miércoles, 30 de noviembre de 2011

Marcos Giralt Torrente / Tiempo de vida






“Qué incordio para mi padre, por mucho que por debajo fluyera una corriente de satisfacción por mis logros, ver dibujarse en el futuro de su hijo los tormentos de incertidumbre que le atemorizaban del suyo. Qué incordio que todo se perpetuase y que a las consecuencias de haber elegido un oficio tan inseguro como la pintura se le añadieran las consecuencias de que yo hubiese elegido uno de parecidas características. Cuánto más favorable para él habría sido que me dedicase a una profesión estable y bien remunerada, en la que la promoción personal se sustentara en la valía y no en el mercadeo con pulgares que caen o se alzan según caprichosas apetencias. Una profesión de verdad, no esta irresponsable prolongación de la infancia en la que consisten los oficios artísticos. Una profesión que me procurase rápidos rendimientos para así dejar a un lado sus carencias.




Es fácil imaginar que mi padre, preocupado siempre por el dinero, no querría que yo viviera con el mismo temor, y no solo porque suponía que, no faltándome, era más improbable que le reprochara nada. Conocía las fluctuaciones de una vida: había pasado de ser en la treintena un artista casi consolidado, a sueldo de una exitosa galería, a una época de sequía en la que tuvo que inventar otros trabajos para sobrevivir, y de ésta a un corajudo renacimiento en el que, desarrollando una obra madura y potente, de las mejores de su generación, pese al prestigio recuperado, no había logrado trascender el círculo de los enterados, lo que se traducía en respetuosas pero modestas críticas cada vez que exponía, casi ninguna promoción pública por parte de museos importantes, y escasas ventas en comparación con otros. Sabía que en estas profesiones o tienes éxito o el fracaso te deja sin dinero para pagar el recibo de la luz y sabía que el talento, salvo excepciones, no es lo determinante para destacar, sino que intervienen otros factores como la suerte o la capacidad, no tan frecuente entre quienes tienen un don, de no concitar odios, prejuicios ni envidias, no de ser invisible pero sí inocuo, inocuo para el ego de los que solo tienen ego y un poco de poder; conocía todo eso y también los estragos que causa sentirse inmerecidamente apartado y hubiese preferido que yo no corriera el riesgo.





No hablo solo de las limitaciones materiales; hablo de los obstáculos que se interponen para que la expuesta vanidad del artista se vea satisfecha; del reconocimiento, necesario reconocimiento, que mi padre llegó a tocar y que, por eso, lo aguijoneó hasta tan tarde como mayo de 2006, cuando en una entrada en su diario se refirió a el con estas palabras: “Silencio desde abril 6, ahora es mayo. Pensaba escribir algo sobre mi estado de cosas pero cuando me lo planteaba ganaba el ¿para qué? Escucho ahora viejas canciones de Gilbert Bécaud después de manchar un cuadro de 250 x 180 que se unirá a todos los demás que no sé dónde meter (…). Tengo extrañas sensaciones en estómago y vientre y el cansancio ha disminuido un poco.” Prosigue a lo largo de un corto párrafo hablando de mí, de la tranquilidad que, dice, le proporcionaba en esa época, y continúa: “Pintar es hacer algo que antes no existía, no es borrar u olvidar; es hacer y vivir, así que pienso seguir con ello. Esta mancha se convertirá en algo que ni yo sé, todo irá evolucionando hasta que aparezca un algo que provoque mi reconocimiento y aceptación”.


Marcos Giralt Torrente  (Tiempo de vida)



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martes, 29 de noviembre de 2011

T. S. Eliot / de "Cuatro Cuartetos"







Burnt Norton

I

El tiempo presente y el tiempo pasado
están quizá presentes los dos en el tiempo futuro
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido es una abstracción
que queda como perpetua posibilidad
solo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.
Hay eco de pisadas en la memoria
allá por el pasadizo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras tienen eco
así, en vuestra mente.
          Pero con qué propósito
agitar el polvo en un búcaro de pétalos de rosa,
no lo sé.
          Otros ecos
habitan el jardín. ¿Seguiremos?
Deprisa, dijo el pájaro, encontradlos, encontradlos,
a la vuelta de la esquina. A través de la primera puerta,
entrando a nuestro primer mundo, ¿hemos de seguir
el engaño del tordo? Entrando a nuestro primer mundo.
Allí estaban, dignos, invisibles,
moviéndose sin presión, sobre las hojas muertas,
en el calor del otoño, a través del aire vibrante,
y el pájaro llamó, en respuesta a
la música no oída oculta entre los arbustos.
Y la mirada del ojo sin ser vista cruzaba, pues las rosas
tenían el aspecto de flores que son miradas.
Allí estaban como invitadas nuestras, aceptadas y aceptando.
Así avanzamos, y ellas, en ordenación formal,
a lo largo de la alameda vacía, hacia el círculo de boj,
para mirar en lo hondo del estanque vaciado.
Seco el estanque, seco el cemento, de bordes pardos,
y el estanque se llenó de agua salida de la luz del sol,
y el loto se elevó, callada, calladamente,
la superficie centelleó desde el corazón de la luz,
y quedaron detrás de nosotros, reflejándose en el estanque.
Entonces pasó una nube, y el estanque quedó vacío.
Anda, dijo el pájaro, pues las hojas estaban llenas de niños,
escondidos con emoción, conteniendo la risa.
Anda, anda, anda, dijo el pájaro; la especie humana
no puede soportar mucha realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro
lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.

T. S. Eliot     (de “Cuatro cuartetos”)

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lunes, 28 de noviembre de 2011

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Bárbara Butragueño





El Blog de Bárbara Butragueño: http://naufragiosdiminutos.blogspot.com/



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domingo, 27 de noviembre de 2011

Historia del lápiz / P. Handke






“¿Sigue usted creyendo en lo que pensaba entonces?”
“No creo en ello; lo sigo pensando”.

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La idea recurrente de la cerilla que, encendida, anula algo del frío habitual del universo.

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Rara vez puedo sentir entusiasmo por lo que sé, pero muchas veces lo siento por lo que intuyo; por eso no quiero saber demasiado.

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Mi idea del amor: levantar a alguien (no llevarlo encima).

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Arte: Los monumentos casuales de la vida reunidos en una unidad impenetrable, necesaria, no casual (Nietzsche: el creador como “redentor de la casualidad”).

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Amar a alguien… y dejarlo en paz, libre incluso de las miradas más discretas.

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Wittgenstein: “Disposición poética: es la disposición en la que uno es sensible a la naturaleza y en la que los pensamientos aparecen tan vivos como la naturaleza”.

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Vi a alguien jugar apostándolo todo, y pensé: Sí, así se debe ser.

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“La forma fundamental es hija ilegítima” (Ludwig Hohl); así como la frase de Schwitters: “formar es de formular”.

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Mi odio es una realidad que no puedo ocultar; sin él no puedo llegar a ninguna otra realidad.

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¡Ante la indignante autocomplacencia de los productores de textos, de cuentos y de novelas, defiende siempre al llamado “Narciso”, que se abandona, se expone a sí mismo, que no puede hacer otra cosa, pero puede hacer algo y, sin embargo, no solo se refleja, sino que siempre permite también el reflejo del otro! Sus otros nombres son Prometeo, Atlas, Sísifo, Ixión, Tántalo, Johan Wolfgang Goethe, Franz Kafka.

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Desde luego, sé del desvalimiento que todas las personas esconden tras su cargante, estúpida apariencia: pero yo exijo otra apariencia, ¡de inmediato!

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Cuando la historia se puso interesante, se convirtió en una entre muchas.

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Una multitud de peatones esperaba junto a un semáforo. Cuando éste por fin cambió, todos estaban tan ensimismados que olvidaron reemprender el camino.

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No es cierto que hayan “desaparecido” muchas cosas que una vez fueron escritas en libros o pintadas en cuadros. Esas cosas son a través de los libros y los cuadros, y por medio de ellos se repiten, en mí, en ti.

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En lugar de “delicadeza”, “sensibilidad”, “ternura”, etc., decir: conciencia límite (en este sentido, Franz Kafka, que, en la casa paterna, una vez entró a su habitación y encontró durmiendo en ella a un extraño, que aún soñoliento se incorporó sobresaltado: “¡Considéreme como si yo no existiera!”, Y salió de la habitación de puntillas).

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Yo no soy como a veces pienso, y, sin embargo, a menudo actúo como no soy.

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Peter Handke   (Historia del lápiz)

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sábado, 26 de noviembre de 2011

Alan Pauls / Historia del llanto





“El 11 de septiembre de 1973, de visita en casa de un amigo dos años mayor, una de esas amistades desparejas que han sido y serán su especialidad y en las que él siempre es el menor, sale del cuarto de su amigo para buscar una ración del budín marmolado que lo pierde y cuando vuelve, con cuatro rodajas oficiales en el plato y dos clandestinas en el estómago, lo sorprende sentado en el borde de la cama, llorando sin consuelo frente a la pantalla del televisor blanco y negro donde el Palacio de la Moneda de Santiago echa humo por todas las ventanas, cuatro veces bombardeado, a lo largo del día, por escuadrones de aviones y helicópteros de la Fuerza Aérea, mientras la voz compungida de un locutor de noticiero repite el rumor según el cual Allende –el todavía presidente Salvador Allende, como lo llaman, vaya a saber uno si por simpatía, por escrúpulo jurídico, en el sentido de que Allende no dejará de ser presidente de Chile cuando el Palacio que era sede de su poder quede reducido a cenizas por el fuego militar, sino cuando haya otro que ocupe su lugar, o simplemente por desconfianza, por un recelo profesional hacia los rumores que la insistencia con que el locutor se hace eco de éste no hace sino contradecir- se habría suicidado, después de resistir en el interior del Palacio con sus colaboradores más cercanos, disparándose en la boca con el fusil AK-47 que alguna vez le regaló Fidel Castro.



Lo ve llorar, y antes de que entienda con todas las letras por qué llora, antes de conectar todo lo que sabe de las convicciones políticas de su amigo, muy parecidas a las suyas pero, según la impresión que siempre lo ha torturado, tanto más convincentes, a tal punto que desde que lo conoce y se familiariza con su posición política, como ambos llaman a eso que por entonces es obligatorio tener, que nadie puede darse el lujo de no tener, siempre se ha sentido de algún modo como un impostor, el doble pálido de su amigo, el farsante que repite en un lenguaje débil, plagado de reflejos automáticos y fórmulas de segunda mano, todo lo que de labios de su amigo parece brotar en la lengua natural de la verdad –antes de conectar todo lo que sabe de su amigo con las imágenes que ve, que evidencian hasta qué punto sus convicciones políticas acaban de sufrir una herida de muerte, siente una ola de envidia que le corta literalmente el aliento. Él también quisiera llorar. Daría todo lo que tiene por llorar, pero no puede. Ahí, parado en el cuarto de su amigo, mientras convoca a las apuradas las tragedias, todas virtuales, en las que confía para recibir la bendición de una congoja instantánea, se da cuenta de que no llorará. No sabe si son las imágenes, que por algún motivo no le llegan tanto o tan profundo o tan nítidas como a su amigo, o si son los dos años menos que tiene, que así como le dan prestigio –puesto que lo consagran como ejemplo de una tradición de precocidad política, la comunista, que cuenta ya con una larga lista de ejemplos notables, es decir: alguien que a los trece lee y comprende y hasta objeta con fundamento ciertos clásicos de la literatura política del siglo XX que pondrían contra las cuerdas a los militantes más experimentados-, así también de algún modo lo debilitan, disminuyen en él la capacidad física o emocional de experimentar la política que en su amigo, a los quince, está ya a pleno. 




O ¿no será en realidad que la presencia y el dolor de su amigo, sentado frente al televisor, con la cara, como buen miope, casi pegada contra la pantalla, absorbe de tal modo el significado y la fuerza de la información que irradia el aparato que para él ya no queda nada, ni restos, ni una miga del tamaño de las que él mismo acaba de dejar en la cocina al zamparse las dos rodajas de budín marmolado, nada que pueda afectarlo y traducir en él todo lo que entiende –porque lo entiende todo y mucho mejor, sin duda, que su amigo, a quien esa misma mañana, sin ir más lejos, le explica con tres o cuatro brochazos de impertinente lucidez la cadena de causas y efectos que une una vulgar huelga de camioneros con el derrumbe de los mil días de la primera experiencia de socialismo democrático de América Latina- al idioma último o primero de los sentimientos?”


Alan Pauls   (Historia del llanto)


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viernes, 25 de noviembre de 2011

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jueves, 24 de noviembre de 2011

Romeo, Marx, Perec, Carver...






  “… estoy acostumbrado a la crítica y también a lo que pasa de ser crítica a ser insulto: eso va en la libertad de expresión que defiendo. Me gusta leer las críticas y los insultos. No finjo no conocerlos, como la zorra que ve verdes las uvas maduras porque no las alcanza. Prefiero la crítica y el insulto publicado al chisme de café y a la intriga secreta.”

Félix Romeo






“El medio forma parte de la verdad, tanto como el resultado. Es preciso que la búsqueda de la verdad sea a su vez verdadera; la búsqueda verdadera es la verdad desplegada, cuyos miembros dispersos se reúnen en el resultado.”

Karl Marx

(Esta cita, absolutamente genial, fue incluida por Georges Perec al final de su novela: “Las cosas” Una historia de los años sesenta. Conviene que se sepa. También conviene que se sepa que la tal novela, creo que la primera del autor, es absolutamente genial y, cincuenta años después, absolutamente actual, según mi opinión.)





“En el mundo en que vivían, era casi de rigor desear siempre más de lo que se podía adquirir. No eran ellos quienes lo habían decretado; era una ley de la civilización.”

Georges Perec




“Te quise tanto. Te quise con locura. Sí, así te quise. Más que a nada en el mundo. ¿Te das cuenta? Es para morirse de risa. ¿Te imaginas? Estábamos tan “íntimamente” unidos en aquella época que apenas puedo creerlo. Creo que eso es precisamente lo que más extraño se me hace ahora. El recuerdo de haber tenido tal intimidad con alguien. Una intimidad tan grande que me dan ganas de vomitar. No me cabe en la cabeza una intimidad así con otra persona. Nunca he vuelto a tenerla.”

Raymond Carver

miércoles, 23 de noviembre de 2011

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martes, 22 de noviembre de 2011

Párrafos de… “Dibujos animados” (Félix Romeo)






“ 6

Mi hermano dormía arriba y yo dormía abajo. Yo soñaba los sueños de mi hermano. Mi hermano soñaba sueños extraños. Y yo los soñaba la noche siguiente. Mi hermano contaba sus sueños por la mañana. Los contaba mientras desayunábamos. Y yo soñaba por la noche lo que mi hermano había contado. Yo vivía con los sueños de mi hermano. Yo no podía contar mis sueños y tenía que inventar nuevos sueños. Mis sueños inventados siempre pasaban en la vieja casa. Cuando todavía no soñaba los sueños de mi hermano.”

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“30

Estaba en un hotel de carretera, con mi tío. Íbamos a Petrel a ver a dos curanderos: Lola y Paco. Íbamos mi abuela, mi madre, mi tío y yo. Íbamos para que Paco y Lola curaran a mi abuela. Mi madre les tenía mucha fe cuando se acordaba. En el Pronto salían las curaciones de Paco y Lola todas las semanas: un tipo que había vuelto a andar después de que le pasara un tráiler por encima, un sordo de nacimiento que ahora era capaz de distinguir el sonido de un pájaro a dos kilómetros, separación de siameses y cosas así. Habían separado a dos siameses unidos por la cabeza. Fuimos a ver a Paco y Lola porque habían devuelto la memoria y el habla a un tipo de Játiva. Con solo probar el agua de Paco y Lola.

No dormí en toda la noche. No había dormido nunca en un hotel. Por la tarde habíamos estado a punto de estrellarnos contra otro coche. Se oían los camiones. Y la lluvia.

Llegamos a Petrel y fuimos a casa de Paco y Lola. Las paredes estaban llenas de imágenes de santos y de vírgenes y de páginas del Pronto. En el suelo había un cacharro donde la gente echaba dinero. Había un montón de gente. Y un montón de dinero. Todos tenían devoción a Paco y Lola tocaban a los enfermos y daban caramelos y daban agua. Para bañarse y para beber y para todo.

Volvimos con cinco o diez o quince kilos de caramelos y ochenta litros de agua. No se podía llenar ni una bañera pero cargamos las garrafas en el coche. Los caramelos eran de anís, asquerosos. Mi abuela les echó unos billetes en el cacharro. Paco era gordo y Lola era gorda. Tiempo después dejaron de aparecer en el Pronto. Mi madre regaba las plantas con el agua bendecida por Paco y Lola. El ficus aguantó una buena temporada.

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“125

No dibujé a mi padre. Dibujé a toda mi familia y a mis tíos y a mis abuelos y a primos lejanos. Y allí no estaba mi padre. Don Otilio miró el dibujo y me preguntó: “¿No tienes papá?” Yo le miré y le dije que sí tenía papá. Y luego llamaron a mis padres. Y el psicólogo estuvo hablando con ellos. A mi padre se le hundieron los ojos en la tierra. Durante unos meses. Estaba como huido. Como si quisiera imitar la familia del dibujo. Mi madre no decía nada. “


Félix Romeo   (Dibujos animados)


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lunes, 21 de noviembre de 2011

El día después...



 

El Banco de España interviene el Banco de Valencia y  sustituye a los administradores, inyecta 1.000 millones y concede una línea de crédito de otros 2.000 millones para asegurar sus liquidez.” (El País)

 

José Luis Olivas Martínez es un político español del Partido Popular que ha localizado su carrera en la Comunidad Valenciana. Fue el tercer presidente de la Generalidad Valenciana de la nueva etapa autonómica y el único que no ha sido elegido tras elecciones autonómicas. Estuvo en el cargo desde el 24 de julio de 2002  hasta las elecciones del 25 de mayo de 2003. Fue presidente del Banco de Valencia hasta el 28 de octubre de 2011, fecha de su dimisión, una semana antes de que se publicara el riesgo de quiebra de esta entidad financiera. Del mismo modo tuvo que dimitir de su cargo de vicepresidente del Banco Financiero y de ahorros (Bankia)  . Es presidente de Bancaja y consejero de Iberdrola.
(Fuente: Wikipedia)

Si no fuera tan triste sería para descojonarse. El “día” después, los españolitos tenemos que “apoquinar” 3.000 millones de Euros por la intervención de un banco que presidía un gerifalte del PP, el partido que acaba de arrasar en las elecciones españolas. Un tipo que ha sido presidente de la Generalidad, que es presidente de Bancaja y consejero de Iberdrola, o sea, un paria. Y este país al que un grupito de sinvergüenzas han llevado a la ruina tiene que gastarse una millonada, que no tiene,  en tapar el agujero que dejan los estafadores “peperos”. Y todo esto mientras aparece en todos los medios de comunicación pidiendo sacrificios y el apoyo de todos los españoles el “capo” de esta banda de ladrones.
Y todavía hay quién me dice que me paso de radical…¡serán hijoputas!










El día después lo único nuevo, en mi opinión, es que el PODER FINANCIERO se ha cambiado el “fierro” de la mano izquierda a la mano derecha. Pero el cañón sigue apuntado a los mismos de siempre.
¿O no? Pues eso…

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Nosotros los del 15-M a lo nuestro: El próximo 27 de Noviembre manifestación en Madrid. Que no se olviden: A nosotros…no nos representan.



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domingo, 20 de noviembre de 2011

García Lorca, Federico





Grito Hacia Roma.


Manzanas levemente heridas por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

Federico García Lorca


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viernes, 18 de noviembre de 2011

¿ A quién eligirá Goldman Sachs?






“Elijamos al criado del amo”, dice Iñaki. Bueno, nunca es tarde para decir algo que se aproxime a la verdad. Claro que Gabilondo lleva décadas contándonos milongas, pero ya se sabe, el prestigio de un “comunicador” se gana complaciendo al “dueño” del micrófono. Y qué pasa, ¿que ahora a la vejez va a contar la verdad?, ¿que va a dejar de difundir la propaganda del sistema que tan bien le ha alimentado? Quita, quita. Lo que ocurre es que ahora hasta el más lerdo sabe ya, sí, hasta el más bobo por mucho que sea ministro de educación,  que “los políticos” de los carteles electorales no son más que los siervos “elegidos” por los “amos” para que intervengan a cara descubierta en el “paripé electoral”. Pero cuando Iñaki nos cuenta lo que pasa en “Banco de España” los vagones del metro ya están en “La Puerta del Sol”. O dicho de otra manera, el cuco de Iñaki nos cuenta lo que ya sabemos como si fuese novedad, lo que ya pasó,  y nos oculta, como de costumbre, lo que está pasando: que el PODER FINANCIERO, absolutamente desbocado,  ha decidido dejarse de mascaradas y coloca a sus “criados no elegidos” al frente de los “Estados endeudados” para garantizarse que antes de atender la salud, la educación, el desempleo, la vivienda, las pensiones…los gobiernos deben abonar “religiosamente” los abusivos intereses que ellos “imponen” a través de las sacrosantas reglas de esa cosa que llaman “Mercado”. Ojo al dato porque el viraje es de los que hacen época.






Lean lo que nos cuenta Sandro Pozzi en su blog:

“No es por casualidad que Goldman Sachs sea conocida en el mundo del dinero como el guardián de los intereses de Wall $treet. Y no es tampoco por casualidad que sus ejecutivos acaben ocupando puestos de poder en EE UU. El caso más evidente es el de Henry Paulson, que llevó las riendas del banco de inversión antes de hacerse con el puesto de secretario del Tesoro. O Bill Dudley, actual presidente de la Reserva Federal de Nueva York.
     La Vieja  Europa tampoco escapa de un fenómeno que va siempre acompañado de un curioso giro político. Mario Monti, recién nombrado primer ministro de Italia, pasó en 2005 a la nómina de Goldman Sachs al poco de dejar el cargo de comisario de la Competencia. En su organigrama aparecía desde entonces como miembro de su consejo de asesores internacionales.
     También fue ejecutivo de Goldman Sachs el flamante presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Fue vicepresidente para Europa entre 2002 y 2005. Y también lidió con el banco de negocios estadounidense Lukas Papademos, el nuevo premier griego. La influencia de la firma financiera, por lo tanto, es enorme. Sus tentáculos llegan a  todas las esquinas y eso le llevó a ganarse el sobrenombre de “gouvernement Sachs”.
     Pero lo que llama la atención es que la crisis de la deuda soberana en Europa tenga de nuevo como protagonista a la entidad hacia la que se dirigen todos los dedos acusadores de la crisis. Goldman Sachs fue, de hecho, un actor clave en el proceso que permitió a Grecia enmascarar “legalmente” parte de su deuda pública, cuando Papademos era gobernador del banco central heleno.”






En fin, que ya no hace falta que los “metepatas” de siempre cuestionemos la “pureza” de la forma de organización “democrática” bajo el sistema capitalista. Las crisis “sistémicas” tienen el inconveniente, para los amos y sus fieles siervos,  de sacar a la luz la desvergonzada y criminal trama que sostiene al capitalismo.
Aquí en España, tres cuartos de lo mismo: los gobernadores y subgobernadores del Banco de España acaban, cuando se quitan la máscara,  de consejeros de Botín, los ministros de hacienda y economía en el Barclays, los ex presidentes del gobierno…
Aunque, fuera de coña, el más preocupado es Marianín, porque ahora que por fin lo tiene agüevo, lo mismo lo llama Botín y le dice que va a poner en el gobierno a un criado más técnico, qué se yo, a Fernández Ordóñez  o  a Emilio Ontiveros…
Es broma, don Emilio, es broma…

ELOTROOTRO

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