas partes larvas que predican; cada institución traduce una misión; los ayuntamientos tienen su absoluto como los templos; la administración, con sus reglamentos metafísica para uso de monos... Todos se esfuerzan por remediar la vida de todos: aspiran a ello hasta los mendigos, incluso los incurables; las aceras del mundo y los hospitales rebosan de reformadores. El ansia de llegar a ser fuente de sucesos actúa sobre cada uno como un desorden mental o una maldición elegida. La sociedad es un infierno de salvadores. Lo que buscaba Diógenes con su linterna era un indiferente...


Me basta escuchar a alguien hablar sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir «nosotros», con una inflexión de seguridad, invocar a los «otros» y sentirse su intérprete, para que le considere mi enemigo. Veo en él un tirano fallido, casi un verdugo, tan odioso como los tiranos y verdugos de gran clase. Es que toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los «puros» son sus agentes. Se sospecha de los ladinos, de los bribones, de los tramposos; sin embargo, no sabríamos imputarles ninguna de las grandes convulsiones de la historia; no creyendo en nada, no hurgan vuestros corazones, ni vuestros pensamientos más íntimos; os abandonan a vuestra molicie, a vuestra desesperación o a vuestra inutilidad; la humanidad les debe los pocos momentos de prosperidad que ha conocido; son ellos los que salvan a los pueblos que los fanáticos torturan y los «idealistas» arruinan. Sin doctrinas, no tienen más que caprichos e intereses, vicios acomodaticios, mil veces más soportables que el despotismo de los principios; porque todos los males de la vida vienen de una «concepción de la vida». Un hombre político cumplido debería profundizar en los sofistas antiguos y tomar lecciones de canto; y de corrupción...


El fanático es incorruptible: si mata por una idea, puede igualmente hacerse matar por ella; en los dos casos, tirano o mártir, es un monstruo. No hay seres más peligrosos que los que han sufrido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se ha cortado la cabeza. Lejos de disminuir el apetito de poder, el sufrimiento lo exaspera; por eso el espíritu se siente más a gusto en la sociedad de un fanfarrón que en la de un mártir; y nada le repugna tanto como ese espectáculo donde se muere por una idea... Harto de lo sublime y de carnicerías, sueña con un aburrimiento provinciano a escala universal, con una Historia cuyo estancamiento sería tal que la duda se dibujaría como un acontecimiento y la esperanza como una calamidad.


Emil Cioran

Breviario de podredumbre (1949)

Chantal Maillard






UNO

Uno.
Porque hay más.
Más están fuera.
Fuera de la habitación.
Fuera de las demás habitaciones.
Fuera de la casa.
La casa es demasiado grande.
Se extienden cuando duermo.
Porque también hay muchas.
Últimamente están deterioradas.
Húmedas. Ciegas.
Depende de los días.
Depende de las nubes.
También de las imágenes.
Sobre todo, depende de los hilos.

Partir es dar pasos fuera.
Fuera de la habitación.
De la mente, no:
No hay. Hay hilo.
Partir es dar pasos
fuera de la habitación con el hilo.
El mismo hilo.

A veces se rompe
el hilo. Porque es endeble,
o porque la otra habitación
está oscura. Sin
querer, tiramos de él y se rompe.
Entonces queda el silencio.

Pero no hay silencio.
No mientras se dice.
No lo hay. Hay hilo,
otro hilo.
La palabra silencio dentro.
Dentro de uno -¿uno?

Chantal Maillard

Onetti y Dolly


Juan Carlos Onetti, trabajador absorto solía pedir a su mujer que escondiera la libreta de apuntes cuando se sentía consumido por el trabajo. Servía de poco: empezaban a aparecer papelitos con anotaciones regados por toda la casa. En las mañanas, cuenta su esposa, Dolly Onetti, después de haber escrito toda la noche, anunciaba: "Hay mucho para pasar a máquina".
Y prosigue "Si me quejaba de tener los dedos gastados, me retrucaba: 'Mme. Tolstoi copió a mano “La guerra y la paz” siete veces y tenía setecientas mil palabras'".

martes, 26 de abril de 2011

Precipicios (39)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho,  voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



Para Yaël Pachet

Cualquier razonamiento no es sino figura.
(Joubert)



Los dos cuerpos del rey

Año 1961. Más bien otoño, o principios de invierno. Samuel Beckett está sentado. Hace diez años que es rey, algo menos o algo más de diez años: ocho años, porque entonces se estrenó Godot; once años porque Jéróme Lindon publicó en bloque sus grandes novelas. Nada hay en Francia que pueda ponerlo en jaque o disputarle el trono en que se asienta. Sabido es que el rey tiene dos cuerpos: un cuerpo eterno, dinástico, que el texto entroniza y consagra, y al que arbitrariamente llamamos Shakespeare, Joyce, Beckett, o Bruno, Dante, Vico, Joyce, Beckett, pero se trata del mismo cuerpo inmortal ataviado con pasajeros andrajos; y hay otro cuerpo mortal, funcional, relativo, el andrajo, que se encamina a la carroña; que se llama, y nada más se llama, Dante y lleva un gorrito que le baja hacia la nariz chata; o nada más se llama Joyce, y entonces tiene anillos y mirada miope y pasmada; o nada más se llama Shakespeare, y es un rentista bonachón y robusto con gorguera isabelina. O se llama nada más, y carcelariamente, Samuel Beckett; y en la cárcel de ese nombre se halla sentado, en el otoño de 1961, ante el objetivo de Lufti Ózkók, turco y fotógrafo, fotógrafo esteticista que a su modelo vestido de oscuro le colocó detrás un paño oscuro, para dar al retrato que le va a hacer un toque del Ticiano o de Philippe de Champaigne, un marcado toque clásico. Tiene ese turco por manía, o por oficio, ser fotógrafo de escritores, es decir, retratar, recurriendo a cumplido artificio, maña y técnica, ambos cuerpos del rey, la simultánea aparición del cuerpo del Autor y el de su encarnación del momento, el Verbo vivo y el saccus merda. En la misma imagen.

Todo esto lo sabe Beckett, porque se trata de la infancia del arte, y porque es rey. Sabe también que con él, en cuanto con él tiene que ver, resulta más fácil esta operación mágica que si tuviera que ver con Dante o con Joyce, pues, a diferencia de Dante o de Joyce, es guapo, hermoso como un rey; con pupilas de hielo, la ilusión del fuego bajo el hielo; con boca rigurosa y perfecta; y ese noli me tangere que le viene de nacimiento; para colmo de lujos, es hermoso con estigmas, la celestial flacura, las arrugas labradas con la tejoleta de Job, las orejas grandes y de carne, el look rey Lear. Sabe que, en cuanto con él tiene que ver, resulta esa operación demasiado fácil, como sucedería si el robusto rentista isabelino hubiera tenido el aspecto del rey Lear; y que casi no es posible hacerle una foto al saccus merda llamado Samuel Beckett sin que surja en ese mismo instante el retrato del rey, la literatura en persona, mostrando, bien visibles en torno a las pupilolas de hielo y las orejas grandes, el gorro de Dante, la gorguera isabelina y, en un rincón, se la divise o no se la divise, la tejoleta de Job…


Pierre Michon    (Cuerpos del rey)

Chantal Maillard




DIME

Partir, quedar, querer. Dejar
de querer. Dime lo que he de hacer.
Rituales. Dime. No preguntes,
dispón. Dejar de querer. Sin
respuestas. Sin voluntad. Para estar
aquí. Más. Cuéntame una historia
que no tenga final. Que no
tenga principio. No preguntes,
dispón. Partir, quedar, contar.
No dejes de contar.

Dime qué fue de mí.


Chantal Maillard 
(Hilos)

lunes, 25 de abril de 2011

¿Borges? A mí, no. / A. Gándara


A todo el mundo que conozco le gustan los cuentos de Borges. A todo el mundo que he conocido, también. A mí, no. Algo de malo hay en mí (espero). En una discusión con amigos me proponen leer Emma Zunz, a ver si me entero. Me lo leo y resulta que es la historia de una chica que decide vengar a su padre y lo venga. El tema, en cambio, trata de una chica que decide vengar a su padre y lo venga. El desarrollo del argumento, por el contrario, habla de una chica que decide vengar a su padre y lo venga. Pero el verdadero asunto gira en torno a una chica que decide vengar a su padre y lo venga. El lector asiste perplejo al desencadenamiento de una acción que consiste en que una chica decide vengar a su padre y lo venga. Finalmente se descubre que una chica decidió vengar a su padre y lo venga. Así que reflexiono profundamente.

Pregunta procedente: ¿qué hace que una chica decida vengar a su padre? ¿O es una cosa que pasa mucho? Según Borges, la cuestión es intrascendente, porque lo que importa en realidad es que cuando una chica decide vengar a su padre, lo venga. Justificados de este modo acción y personaje, podemos deducir, a fuer de profundos y de ponernos pesados, que la hija decide vengar al padre, porque el padre era su padre y la hija era su hija. En otras palabras, que la paternidad lo es todo, así como lo es la venganza filial. Cada vez que maltraten a tu padre a ti te va a salir una vena vengadora. Ojo con lo que haces a los padres, ya que los hijos se vengarán. Se unen de este modo venganza y figura paterna, que desde Edipo a Puerto Hurraco fundan la psicología occidental. Para que la cosa no parezca lo que es, Borges remata el cuento con su proverbial sabiduría: “la historia era increíble, pero sustancialmente era cierta. Sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. Y los CSI de Miami, sin enterarse. ¿Qué querrá decir? ¿Qué matar es matar y que sólo cambian los muertos, las circunstancias y la hora? A mí nunca se me habría ocurrido. Aunque no es menos cierto que me falta sensibilidad para la captación de obviedades universales.

A lo mejor todo lo anterior da igual y lo que importa es el lenguaje, tan inspirado. Extraigo algunas perlas: creciente oscuridad, profana incredulidad, singular alivio, infames avenidas, indiferente recova, desorden perplejo, último crepúsculo agravado, insípido trajín, barrios decrecientes y opacos, firme revólver, intrépida estratagema, considerable cuerpo, brusca sangre, etcétera y etcétera y etcétera. Cielos, qué envidia. Por qué no confesar que yo nunca hubiera acertado con tanta expresividad. Aún más: nunca me hubiera atrevido a publicarla. Juntándolo con lo anterior termino por descubrir la diferencia entre un genio y yo, a saber, la falta de valor. Triste y resignada verdad que no quiero sustraer a mis lectores. Ahí tenemos la razón por la que no me gustaban los cuentos de Borges. A mí, perplejo cobarde de agravado resentimiento.

“De Borges otros cuentos” Alejandro Gándara.

Fuente: Mi reino por un caballo




Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges

Ícaro / J. A. Valente


ÍCARO

Sobre la horizontal del laberinto
trazaste el eje de la altura
y la profundidad.
Caer fue sólo
la ascensión a lo hondo.

José Ángel Valente.

Otrerías


De un tiempo a esta parte prefiero
recibir los bastonazos en cabeza ajena.
Será por la edad.

ELOTRO

domingo, 24 de abril de 2011

Richard Serra



Uno de los primeros recuerdos que conservo es aquel en que cruzaba en coche con mi padre, mientras el sol comenzaba a salir, el puente colgante de San Francisco. Íbamos a unos astilleros, donde mi padre trabajaba como tubero, a ver la botadura de un barco. Era el día de mi cumpleaños, en otoño de 1943. Había cumplido cuatro años. Cuando llegamos, el casco de acero negro, azul y naranja del petrolero estaba nivelado sobre una cuna. Era desproporcionadamente horizontal, y para un niño de cuatro años tan grande como un rascacielos tumbado sobre un costado. Recuerdo que recorrí el arco del casco con mi padre, contemplando la gigantesca hélice de bronce asomando entre los puntales. De pronto, en un súbito despliegue de actividad, las escoras, puntales, calzos de madera, pértigas, perfiles, cuñas de quilla… todos los materiales de contención fueron retirados, se soltaron los cables, se liberaron los grilletes de la proa.



Había una total falta de lógica entre el desplazamiento de un tonelaje tan enorme y la rapidez y habilidad con que se llevaba a cabo la labor. En cuanto el andamiaje fue desmantelado el barco se movió rampa abajo hacia el mar, acompañado de un creciente estruendo de celebración, de chillidos, de sirenas, de gritos y silbidos. Liberado de sus puntales, los troncos rodando, el barco abandonaba su cuna con un movimiento cada vez mayor. En un momento de intensísima ansiedad, el petrolero en ruta, vibrando, balanceándose se inclinó hacia delante y se precipitó al mar, medio sumergido, para inmediatamente emerger y elevarse hasta encontrar su equilibrio. No sólo el petrolero había conseguido recuperarse; todo el gentío que observaba se recuperó también al comprobar cómo el barco, momentos antes un peso enorme e inerte, se transformaba en una estructura libre y flotante, a merced de las aguas. Toda la materia prima que necesito está contenida en este recuerdo, que se ha convertido en un sueño recurrente.




El peso es para mí un valor esencial; no es que sea más atractivo que la ligereza, pero sencillamente sé más sobre lo pesado que sobre lo ligero, y por tanto tengo más cosas que decir sobre ello, más que decir sobre el equilibrio del peso, la disminución del peso, la adición y sustracción del peso, la concentración del peso, la manipulación del peso, la contención del peso, el emplazamiento del peso, la retención del peso, los efectos psicológicos del peso, la desorientación del peso, el desequilibrio del peso, la rotación del peso, el movimiento del peso, la direccionalidad del peso, la forma del peso. Tengo más que decir sobre los constantes y minuciosos reajustes del peso, más que decir sobre el placer derivado de la exactitud de las leyes de la gravedad. Tengo más que decir sobre el procesado del peso del acero, más que decir sobre la fundición, el taller de laminación y los altos hornos.



Es difícil expresar ideas sobre el peso utilizando objetos de la vida diaria, pues la labor sería infinita; hay una imponderable inmensidad que pesar. Sin embargo, puedo dejar constancia de la historia del arte como una historia de la singularización del peso. Tengo más que decir sobre Mantenga, Cézanne y Picasso que sobre Botichelli, Renoir y Matisse, aunque admiro lo que me falta. Tengo más que decir sobre los monumentos infundidos por la muerte, más que decir sobre el peso, densidad y concreción de innumerables sarcófagos, más que decir sobre tumbas y enterramientos, más que decir sobre Miguel Ángel y Donatello, más que decir sobre arquitectura inca y micénica, más que decir sobre el peso de las cabezas olmecas.




Todos estamos condenados y coaccionados por el peso de la gravedad. Sin embargo, Sísifo empujando infinitamente el peso de una roca montaña arriba no me atrae tanto como la labor del incansable Vulcano en lo más profundo de un cráter humeante, golpeando y dando forma a la materia bruta. El proceso constructivo, la concentración y el esfuerzo diario me fascinan más que cualquier revelación, más que cualquier búsqueda de lo etéreo. Todo lo que elegimos en la vida por su ligereza se revela en poco tiempo como un peso insoportable. Estamos enfrentados al miedo de ese peso: el peso de la represión, el peso de la coacción, el peso del poder, el peso de la tolerancia, el peso de la decisión, el peso de la responsabilidad, el peso del desastre, el peso del suicidio, el peso de la historia, que corroe y erosiona los significados hasta reducirlos a una estudiada estructura de ligereza aprehensible. El saldo de la historia: la página impresa, el parpadeo de la imagen, siempre incompleto, fragmentado, siempre dejando a un lado parte del peso de la experiencia.



Es esta la diferencia entre el peso prefabricado de la historia y la experiencia directa lo que evoca en mí la pulsación de hacer cosas que no se han hecho antes. Intento confrontar una y otra vez las contraindicaciones de la memoria y limpiar de nuevo la pizarra, confiar en mi propia experiencia y mis propios materiales, aun cuando me enfrente a una situación que esté más allá de cualquier esperanza de éxito. Inventar métodos sobre los que no sé nada, utilizar el contenido de la experiencia para que se revele como algo conocido, para después cuestionar la validez de esa experiencia y por tanto retarme a mí mismo.

Richard Serra.

Fuente: Mi reino por un caballo

martes, 19 de abril de 2011

Sebald sobre Handke


(Pasajes sobre) BAJO EL ESPEJO DEL AGUA
El relato de Peter Handke del miedo del portero.


(…) Handke, cuya exactitud analítica se sabe tributaria de la tradición austríaca del escepticismo hacia el lenguaje y, especialmente, de Wittgenstein, demuestra, mediante la desintegración “patológica” de la capacidad de hablar de su personaje, que la dimensión del lenguaje nunca puede sobrepasar la realidad, sino siempre, únicamente, rodearla. Por ello, cuando la realización verbal no hace más que duplicar aquello de lo que se trata, la visión patológica que lo anota todo de forma continua, aunque sólo sea mentalmente, es, como aclaran los pasajes que siguen, la forma más precisa de percibir y, como tal, algo de lo que dependemos para la transcripción literaria del mundo.
“Vio cómo dos campesinos se daban la mano en la puerta de una tienda; tenían las manos tan ásperas que oía cómo raspaban al contacto. En la carretera asfaltada había huellas embarradas de tractores que venían de los caminos vecinales. Vio que una mujer anciana estaba inclinada delante de un escaparate con el dedo en los labios. Los aparcamientos delante de las tiendas se iban quedando vacíos; los últimos clientes entraban ya por la puerta trasera. “La espuma” “se resbalaba hacia abajo” “por los escalones de la puerta cochera”. “Detrás” “de la luna de los escaparates” “había” “colchones de plumas”. Metían de nuevo las pizarras negras de los precios en el interior de las tiendas. “Los pollos” “picoteaban” “las uvas caídas por el suelo”. Los pavos se acurrucaban pesadamente en las jaulas de alambre de los huertos de frutas. Las estudiantes de magisterio salían por la puerta con las manos apoyadas en las caderas. En la oscura tienda, el comerciante estaba en silencio detrás del peso. “Encima del mostrador” “había” “trocitos de levadura”.”
La mirada que anota, que trata de verificar en la realidad y en cada uno de sus componentes lo que el lenguaje le permite saber, conduce, como muestran sin más las frases citadas, a una especie de recapitulación evocadora. La tautológica relación entre lenguaje y realidad, de la que tanta conciencia tiene quien habla para sí, revela que esa persona no posee en las cosas que la rodean más que el eco de sus propias ficciones.
Del grado de comprensión de ese dilema depende quizá si el discurso se extingue en un murmullo autista consigo mismo o pasa a la metaficción de un texto literario. (…)


La sintomatología de la alienación, que Handke desarrolla en su historia del miedo del portero, se ocupa sobre todo, más allá de la falta de fiabilidad de la realidad reflejada en el lenguaje, de la experiencia sensorial de una existencia cortada de su contexto social. La resonancia del espacio vacío donde el individuo aislado se imagina expuesto amplifica aún más los ruidos que registra una sensibilidad exacerbada al máximo. El oído de Bloch es tan sensible que “durante un buen rato le pareció que en la mesa de al lado no ponían las cartas tranquilamente sobre la mesa, sino que hacían un ruido terrible, y detrás de la barra no dejaban caer la bayeta en el fregadero, sino que la arrojaban con fuerza y se oía una especie de ¡bum!; y la hija de la posadera, que llevaba unos zuecos de madera, no caminaba normalmente sino que hacía un ruido trepidante; el vino no caía en los vasos, sino que hacía gárgaras y de la máquina tocadiscos no salía música, sino truenos”. El fenómeno de la alucinación, que para la comprensión normal parece el síntoma más inexplicable de los estados patológicos, se hace comprensible por las reacciones desproporcionadas de una sensibilidad extrema. (…)



La otra cara es la lección que el carabinero le da en la técnica de vigilancia, indispensable para su profesión.
“Cuando se enfrenta uno a alguien… es importante mirar al otro a los ojos. Antes de que eche a correr, sus ojos indican la dirección en que lo hará. Pero al mismo tiempo hay que observar también sus piernas. ¿En qué pierna se apoya? Se echará a correr en la dirección que señala la pierna en que se apoya. En el caso de que el otro quiera engañarte y no vaya a echarse a correr en esa dirección, tendrá que cambiar la pierna de apoyo justamente antes de echarse a correr, y en esta operación perderá tanto tiempo, que mientras tanto se le puede echar uno encima.”  (…)


Las fotografías que el sujeto que sabe su existencia amenazada se ve obligado a hacer ininterrumpidamente de los objetos y sucesos de su entorno, tienen, con independencia de su especial función de seguridad para el individuo perturbado, la significación más amplia de que también el registro artístico de la realidad “vida” sólo puede realizarse en la bidimensionalidad de la imagen o del texto.  (…)
La historia de una alineación que presenta el relato de Handke es en definitiva idéntica a la búsqueda silenciosa y articulada por el autor de la destrucción de la infancia de que se trata. La efímera fama de Bloch como portero, que quizá lo ayudó durante cierto tiempo a superar la dificultad del recuerdo, sería entonces una paráfrasis de la fama literaria de Peter Handke. (…)


W. G. Sebald  (Pútrida patria)

Hay ciudades... / M. Benedetti




TANTAS CIUDADES

Hay ciudades que son capitales de gloria
y otras que son ciudadelas del asco

hay ciudades que son capitales de audacia
y otras que apenas son escombreras del miedo

pero aun sin llegar a esos extremos
en unas y otras hay rasgos comunes

el puerto / la avenida principal /
callejón de burdeles / la catedral severa

monumentos donde dejan sus flores
ex tiranos y sus máscaras de odio

hay suburbios que ocultan la otra cara
la miserable la mendiga

metrópolis de atmósfera viciada
y otras que apenas tienen un smog espiritual

ciudades con sus mafias barrasbravas y sectas
y otras con angelitos ya pasados de moda

pero aun sin llegar a esos extremos
ostentan atributos compartidos

por ejemplo el deber de estar alegres
durante el carnaval de fecha fija

y mostrarse llorosas y agobiadas
el día de difuntos o en su víspera

o estar enamoradas y tiernísimas
el st.valentine’s day que trajeron del norte

hay ciudades que osan defenderse
de la hipocresía y el consumismo

y otras que se entregan indefensas
al consumismo y la hipocresía

ciertamente ninguna ciudad es tan infame
ni tan espléndida o deslumbrante

tal vez una y otra sean de fábula
pensadas desde cierta soledad ominosa

pero aun en las franjas de quimera
en los puntos que nacen del desvelo

hay ciudades para vivir / y otras
en las que no querría ni caerme muerto

Mario Benedetti

Otrerías



Tal y como se están poniendo las cosas en nuestra Spain cabe pensar que no sería descartable que un día de estos y, así como el que no quiere la cosa, algún cargo electo de cualquier partido del arco parlamentario se pueda atrever -llevado por algún grosero ataque de intemperancia- a plantear de forma irresponsable y desafiante, alguna duda sobre algo.

ELOTRO

lunes, 18 de abril de 2011

Canetti sobre Babel




Los diarios de Babel del año 1920. Se colige de ellos que Babel no pasaba por judío entre los judíos que conoció en el regimiento de caballería de Budjonny.
Los diarios, que luego dieron pie a sus relatos, contienen muchas cosas; la vida que llevó entre los cosacos durante la guerra fue una vida salvaje y plena. Los relatos parecen más ricos y espontáneos. Sólo el recuerdo confiere auténtica espontaneidad a la experiencia.
Babel fue apresado en 1939 y fusilado ya en 1940 en la Lubianka.
Lo leí por primera vez hace más de sesenta años. Y mi admiración por él no se ha visto mermada por nada de lo que he leído después.
De todos los autores rusos modernos es el que siento más próximo. Ahora veo que no me equivocaba al recordar su profundo respeto por Gogol y su veneración por Maupassant. Pero de Dostoievski y Tolstoi apenas me habló.

Lo visto en Babel es su mundo, tal y como surge.
Lo oído en él son los judíos. Lo específico de sus narraciones es el modo en que lo visto se mezcla con lo oído.
La forma en que se esconde de los judíos, a los que no pertenece menos que a Gorki, un ruso, o al francés Maupassant. Al fin y al cabo, les ofrece una madre judía, vínculo que lo hace totalmente incomprensible para ellos.




No hay nada más ajeno a Babel que la guerra. Precisamente por eso habrá de exponerse a ella. Lo que para los cosacos es alegría salvaje, para él es tortura. Pero ha de verla en todos sus detalles, a sus ojos la tortura no es una nimiedad.
En el diario, lo visto se reproduce a veces con excesiva fidelidad, en los relatos, nunca.
La manía persecutoria de Babel comienza pronto debido a los pogromos. Trata de escabullirse participando en la revolución. Se involucra en la guerra y precisamente por ello se acerca a los pogromos. El contenido de sus relatos le granjea la enemistad de importantes personalidades de esa guerra. Y allí comienza su ruina a manos de los esbirros de la revolución. Desde que publica “Caballería roja” hasta su fin, no deja de luchar por su vida. Se gana la confianza de los responsables de la persecución, frecuenta a su jefe. Sabe lo que le espera. Sabe, también, que es por escribir. Su escritura se ve paralizada por ello, y trata de ocultarlo tras una prosa evasiva y artificial. Inconcebible el terror bajo el que debió vivir. Lo ve todo claramente. Incluso en prisión se preocupa por sus manuscritos. Constituyen el texto del peligro. De no haber escrito, probablemente habría conservado la vida.



Elías Canetti

¿Adónde va el amor... / Luis Cernuda




PREGUNTA VIEJA, VIEJA RESPUESTA

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
Es quien hoy te responde.

Es otro, al que unos años más de vida
Le dieron la ocasión, que no tuviste,
De hallar una respuesta.

Los juguetes del niño que ya es hombre,
¿Adónde fueron, dí? Tú lo sabías,
Bien pudiste saberlo.

Nada queda de ellos: sus ruinas
Informes e incoloras, entre el polvo,
El tiempo se ha llevado.

El hombre que envejece, halla en su mente,
En su deseo, vacíos, sin encanto,
Dónde van los amores.

Mas si muere el amor, no queda libre
El hombre del amor: queda su sombra,
Queda en pie la lujuria.

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
Es quien hoy te responde.

Luis Cernuda

Otrerías


Delata lo que falta en la lata.

ELOTRO

Susan Sontag



Diarios

Susan Sontag (Nueva York, 1933-2004)



12/8/56
(...)
En el matrimonio, cada deseo se convierte en una decisión

18/11/56
Un Proyecto- Notas sobre el matrimonio
El matrimonio se funda en el principio de inercia.
Proximidad con falta de afecto.
El matrimonio es todo comportamiento privado -no público.
La pared de cristal que separa una pareja de la otra.
La amistad en el matrimonio. La suave piel del otro. (...)


3/01/57
Ideas para relatos-
Un célebre judío emigrado -erudito/teólogo, a la sazón "caballero" de Harvard. Recibe un premio en Alemania. Va a negociar en nombre de Harvard a la biblioteca de un viejo judío -un empresario dueño de una célebre colección de autógrafos: había hecho una pequeña donación al Museo Kaiser Wilhelm justo antes de la guerra. Cuando llegó 1939 los nazis pusieron la colección en sótanos + precintos en la puerta, pero se le permitió al individuo permanecer en la casa. En 1944 llegaron los bombarderos ingleses y estadounidenses, + destruyeron la mayoría de las casas en la zona, pero esta casa sigue en pie.

Encuadrar el relato

Contado en estilo abstracto -con tan pocos hechos como sea posible

Modelo: Kafka

5/1/57
(...)
Notas sobre el matrimonio

¿Para ser presentado a mis bisnietos, en mis bodas de oro? "Bisabuela, tú tenías sentimientos?" "Sí. Era una enfermedad que contraje en mi adolescencia, pero la superé".

(...)
De ahora en adelante voy a escribir cada maldita cosa que se me pase por la cabeza.
(...)
Tengo diarrea de la boca y estreñimiento de la máquina de escribir.

No me importa si es pésimo. La única manera de aprender a escribir es escribiendo. La excusa de que lo que se está contemplando no es lo suficientemente bueno.



2/1/58
Pobre eguito, ¿cómo te sientes hoy? No muy bien, me temo -algo magullado, adolorido, traumatizado. Oleadas ardientes de vergüenza, y todo aquello. Nunca me ilusioné con que ella estuviera enamorada de mí, pero sí supuse que yo le gustaba.

6/1/58
Harriet vuelve; se reanudan los juegos del sexo, el amor, la amistad, las bromas, la melancolía. Me habla de un tiempo lujurioso, espléndido en Dublín. ¡Dios, es hermosa! Y es difícil estar con ella, incluso en el ámbito de su propio doblez. Egoísta, nerviosa, burlona, aburrida de mí, aburrida de París, aburrida de sí misma.




15/4/58
Después de dos semanas en España (Madrid, Sevilla, Cádiz, Tánger) estoy de vuelta en París
… ¿Por qué no llevé conmigo este diario? Porque sabía que Harriet llevaría el suyo, y me pareció muy grotesca la imagen de las 2 compartiendo alguna habitación de hotel mientras escribíamos la una frente a la otra -elaborando nuestras identidades privadas, pintando nuestros infiernos privados.

(...)
...La corrida de Sevilla, el modo en que se me revolvieron las tripas cuando el primer toro cayó en la arena. El martes en Madrid, el modo en que las pinturas de El Bosco y la música flamenca bulleron toda la noche en mi cabeza
… los cascos de estilo nazi de los soldados que marchaban en algunas de las procesiones sevillanas. (...)

(...) Cádiz fue la ciudad más hermosa que vi en España -el centro muy aseado y moderno y con una hermosa y triste quietud de pobreza a lo largo del rompeolas. Una ciudad de atractivas pero modestas plazas, muchas estrechas calles peatonales, niños y marineros, y el mar, y el sol.



4/7/58
¿Qué diferencia puede haber entre la situación de una persona cuerda mientras el resto del mundo estaba loco, y la de una persona loca mientras todos los demás están cuerdos?

Ninguna.

Su situación es la misma. La locura y la cordura son iguales, aisladas.
(...)

19/11/59
La llegada del orgasmo ha cambiado mi vida. Estoy liberada, pero no hay que decirlo así. Más importante: me ha cerrado, ha cancelado posibilidades, ha logrado que las opciones sean claras y definidas. Ya no soy ilimitada, es decir, nada.

15/9/62
La sexualidad femenina: dos tipos, la que responde + la que inicia. Todo sexo es a la vez activo (con la dinamo dentro de una misma) + pasivo (la entrega).

El miedo a lo que la gente piense -no el temperamento natural- causa que la mayoría de las mujeres sean dependientes de ser deseadas antes de desear.
(...)

3/12/61
El miedo a la vejez surge del reconocimiento de que no se está viviendo ahora la vida que se quisiera. Equivale en un sentido a vilipendiar el presente.