El sótano de la memoria
Es absurdo que viva angustiada
y que los recuerdos me acosen.
No visito a menudo la memoria,
pero ella siempre viene a asombrarme.
Si con una linterna bajo al sótano
me parece oír cómo retumba
un terremoto en la estrecha escalera.
La linterna se apaga, no puedo volver,
y sé que voy directa al enemigo.
Pido clemencia… pero allí
es todo oscuro y quieto. Ya se acabó mi fiesta.
Hace treinta años que las damas despidieron
a aquel pillo que se murió de viejo…
Lástima, he llegado tarde.
Se me ha prohibido aparecer en parte alguna.
Pero toco las capas de pintura de la pared
y junto a la chimenea me caliento. Que maravilla.
A través del moho, el aire enrarecido y el hedor
brillan dos verdes esmeraldas.
Maúlla el gato. Vamos a casa.
Pero dónde están mi casa y mi razón.
Anna Ajmátova
18 de enero de 1940
***
NO, No sabemos despedirnos.
Hombro con hombro, seguimos caminando.
Ya empieza a caer la noche.
Yo, silenciosa; tú, pensativo.
Entramos en la iglesia, vemos
bodas, funerales, bautizos.
Sin mirarnos, salimos: ¿por qué
somos tan distintos de los otros?
O nos sentamos sobre la nieve pisada,
en el cementerio, y suspiramos dulcemente.
Con un palito dibujas palacios
donde estaremos juntos siempre.
1917
Anna Ajmátova
***


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