martes, 31 de mayo de 2011

15-M: Instrucciones de uso (2)






Pero hay los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht


Asambleas en todas las plazas…(acabo de escuchar que ya son 630 acampadas; la semana pasada estuve en París y ya se ha liado en La Bastilla, en fin…el sentido del humor que no falte) y el fuego se va extendiendo… el fuego de las miradas que se encuentran…y el asombro de la gente que comparte…y la ilusión de estar menos solos… y es que no era normal coño…y cuando la palabra compañero te abraza… y sigue abrazando y danzando… y la determinación de luchar unidos, pacífica y democráticamente… y sobre todo SIN MIEDO.

(Hasta que estos jóvenes, los impulsores del 15-M, no han escrito la palabra “miedo” en un cartel político, nadie en todo el arco parlamentario, ni del poder ni de la oposición, la había utilizado nunca en este país, la palabra, digo.
Sin embargo, la monarquía, la OTAN, las leyes electorales, el estatuto de los trabajadores y las reformas laborables, las privatizaciones, la progresiva destrucción de la educación y la sanidad públicas, de todo “lo público”, la implantación de un ejercito de parados “fijos” como “amenaza permanente e intimidatoria” para el que “disfruta” de una nómina, el plan Bolonia, las ETT, el silencio sobre los crímenes del franquismo…en definitiva ”el miedo a” ha sido en todos los casos el ingrediente principal de la vaselina con la que nos han ido encasquetando “el paquete capitalista” a la gran mayoría de la sociedad, desde que perpetraron la infausta TRANSICIÓN.
Conviene recordar, ahora más que nunca, que esto es así porque “venció” la llamada “Reforma”, propugnada por los ex franquistas, y apoyada por el PSOE y el PCE –y el amigo americano-  y fuimos “derrotados” aquellos que defendíamos la “Ruptura Democrática” con la dictadura. Es decir el corte de amarras con el pasado fascista. Desde entonces, los “vencedores” han escrito mil libros sobre la “ejemplar” e “inmaculada” Transición y ni uno sólo cuenta… pero todo se andará.)




Parece ser que esto que ocurre, el formidable vendaval democrático que está tomando por asalto el cielo de las plazas de todo el Estado, lo empezaron, según he leído en “periodismo humano”, 40 jóvenes de muy distinta procedencia social, formación e ideología, alguno incluso se definía apolítico, pero que, mire usted por donde, descubrieron que compartían el mismo estado de hastío, rabia, impotencia, frustración, kabreo y asco por la situación social y política a la que los llamados “Poderes del Estado”, con su avaricia insaciable, han llevado a este país. Y lo que es más importante, coincidían en el deseo y la imperiosa necesidad de “hacer” algo, de salir a la calle para “revolucionar” este estado de cosas. Cuarenta “ilusos”, ¡benditos ilusos!,  que plantando juntos su saco de dormir aquella madrugada en la Puerta del Sol han logrado DESPERTAR a cuarenta millones, incluidos los que se han tenido que marchar a cualquier punto del globo para poder ganarse la vida…no es que sea la Gran Marcha, pero no me negarán que se ha convertido en una Gran Acampada…y hermosa a reventar. Así, por lo menos, la veo yo.
Si no de qué la portada del Washington Post, que, por otra parte a nosotros no nos sirve de nada pero a la gentuza que nos putea les jode cantidad…el look, digo.



Ahí es nada, el “matrimonio” entre el poder financiero y el seudo-poder político, que tanto monta, han conseguido que un joven de clase media alta con “ipad” y un joven de clase baja tirando a subterránea; un profesional de la medicina o de la educación; un investigador y un albañil; un parado de larga duración y un aspirante a primer empleo; un ama de casa hipotecada y una abogada sin casa; un joven, un perro y una flauta, pierdan el miedo y… lleguen a la misma conclusión y lo griten a los cuatro vientos: ¡Lo llaman democracia y no lo es!. Lo que se padece es, sin ninguna duda, una descarada dictadura de los bancos gestionada por lacayos depredadores de una vileza extrema: políticos, jueces, sindicalistas y sus omnipresentes medios de desinformación y propaganda.
Los chavales lo han dicho alto y clarito: “No somos antisistema es el sistema el que es antinosotros”. Eso mismo piensa la mayoría de la sociedad expoliada, humillada y ninguneada por sus “teóricos” representantes. Eso piensan los millones de parados. Eso piensan los millones de funcionarios. Eso piensan los millones de estudiantes. Eso piensan los millones de jubilados. Eso piensan los millones de mujeres en paro o discriminadas en sus condiciones laborables. Eso piensan…todo el mundo menos “ellos” y sus insignes sirvientes o beneficiarios (véase la Iglesia católica), que también hay unos cuantos.



Pero ahora se trata de que este movimiento eche raíces y se desarrolle. Hay quien piensa, ya tardaban, que es un simple episodio de indignación juvenil de carácter reformista y que será rápidamente sofocado. Aunque no dudo de que algunos de los que sostienen este criterio son gentes a las que les gustaría equivocarse, debo decir que la mayoría de ellos son “teóricos” que no se han “movido” en su vida, no conocen la experiencia práctica y su vara de medir es la misma que la de “ellos”, es decir, la estadística, lo cuantitativo, lo previsible, lo fácilmente mensurable en un papel…así les pasa, que a los más expertos y reputados analistas y observadores se les cae el Muro de Berlín y ellos sin enterarse y presumiendo de Rolex y cuando van a setas se les cae Egipto, Túnez, Yemen…en fin. 
Nosotros a nuestro deseo “iluso”, ya me entienden. Lo más difícil ya está hecho. Lo más difícil queda por hacer. Por eso, no es imposible. Existe el riesgo de la represión policial, las dificultades logísticas y organizativas, las divisiones, las infiltraciones (que ya se habrán producido, ¡ojo!), el boicoteo, el cansancio… No es fácil que nazca lo nuevo porque lo viejo, llamémoslo “Botín”, tiene en sus manos todos los resortes del poder y los emplea a conciencia, y se resiste, y ya veréis de qué modo, y con que tretas y, llegado el caso, con que violencia, a compartir el timón y el botín. Lógico, teniendo en cuenta lo que han logrado amasar los muy truhanes.



A continuación, y que conste que ya sé que no tiene ningún mérito, voy a ejercer de vidente “iluso”:
Una vez más tratarán de diluir las legítimas reivindicaciones en la sopa mágica de la “Reforma”, aunque Herr Rubalcaba el “nuevo” (¿no os suena a güasa? ¿qué tiene de nuevo éste pájaro que lleva treinta años en el poder?) candidato lo llama “el cambio” ¿Cuántos cambios llevan sin haber cambiado nada?.
Dirán, cualquiera de las dos grandes maquinarias electorales, que algunas de las cuestiones planteadas por el 15-M parecen razonables (y así tratarán de provocar disensiones dentro del movimiento) y que en cuanto se inicie la salida de la “crisis global”, podrán ser convenientemente abordadas y corregidas. Dirán que no hay que ser extremistas y cuestionar “la democracia” por el mero hecho de que existan pequeños “fallos” en el sistema. Dirán que nunca hemos tenido en nuestra historia tantos años de “paz (otra vez utilizarán el miedo) y progreso económico”. Dirán que no debemos “cuestionar” a las instituciones democráticas por el simple hecho de que una minoría de sus componentes actúen como  “ineptos” o “corruptos”. Dirán…
En fin, creo que ya sabéis de sobra lo que dirán…aunque debemos de contar, y esto también es inevitable dado el poder de manipulación ideológica que poseen, con que muchos incautos, algunos lerdos y la mayoría de los mansos volverán a confiar en ellos y morderán una vez más el anzuelo y les servirán de coartada cuantitativa. Pero bueno, pasito a pasito…que, aunque quedar queda, queda menos y eso es lo que los tiene seriamente preocupados por primera vez en estos últimos 34 años. Así lo veo yo, que aunque repetidamente derrotado, no les he quitado el ojo de encima en ningún momento; y creo saber lo que me digo.



Si miramos la historia, disculpad el engolamiento, observamos que los cambios nunca han sido fáciles, (acabo de escuchar que la Merkel ha firmado, la muy oportunista,  el definitivo “apagón nuclear” en Alemania) ni rápidos,  ni cómodos de realizar, algunos huevos hay que romper, (las revoluciones, ¡las rupturas!, es lo que tienen)  y que los poderosos privilegiados del régimen decrépito no ceden, por las buenas, nada de nada. No soltarán ni el timón ni el botín. Así que lo más probable es que haya que retorcerles un poco el brazo. Me pido primer. Democráticamente, digo. Vaya a ser que piensen que tengo algo personal contra ellos…

ELOTRO

Panero



XIII

EVOCACIÓN
¡Ah, quién hubiera podido vivir aquella época hoy tan lejana, haber sido una muchacha pálida que tocase el piano y en los atardeceres bordase en el bastidor, esperar a un novio detrás de un visillo que se estremeciera cuando él pasase, tener una caja de música llena de valses tristes, llamar a un muchacho a la luz de una vela “caballero”, y recitar versos que se perdieran entre la hiedra de las ventanas!

CAPITÁN MARVEL, ¿DÓNDE ESTÁS?

Leopoldo María Panero  (Así se fundó Carnaby Street)

Otrerías

lunes, 30 de mayo de 2011

Tony Judt

Noche


Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig. Los trastornos neuromotores no son raros, ni mucho menos: es un término que engloba la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y una variedad de enfermedades de menor gravedad. Los rasgos distintivos de la ELA -la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares- son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro.
Y ahí me quedo: vendado, miope e inmóvil como una momia moderna, solo en mi prisión corporal
Nadie es capaz de comprender la sensación de aislamiento y encierro que impone esta enfermedad a sus víctimas
En la práctica, la ELA constituye una prisión progresiva sin fianza. Primero, uno pierde el uso de un dedo o dos; luego, de una extremidad; luego, y de forma casi inevitable, de las cuatro. Los músculos del torso se adormecen hasta casi el letargo, un problema práctico desde el punto de vista digestivo, pero que, además, pone en peligro la vida, porque la respiración se vuelve al principio difícil y luego imposible sin la ayuda externa de un aparato con un tubo y una bomba. En las modalidades más extremas de la enfermedad, relacionadas con la disfunción de las neuronas motoras superiores (el resto del cuerpo funciona gracias a las llamadas neuronas motoras inferiores), tragar, hablar e incluso controlar la mandíbula y la cabeza se convierten en cosas imposibles. Yo no sufro (todavía) este aspecto de la enfermedad; si no, no podría dictar este texto.
De acuerdo con mi fase de deterioro actual, soy un tetrapléjico. Con un esfuerzo extraordinario, puedo mover un poco la mano derecha y cruzar el brazo izquierdo unos 15 centímetros a través del pecho. Mis piernas, aunque se bloquean cuando estoy de pie el tiempo suficiente para que el enfermero me traslade de una silla a otra, no soportan mi peso, y sólo me queda movimiento autónomo en una de ellas. De modo que cuando tengo las piernas y los brazos en una posición concreta, ahí se quedan hasta que alguien me los mueve. Lo mismo me ocurre en el torso, con el resultado de que tengo la molestia constante de un dolor de espalda debido a la inercia y la presión. Como no puedo usar los brazos, no puedo rascarme, colocarme las gafas, quitarme restos de comida de los dientes ni ninguna de todas esas cosas que hacemos -como se darán cuenta si lo piensan un momento- docenas de veces al día. Por decirlo suavemente, dependo por completo de la bondad de los demás.
De día, por lo menos, puedo pedir que me rasquen, me coloquen, me den de beber o simplemente me muevan las extremidades sin razón alguna, porque la quietud forzosa durante horas no sólo es incómoda desde el punto de vista físico, sino prácticamente insoportable desde el punto de vista psicológico. Uno no pierde el deseo de estirarse, agacharse, ponerse de pie, tenderse, correr o incluso hacer ejercicio. Pero, cuando le entran ganas, no puede hacer nada -nada- más que buscar algún mínimo sustitutivo o encontrar una manera de reprimir la idea y el consiguiente recuerdo muscular.
Lo malo es cuando llega la noche. Yo retraso la hora de irme a la cama hasta el último momento compatible con la necesidad de dormir de mi enfermero. Cuando estoy "preparado" para acostarme, me lleva al dormitorio en la misma silla de ruedas en la que he pasado las últimas 18 horas. Con cierta dificultad (a pesar de que he perdido altura, masa y volumen, sigo siendo un peso muerto considerable para quien me tiene que mover, aunque sea un hombre fuerte), me coloca en mi cama. Me sienta en un ángulo de 110º y me sujeta en mi sitio con toallas dobladas y almohadas, con la pierna izquierda vuelta hacia afuera como si hiciera ballet, para compensar su tendencia a hundirse hacia adentro. Este proceso requiere una concentración considerable. Si dejo que se quede un poco descolocada alguna extremidad o no insisto en que me alinee cuidadosamente el estómago con las piernas y la cabeza, luego sufro una agonía infernal durante la noche.


Después me tapa y me coloca las manos por fuera de la manta para darme la ilusión de movilidad, aunque también tapadas, porque tengo una sensación permanente de frío en ellas, como en el resto del cuerpo. Me rasca por última vez en alguno de los varios sitios que me pican de la cabeza a los pies; me ajusta el respirador Bipap a la nariz, incómodamente apretado para que no se me caiga por la noche; me quita las gafas... y ahí me quedo: vendado, miope e inmóvil como una momia moderna, solo en mi prisión corporal, acompañado durante el resto de la noche únicamente por mis pensamientos.
Por supuesto, tengo posibilidad de pedir ayuda si la necesito. Como no puedo mover ningún músculo, salvo el cuello y la cabeza, mi forma de hacerlo es a través de un intercomunicador infantil que tengo al lado de la cama, encendido permanentemente para que no tenga más que llamar y vengan a ayudarme. En las primeras fases de mi enfermedad, la tentación de pedir ayuda era casi irresistible: sentía que cada músculo necesitaba moverse, me picaba cada centímetro de piel, mi vejiga encontraba formas misteriosas de volverse a llenar y, por tanto, de tener que vaciarse a mitad de noche y, en general, sentía una necesidad desesperada del consuelo que representaban la luz, la compañía y el simple confort de la relación con otro ser humano. A estas alturas, en cambio, ya he aprendido a privarme de ello la mayoría de las noches, y el consuelo lo busco en mis propios pensamientos.
Esto último, aunque esté mal que lo diga, es una tarea de enormes proporciones. Pregúntense a sí mismos cuántas veces se mueven por la noche. No me refiero a ir de un sitio a otro (por ejemplo, ir al cuarto de baño, aunque eso también): simplemente, cuántas veces mueven una mano, un pie, con cuánta frecuencia se rascan varias partes del cuerpo antes de caer dormidos, de qué forma tan inconsciente cambian de posición ligeramente hasta encontrar la más cómoda. Imaginen por un instante que se ven obligados a yacer absolutamente inmóviles, boca arriba -que no es la mejor postura para dormir, desde luego, pero es la única que puedo tolerar- durante siete horas ininterrumpidas, y que tienen que discurrir formas de hacer que ese calvario sea tolerable, no sólo una noche, sino el resto de su vida.



Mi solución ha sido repasar mi vida, mis ideas, mis fantasías, mis recuerdos, mis recuerdos equivocados y otras cosas semejantes hasta dar con hechos, personas o historias que puedo utilizar para distraer mi mente del cuerpo en el que está encerrada. Estos ejercicios mentales tienen que ser suficientemente interesantes para retener mi atención y ayudarme a superar un picor insufrible en el oído o en los riñones; pero también tienen que ser suficientemente aburridos para servir de preludio y ayuda al sueño. Me ha costado cierto tiempo ver que este proceso era una buena alternativa al insomnio y la incomodidad física, y no es infalible, ni mucho menos. Pero de vez en cuando me asombra, al pensar en ello, con qué facilidad parezco estar soportando, noche tras noche, semana tras semana, mes tras mes, lo que antes era una tortura nocturna casi insoportable. Me despierto exactamente en la misma postura, el mismo estado de ánimo y la misma desesperación suspendida con los que me acosté, lo cual, dadas las circunstancias, puede considerarse un triunfo importante.
El efecto acumulativo de esta existencia de cucaracha resulta insufrible, aunque encuentre la manera de superar una noche concreta. "Cucaracha", desde luego, es una alusión a La metamorfosis de Kafka, en la que el protagonista se despierta una mañana y descubre que se ha convertido en un insecto. El tema fundamental de la historia consiste tanto en las reacciones y la incomprensión de su familia como en el relato de sus propias sensaciones, y es difícil resistirse a la idea de que hasta el amigo o el familiar más generoso y cariñoso es incapaz de comprender la sensación de aislamiento y encierro que impone esta enfermedad a sus víctimas. La impotencia es humillante incluso en una crisis pasajera; imagínense o recuerden alguna ocasión en la que se han caído o han necesitado ayuda física de desconocidos. Ahora piensen en la reacción de la mente al saber que la impotencia especialmente humillante de la ELA es una condena perpetua (en relación con estas situaciones, hablamos alegremente de condenas a muerte, pero la verdad es que la muerte sería un alivio).



La mañana trae cierto respiro, aunque el hecho de que la perspectiva de cambiarse a una silla de ruedas para pasar el resto del día le eleve a uno el ánimo dice bastante del solitario viaje de la noche. Tener algo que hacer, en mi caso algo puramente cerebral y verbal, es una distracción saludable, aunque sólo sea en el sentido casi literal de que ofrece una oportunidad de comunicarme con el mundo exterior y expresar en palabras, a menudo airadas, las irritaciones y frustraciones acumuladas que me produce la debilidad física.
La mejor forma de sobrevivir a la noche sería tratarla como el día. Si yo pudiera encontrar a alguien que no tuviera nada mejor que hacer que hablar conmigo toda la noche sobre algo lo bastante distraído como para mantenernos despiertos a los dos, lo buscaría. Pero, en esta enfermedad, uno es también consciente, en todo momento, de la necesaria normalidad que tienen las vidas de los demás: su necesidad de ejercicio, entretenimiento y sueño. Así que mis noches, a primera vista, se parecen a las de otras personas. Me preparo para acostarme; me acuesto; me levanto (o, mejor dicho, me levantan). Las horas que transcurren en medio son, como la propia enfermedad, incomunicables.



Supongo que debería estar al menos un poco satisfecho de haber encontrado dentro de mí mismo un mecanismo de supervivencia de ésos sobre los que la mayoría de la gente normal sólo puede leer en historias sobre catástrofes naturales o celdas de aislamiento. Y es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria -que ya era bastante buena- ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable -me parece ahora-, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.

Tony Judt
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Vallejo / Trilce




X

Prístina y última piedra de infundada
Ventura, acaba de morir
Con alma y todo, octubre habitación y encinta.
De tres meses de ausente y diez de dulce.
Cómo el destino,
Mitrado monodáctilo, ríe.

Cómo detrás desahucian juntas
De contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo
Bajo la línea de todo avatar.

Cómo escotan las ballenas a palomas.
Cómo a su vez éstas dejan el pico
Cubicado en tercera ala.
Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas.

Se remolca diez meses hacia la decena,
Hacia otro más allá.
Dos quedan por lo menos todavía en pañales.
Y los tres meses de ausencia.
Y los nueve de gestación.

No hay ni una violencia.
El paciente incorpórase,
Y sentado empavona tranquilas misturas.

Cesar Vallejo  (Trilce)

Otrerías

domingo, 29 de mayo de 2011

Ramón



Envejecemos, sobre todo los domingos.
Ramón Gómez de la Serna
 

Naguib Mahfuz


EL TRAJE DEL PRISIONERO


El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estación de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorría los andenes incomparablemente ligero, ojeando a los clientes con sus ojos pequeños y expertos. Si alguien hubiese preguntado al Buche por su trabajo, el Buche habría echado pestes de él. Porque el Buche, como la mayoría de la gente, estaba harto de su vida, descontento con su suerte. Si hubiese sido dueño de elegir, hubiera preferido ser chófer de algún rico y vestir ropa de “effendi” y comer lo mismo que el “bey” y acompañarle a sitios selectos en todo tiempo; una manera de ganarse la vida que parecía diversión, placer.



Tenía además otros motivos particulares y razones sutiles para desear un trabajo como aquel; lo deseaba desde un día en que vio cómo el Fino, el chófer de uno de los Importantes, paraba a la Nabawiyya, la criada del comisario, y la requebraba, descarado y seguro. Incluso, una vez, oyó que le decía frotándose las manos satisfecho: “Pronto vendré con el anillo…” Y vio que la joven sonreía con arrumaco mientras levantaba el borde de la “milaya” como si lo estuviese arreglando (lo que quería es que se viera su pelo negrísimo y abrillantinado). Vio aquello y el corazón se le inflamó y los celos le mordieron dolorosamente; los ojos de ella eran sus dolores y sus enfermedades. La siguió a poca distancia y en una calleja le salió al paso aquí y allí e hizo volver a sus oídos lo que le había dicho al Fino: “Pronto vendré con el anillo”. Pero ella torció la cabeza, frunció la frente y dijo desdeñosa: “Mejor cómprate unos zuecos”. Y él se miró los pies como si fueran una sima de significados misteriosos, su “galabeyya” sucia, su “taqiyya” mugrienta y se dijo: “Este es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella”, y envidió al Fino, su trabajo y su suerte…Sólo que estas esperanzas, en lugar de apartarle de su oficio le hacían enfrascarse en él con mayor afán y satisfacer sus esperanzas con sus sueños.
Aquella tarde subió a la estación con su caja a atender al tren del crepúsculo que todavía no era más que una nube de humo en el horizonte, pero que avanzaba, se acercaba. Ya se distinguían las distintas unidades y se percibía el estrépito; ya está parado junto a los andenes…Al lanzarse a los vagones vio el Buche con sorpresa que en las puertas había centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extrañas con ojos ausentes, rotos. Preguntó y le enteraron de que eran prisioneros italianos que habían caído a montones en manos del enemigo y que les conducían a campos de concentración.


El Buche se quedó perplejo pasando los ojos por los rostros polvorientos, y luego le tomó la desilusión; cuando estuvo cierto de que aquellas caras pálidas, hundidas en la miseria y la necesidad difícilmente podrían saciar su ansia de cigarrillos… Se dio cuenta de que devoraban su caja y les repelió con una mirada irritada y desdeñosa. Pensaba darles la espalda y volver por donde había venido cuando oyó que una voz le gritaba en árabe con acento europeo: “cigarrillos”. Le echó una mirada sorprendida y desconfiada, luego frotó el dedo índice con el pulgar: “¿hay dinero?”. El soldado comprendió y contestó afirmativamente con la cabeza. El Buche se acercó cauteloso y se detuvo fuera del alcance de las manos del soldado. El soldado se quitó calmosamente la guerrera y le dijo mostrándosela: “Este es mi dinero”. El Buche quedó deslumbrado y escudriñó la guerrera gris con botones dorados entre sorprendido y ávido. Le había ganado el corazón, pero como no era un cándido ni un palurdo disimuló lo que se había levantado en él para sacar ventaja de la avidez del italiano. Con estudiada parsimonia exhibió una cajetilla y extendió el brazo para recoger la chaqueta. El soldado frunció la frente y le gritó: “¿Una cajetilla por la guerrera?... ¡Diez!” El Buche dio un respingo y se echó para atrás; su deseo recedió. Iba a irse por otro lado, pero el soldado le gritó: “Una cosa razonable… nueve… ocho…” El Buche sacudió la cabeza negando tercamente. “Entonces, siete.” Pero él sacudió la cabeza como antes y fingió que se iba. El soldado se dio por satisfecho con seis y luego bajó a cinco. El Buche hizo un gesto con la mano: nada que hacer. Se volvió hacia un banco y se sentó. El soldado le gritó enloquecido: “Ven…me conformo con cuatro…” Ni se dio por aludido, y para demostrar su falta de interés encendió un cigarrillo y se puso a fumar paladeándolo pausadamente. La desazón del soldado aumentó, se puso rabioso, parecía que el único fin de su existencia era conseguir cigarrillos. Bajó su demanda a tres, luego a dos. El Buche siguió sentado, dominando sus violentas ganas y su dolorosa impaciencia. Pero cuando el soldado hubo bajado a dos no pudo evitar un movimiento delator. El soldado, nada más verlo, extendió la mano con la guerrera: “Toma”, y el Buche no tuvo más remedio que levantarse, acercarse al tren, recoger la guerrera con ojos alegres y satisfechos y rompió sus labios una sonrisa triunfante. Dejó la caja en el banco y se puso la guerrera y la abotonó. Le quedaba ancha, pero no le importó. Estaba maravillado, feliz. Recogió la caja y empezó a cortar el andén orgulloso, transportado. Evocó la imagen de Nabawiyya envuelta en su “milaya” y murmuró: “Si me viese ahora”. Sí, a partir de ahora no me evitará ni me apartará la cara con desdén, y el Fino no tendrá motivo de qué presumir delante de mí. Aquí recordó que el fino llevaba uniforme completo, no una simple guerrera. ¿Cómo conseguir los pantalones? Caviló un tiempo, luego echó una mirada de inteligencia a las cabezas de los prisioneros que asomaban por las ventanillas del tren. El deseo le jugaba en el corazón y le inquietaba el alma cuando casi la tenía satisfecha. Se lanzó al tren pregonando decidido: “Cigarrillos, cigarrillos. Un pantalón la cajetilla si no hay dinero. Un pantalón la cajetilla”. Repitió el pregón por segunda y tercera vez. Temiendo que no comprendiesen lo que pretendía, señaló la guerrera que llevaba puesta y mostró una cajetilla. Su gesto produjo el efecto apetecido: un soldado no vaciló en quitarse la guerrera. El Buche corrió hacia él y le hizo gestos de que fuese despacio y le indicó los pantalones. El soldado se encogió de hombros desdeñoso, se quitó los pantalones y el cambio se completó. La mano del Buche se engarfió en los pantalones; casi volaba de gozo. Volvió al banco de antes y se puso los pantalones en un santiamén; estaba hecho todo un soldado italiano… ¿o le faltaba algo?... Era una auténtica pena que estos soldados no llevaran “tarbús”… ¡Pero llevan botas! Las botas le son indispensables para estar a la altura del Fino, que le amarga la vida. Cargó con la caja y se abalanzó al tren gritando: “Cigarrillos… un par de botas la cajetilla”. Como la otra vez se ayudaba de gestos… Pero antes de que diera con un cliente el tren hizo oír su pito; iba a arrancar. Se produjo una ola de agitación entre los centinelas. El manto de la sombra había cubierto los rincones de la estación; el pájaro de la noche planeaba en el espacio. El buche se detuvo desconsolado, en los ojos una mirada de aflicción y rabia. Cuando el tren se puso en marcha le vio el centinela del vagón delantero y la exasperación apareció en su cara. Le gritó, primero en inglés, luego en italiano: “Sube ligero. Tú, preso, al tren”. El Buche no entendió lo que decía y quiso consolarse remedándole, seguro de que no podía hacerle nada. El centinela gritó otra vez mientras el tren se alejaba lentamente: “Sube, te lo advierto, sube”. El Bruche apretó los labios desdeñoso y le volvió la espalda dispuesto a marcharse. El centinela crispó el puño que esgrimió amenazante, apuntó su fusil contra el inocente Buche y disparó. A la detonación, que atronó los oídos, sucedió un grito de dolor y de espanto. El cuerpo del Buche perdió el movimiento, la caja se le cayó de las manos y se desparramaron las cajetillas de cigarros y cerillas. Luego, la cara del Buche se mudó en la de un cuerpo exánime.

Naguib Mahfuz  (Cuentos ciertos e inciertos)

Traducción: Marcelino Villegas – María J. Viguera

Otrerías

sábado, 28 de mayo de 2011

Yeats



POLÍTICA

“En nuestro tiempo el destino del
hombre toma su significación en
términos políticos.”
Thomas Mann


¿Cómo puedo yo, estando allí esa joven,
Fijar mi atención
En la política romana,
En la rusa o la de España?
Y sin embargo, aquí está un viajero que sabe
De lo que habla,
Y allí un político
Que ha leído y pensado,
Y tal vez lo que dicen es verdad
Acerca de la guerra y las alarmas de la guerra;
Mas, oh, fuera yo joven otra vez
Y en mis brazos la tuviera!

William B. Yeats

Otrerías / 15-M: Instrucciones de uso (1)



Saqueando a Perec con música de Peret 
(Barcelona estem amb vosaltres).

 Ocurre que los muy cabrones ya están analizando, etiquetando, reconstruyendo, preparando los frascos de formol, despiezando…y todos los “andos” que queráis para acabar “instrumentalizando” el “asunto sol”, y las otras cien flores, con arreglo a sus intereses. Para variar.

No podemos evitar que lo hagan, vale, pero sí podemos impedir que tengan éxito en su infame pretensión. Es nuestra obligación, de ciudadanos conscientes, que no criados y lacayos,  “reflexionar, actuar, reflexionar, actuar…”, ¡aunque no sea periodo electoral! y no nos lo recomienden los medios de desinformación, y hacer lo propio desde el lugar y los intereses de los que han despertado y han dicho alto y claro: ya basta, y ya no nos representáis y ya no vamos a seguir mirando pasivamente como destrozáis nuestras vidas y jodéis nuestros sueños.
Eso de  reflexiona un día, vota al “dúo” y calla cuatro años mientras te damos por culo, ya no cuela, y eso que lo tenemos como el bebedero de un pato, (sumen las abstenciones, los blancos y los nulos), aquello de no te preocupes que ya nos encargamos nosotros: partido, sindicato, asociación…también se acabó.
Nuestra vida, nuestro trabajo, nuestra educación, nuestra sanidad…son demasiado importantes para dejarlas en manos de esta pandilla de hijos de puta (sí ya lo sé, pero es para que nos entendamos).
Este grupito de “titiriteros” corruptos, digo, en 34 años de “democracia de guiñol”  han logrado implantar un régimen con un parecido desconcertante, en el fondo y en la esencia, con una “dictadura del dinero”, agotando así todo el crédito, el depósito y la reserva, del sistema que nos impusieron en la “consensuada” transición.
Error.
Reiniciar.

*  La primera lección que debemos aprender, los que de verdad queremos cambiar radicalmente las cosas, es que cualquier iniciativa organizada que llevemos a cabo debe ser absolutamente al margen de “sus instituciones” llámense estas como se llamen, ¡ojo! con las redes sociales y las ONG, los hilos de estos siempre acaban en sus dedos. Cualquier actividad subvencionada, tutelada o sutilmente dirigida por “ellos”, acabará más temprano que tarde pudriéndose en vía muerta, neutralizados. Son expertos y tienen un curriculum muy amplio y brillante en esta tarea de desactivación social.

*  La segunda es que mucho “ojito” con los líderes, los famosillos, los piquitos de oro y los tipos carismáticos. El único líder, honesto, carismático, brillante e insobornable se llama “Asamblea”, esta es una lección histórica que no se quién les ha mostrado a estos chavales que han encabezado este movimiento, pero desde mi modesta experiencia es algo que nunca podré agradecerles lo suficiente. Si la saben conservar serán inmunes a los intentos de “descabezar” el movimiento. ¿quién puede cortarle la cabeza a toda una asamblea? Es impresionante el ejemplo DEMOCRÁTICO que han grabado en los sueños y en los corazones de la inmensa mayoría de la gente trabajadora de este país. Así de amplio, “gente trabajadora”, sólo quedan fuera los golfos que no viven de su trabajo sino de la especulación, la corrupción, el amiguismo gansteril, la estafa, la información privilegiada y las mil y una maneras que han instaurado de hacerse millonarios a costa del que sólo “trabaja, vota y calla”.



*  La tercera sería un compromiso personal, no hay que asustarse de la palabra “compromiso”, para que en el ámbito inmediato en el que cada uno se mueve, este concepto de “democracia real” con base en la asamblea, sea el único instrumento que debata, proponga y decida la postura de la mayoría de los implicados en el asunto en cuestión. Si todo el mundo opina, propone y decide con su voto, el éxito de cualquier empresa está garantizado ya que los intereses de la mayoría, salvo pandemia masoquista, siempre prevalecerán. Un ejemplo: Una asamblea de madrileños, exceptuando los estómagos agradecidos y los fanáticos de diverso pelaje, nunca privatizaría “el agua de Madrid” (El Canal de Isabel II); las marionetas de Botín, sí lo harán. Al tiempo.
Por lo tanto más nos vale espabilar. En el curro, en el barrio, en la universidad, en la asociación…allá donde se ventilen nuestras condiciones de vida, esas que determinan el transcurso de nuestros días y la de nuestros mayores y nuestros hijos, ¿qué menos que participar? ¿qué menos que opinar? ¿qué menos que escuchar? ¿qué menos que proponer? ¿qué menos que exigir que nuestro voto “sirva” para algo?
¿vas a ser tan estúpido de dejarlo todo en manos de esos miserables burócratas?
¿no hay suficientes motivos para el “compromiso democrático”?

Aquel que nos pida que le otorguemos los poderes porque ya se encarga él de todo, ese, ese es el hijoputa.

El que avisa no es traidor.

ELOTRO

viernes, 27 de mayo de 2011

Otrerías / Barcelona no está sola


Desalojo de la acampada del 15M de Barcelona STOP Se trata de “mantener la higiene”. STOP Como cualquier persona decente sabe estos niñatos de mierda son muy guarros y nos estaban poniendo la Plaza de Catalunya perdidita de preguntas incómodas y exigencias democráticas, ¿Pero quién se creen que son? STOP Los Mossos de Esquadra, como de costumbre, han sido exquisitos en el trato a estos animales subversivos, que se sentaron en el suelo de forma pacífica pero a nosotros no nos engañan y ya sabemos que lo que quieren es arruinarnos el “negociete” que tenemos montado. STOP Los Mossos de Esquadra han acabado abandonando el centro de Barcelona, no sin antes herir a manifestantes, periodistas o fotógrafos tanto con sus porras como con bolas de goma y proyectiles que han disparado contra la multitud. STOP Tras la huida de los agentes, un chico se sienta en el suelo y se echa a llorar. No le han herido, pero no puede evitar hacerlo después de ver lo que está pasando. ¡Si es que son unas nenazas! STOP. Total sólo 121 heridos leves. La próxima vez no seremos tan generosos con estos insumisos. Les daremos por culo sin Stop.

Fuente: Gabinete de prensa de la derecha de toda la vida, el idioma y la bandera es lo de menos. Nuestra puta madre viajó mucho.

(ya lo sé, pero es para entendernos).

ELOTRO

Vallejo


IX

Vusco volvvver de golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.

Busco volvver de golpe el golpe.
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades
a treintidos cables y sus múltiples
se arrequintan pelo por pelo
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,
y no vivo entonces ausencia,
                                                ni al tacto.

Fallo bolver de golpe el golpe.
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo
de egoísmo y de aquel ludir mortal
de sábana,
desque la mujer esta
    ¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente.
Y hembra es el alma mía.

Cesar Vallejo   (Trilce)

Precipicios (44)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho,  voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero, oriundo de Bremen, que se había radicado inicialmente en Hull. Gracias al comercio, poseía un considerable patrimonio, y, al abandonar los negocios, vino a vivir a York, donde casó con mi madre, que pertenecía a una distinguida familia de la región, de nombre Robinson, razón por la cual yo fui llamado Robinson Kreutznaer. Sin embargo, en virtud de la usual adulteración de las palabras en Inglaterra, ahora se nos llama, más aún, nosotros nos damos el nombre y firmamos Crusoe, y así me han llamado siempre mis compañeros.
Tuve dos hermanos: el mayor, teniente coronel de un regimiento inglés de infantería destacado en Flandes, que antes había estado al mando del famoso coronel Lockhart, fue muerto en la batalla de Dunkerque contra los españoles. En cuanto a mi segundo hermano, nada he sabido de él, como tampoco mi padre y mi madre supieron nunca qué había sido de mí.
Siendo el tercer hijo de la familia, y no estando preparado para oficio alguno, mi cabeza comenzó a llenarse muy pronto de pensamientos extravagantes. Mi padre, ya muy anciano, me había asegurado una instrucción esmerada, dentro de los límites habituales de la educación familiar y de la escuela rural gratuita, y me destinaba a las leyes. Pero mi único anhelo era navegar, y esta inclinación me llevó a oponerme enérgicamente a la voluntad, mejor dicho, a las órdenes de mi padre y a todas las súplicas y persuasiones de mi madre y de algunos amigos: tanto, que parecía haber algo fatal en esta vocación natural, que me arrojaría por fin a la vida miserable que estaba destinado a sobrellevar.
Mi padre, hombre prudente y grave, trató de disuadirme con serios y excelentes consejos para que abandonara las intenciones que había adivinado en mí. Un mañana me llamó a su alcoba, donde se encontraba recluido por la gota, y con gran afecto debatió conmigo este tema. Me preguntó qué razones tenía…

Daniel Defoe  (Robinson Crusoe)

lunes, 23 de mayo de 2011

Otrerías

Otrerías

Otrerías

Hay SOL para rato



Comunicado de los detenid@s de la manifestación del 15 de Mayo


Fue algo vergonzoso ver cómo la policía pegaba impunemente a quien estaba a su alcance, con las caras llenas de odio y las pupilas dilatadas (por los estimulantes que quizás habrían consumido), ese terror que utilizan para defender a los banqueros, políticos y grandes empresarios.


Queremos escribir estas líneas para expresar cómo nos sentimos ante lo acontecido.
Somos personas muy distintas, unas nos definimos como Anarquistas, otras como Altermundistas, Feministas, Ecologistas, gente que es partidaria de una democracia real, etc, pero todxs vimos y sufrimos en nuestras carnes el abuso policial desproporcionado e injusto.
Partiendo de que algunxs no participaron en la manifestación, y lxs que estuvimos podemos defender distintas formas de acción política, todxs tenemos un setimiento en común, el descontento con la situación actual de nuestras vidas (la dificultad para encontrar trabajo o las condiciones precarias, no poder realizar nuestros sueños por culpa de las desigualdades económicas y por toda esta educacion basada en consumir y consumir reprimidxs por nuestras ideas politicas o por querer ser diferentes a lo que nos rodea). Nos encontramos ante un panorama sin ninguna esperanza y sin un futuro que nos incite a vivir tranquilxs y poder dedicarnos a lo que nos gusta a cada unx. Por eso, la mayoría acudimos a la convocatoria del 15 de mayo para intentar cambiar este sistema por algo más justo y equitativo, pero ¿cuál fue nuestra experiencia?: REPRESIÓN por parte de los cuerpos de seguridad del estado.

Fue algo vergonzoso, ver cómo unos hombres exaltados, vestidos y dotados de toda clase de armamento para asustar y golpear a cualquier cosa que se movía o a cualquier persona que era un poco diferente a lo dictado por las modas de los mercados, ver cómo la policía, que se supone que está para mantener el orden y la paz social, pegaba impunemente a quien estaba a su alcance, con las caras llenas de odio y las pupilas dilatadas (por los estimulantes que quizás habrían consumido), ese terror que utilizan para defender a los banqueros, políticos y grandes empresarios.


Los detenidos coincidimos en la desproporcionada y aleatoria forma de actuar de la policía, por los siguientes puntos:

1. A un compañero, después de efectuar su detención, dentro del furgón y con las manos atadas, le cogieron de la cabeza y le dieron golpes con el asiento del furgón, diciéndole que llevar rastas es “anti-higiénico” y que le daba igual que no hubiera hecho nada, pero que era “un guarro”, y que eso les bastaba para pegarle. Y cuando parece que le dejan en paz, se acerca otro antidisturbios a decirle que "no se queje tanto, que por lo menos le ha pegado sólo uno”.

2. A otro compañero, por llevar pantalones bombachos, le dicen: “Normal que no encuentres trabajo con esos pantalones de maricón”, entre otros comentarios homófobos y machistas.


3. Otro compañero, que se marchaba a su casa después de terminar la manifestación, acompañado por su novia, observa cómo la policía está machacando a porrazos a un chaval, pide que le dejen de pegar y termina golpeado y detenido por “meterse donde nadie le llamaba”.

4. Dos compañeros, al ver a los antidisturbios pegar porrazos a las personas sentadas en medio de Gran Vía, intervienen para levantar a los chavales del suelo y que no les pisaran. Acaban detenidos por policías secretas con estética skin, que sólo se identificaron como policías tras las detenciones.

5. Otro compañero tuvo la mala suerte de querer coger el cercanías en Sol después de venir de jugar al fútbol. Le detuvieron “por estar en el momento y el lugar equivocado”, como más tarde le dijeron delante de todos nosotros riéndose en su cara, humillándole al ver que en la mochila portaba las botas de fútbol, espinilleras, el traje de su equipo y el balón. Acaban la bromita diciendo: “No te quejes tanto, que así tienes una historia que contar a tus nietos”.

6. La mayoría de los compañeros nunca habían estado detenidos y al preguntar cuándo podrían realizar su llamada, ellos respondían: “Veis muchas películas yanquis, aquí en España no tenéis derecho a llamar”.

7. En la Brigada de Información Provincial de Madrid, situada en Moratalaz, no podíamos levantar la mirada del suelo, ya que o bien recibías un grito o un golpe. Era como en las películas de terroristas, iban todos encapuchados, no nos dejaban mirarlos a la cara, ni siquiera cuando nos hacían una pregunta. Por desgracia, la realidad supera la ficción.

8. Tirados en el suelo, con las bridas apretadas en las muñecas y mirando hacia abajo, otro compañero les advierte que tiene problemas de corazón, que ha sido operado y que toma medicación. Solicitó ser trasladado al hospital, a lo que los agentes respondieron burlándose de él y negándole la asistencia médica. Pasaron dos horas hasta que un mando policial dijo que iba a llamar al Samur, que llegó una hora más tarde. A los policías les parecía graciosa la situación y decidieron ponerle el mote de “El Telele”. A su costa hicieron chistes y comentarios maliciosos. Finalmente, fue trasladado al hospital, donde fue atendido. Le pusieron una vía y le suministraron su medicación. Al ser devuelto al calabozo, no le dejaron tener la medicación consigo y le dijeron que cuando la necesitara, la pidiera. Al cabo de varias horas, se produjo un cambio de guardia y los nuevos agentes no fueron informados del problema, y a la hora de tener que tomar una nueva dosis se la negaron. El compañero sufrió una crisis de pánico y accedieron a su demanda al cabo de más de dos horas que pasamos el resto de detenidos gritando para que le ayudasen.


9. Muchos de los compañeros estábamos asustados, y en un primer momento no quisimos que se avisase a nuestros padres o ver al médico. Después del shock inicial, solicitamos estos derechos y uno de los responsables de la comisaría de Moratalaz gritó textualmente: “Panda de maricones, niñatos de mierda, os voy a meter una patada en el culo que os va a salir por la boca; primero no queréis que avisemos a vuestra mamá y a los 5 minutos sí, pero ¿qué cojones os creéis que es esto, panda de gilipollas? ¡Iros a mamarla!”.


10. Durante todos los traslados nos conducen en el coche temerariamente, a gran velocidad, dando volantazos y frenazos a propósito, para que al estar en la parte trasera con las manos esposadas nos golpeáramos contra las puertas y las mamparas de separación.


11. Otras muestras de vejaciones psicológicas fueron: 

- A un compañero le dijeron: “Has tenido suerte de que no te haya pegado dos tiros”.
- Mientras nos arrastraban escaleras arriba dijeron: “Podríamos tirarlos por la ventana, que son unos rojos de mierda”.
- Presenciamos maltratos y muestras de racismo hacia otros detenidos.
- Se negaron a proporcionar los recursos higiénicos que una compañera consideraba oportunos para su menstruación.
- Alteraron nuestra consciencia temporal y nuestros ciclos de sueño.
- Se mofaron continuamente de la condición de veganos de tres de nosotros, con perlas como: “Mira, ésa es la vegetariana.” “Normal, con la cara de amargada que tienes”. Por supuesto, se negaron a respetar esta condición. Además, alegaron que la alimentación era escasa diciendo: “Así os ponéis buenorras para el verano”.



Además de todos estos maltratos y humillaciones, nos denuncian por los delitos de “desórdenes públicos”, penados entre 6 meses y 3 años de prisión; “atentado contra la autoridad”, con una pena de 1 a 3 años de prisión, y “resistencia” (de 15 días a 1 año). El primer cargo es común a todos los detenidos, y luego varían de 2 a 3 cargos. Estos son los testimonios de los mayores de edad, habiendo otros cinco menores que fueron llevados al GRUME (Grupo Especial de Menores) y cuyos testimonios no conocemos y a los que queremos expresar nuestra solidaridad. Éste fue el trato que recibimos, sin olvidar que nos tuvieron a todos tirados en el suelo boca abajo o mirando la pared, con las bridas o los grilletes apretados al máximo, durante 2 o 3 horas . Con este comunicado queremos mostrar cómo nos trató la policía nacional española, y que la población sepa cuál es la actitud de estas personas, cegadas por el poder que les hemos otorgado.


Animamos a que toda la gente siga participando en las movilizaciones que se están formando, o como crean conveniente, para demostrarles que no nos dan miedo y que estamos hartos de sus mentiras y sus robos . Si luchas puedes perder, pero si no luchas estás perdido. La calle es nuestra y nuestras vidas también. Ya no creemos sus mentiras. Los cambios se hacen en la calle y no sólo en las urnas. No nos representan. ¡Que no, que no, que no nos representan!

Detenid@s 15 de Mayo

Fuente: kaosenlared

Otrerías

domingo, 22 de mayo de 2011

Chopin 24 Preludes

Henry Miller




Estar en silencio todo el día, no ver ningún periódico, no oír ninguna radio, no escuchar ningún chisme, abandonarse absoluta y completamente a la pereza, estar absoluta y completamente indiferente al destino del mundo, es la más hermosa medicina que uno puede tomar. Poco a poco se suelta la cultura libresca; los problemas se funden y se disuelven; los ligámenes se rompen; el pensamiento, cuando uno se digna entregarse a él, se hace muy primitivo; el cuerpo se transforma en un nuevo y maravilloso instrumento; se mira a las plantas, a las piedras y a los peces con ojos diferentes; se pregunta uno a qué conducen las luchas frenéticas en que están envueltos los hombres [...]. Los periódicos engendran mentiras, odio, codicia, envidia, sospecha, temor, malicia. No necesitamos a la verdad tal como nos la sirve la prensa diaria. Lo que necesitamos es paz, soledad y ocio.

Henry Miller