martes, 20 de marzo de 2012

Esto me pasa por leer… el catálogo de Ikea.

 

He leído últimamente algunos sueltos de prensa que, uno por uno, me resultan altamente inquietantes pero que juntitos, relacionados entre sí, forman una imagen un poquitín más escalofriante. Parece que el señor Obama ha terminado, así lo cuentan, por firmarle un cheque en blanco a la CIA para que mate a quienquiera donde quiera. Sí, ya se que esta es una practica habitual por parte de esa “Agencia” encargada de defender los privilegios del “Imperio” desde hace mucho tiempo y que no debería sorprender a nadie. Pero a mí me llama la atención que Obama haya firmado una ley que sanciona “legalmente” esa licencia para matar a quien sea, donde sea y por lo que sea, disculpen el machaque.

 

Ya sabemos que Obama no ha podido acabar con Guantánamo ni ha podido apañarle una pequeña asistencia sanitaria a los 50 millones de norteamericanos pobres ni ha podido evitar el mangoneo de los fabricantes de armas, de los bancos o de los laboratorios farmacéuticos o el  incumplimiento  de “casi”, supongo, todo su programa electoral.

Pero bueno, no seamos impacientes ni maximalistas. Por lo menos ya hemos conseguido que el comandante en jefe de los que “nos patean los testículos” sea un afroamericano, un puto nieto de esclavos es ahora el “Boss” del sistema. ¿Quién nos lo iba a decir a los que ahora nos arrastramos por la cincuentena? Tenemos que aprender a valorar los progresos del capitalismo. Y por seguir con avances, ahí tienen este titular “El VIH roza niveles de países africanos entre mujeres negras pobres en EE UU”, bueno esto debe de ser porque como Obama está tan ocupado dirigiendo los asesinatos selectivos de la CIA (los técnico nucleares iraníes y los palestinos malos, y…), pues eso, que no por ser “negrata” se puede estar en todo, ¡coño!

 

 

Claro que llegar a escribir que las cifras de contagiadas son “comparables a las tasas de VIH que se dan entre la población general de muchos países subsaharianos” es algo que suena a recochineo racista y no se yo si algún plumilla graciosillo no sufrirá algún pequeño accidente contra un avión no tripulado. De seguir así, digo.


Pero si nos fijamos en lo que pasa en Europa, siempre a las órdenes del “Emperador”, no se puede decir que las cosas sean más tranquilizadoras para los miembros de la plebe, lean:

“En 2003, Ikea Francia suscribió con esa agencia un contrato según el cual, “a cambio de una honesta remuneración, Ikea tendría acceso al mayor fichero policial” de Francia… (…) Ikea Francia controló durante años los usos y costumbres privados de trabajadores, e incluso de algunos clientes descontentos, con la ayuda de la empresa de detectives.(…)Los correos electrónicos publicados revelan que Ikea Francia pagaba 80 euros por cada consulta que hacía a la agencia. “Su discurso es antiglobalización y sus métodos recuerdan a la vieja guardia del sindicato CGT”, afirma sobre un trabajador uno de los correos enviados por la agencia. “Gracias por decirme si podéis efectuar este estudio en Burdeos. Gracias por enviarme sus antecedentes penales”, se lee en otro enviado por la empresa a Sûreté International. En otros mensajes, de 2009, un alto directivo de Ikea Francia, el responsable de Seguridad, Jean-François Paris, comunica a los jefes de la tienda de Brest que “la línea 33 (un empleado) es conocida por haber consumido estupefacientes en 2006 en Quimper”

Pues bien mis queridos amigos, acabamos esta tranquilizadora ronda de informaciones sobre “las medidas que velan la seguridad de los de arriba y que nos venden como si fuera la nuestra” con una paradita en Ejpaña, "¡Iaspaña!" "¡Ia!" (la locución precedente ha sido vilmente sustraída, como otras tantas, al escritor Sánchez-Ostiz, que conste) que enlaza perfectamente con la tendencia global, versión barata, que marca el “Boss” morenito, lean:

“La policía española impulsa el intercambio de datos con la seguridad privada”  “Los vigilantes podrán saber si alguien a quien ha retenido tiene antecedentes.” “Las compañías que más colaboren tendrán derecho a obtener más información pública.”“¿Qué podrán saber, entonces, estas compañías, más de 1.500 en España y con más de 100.000 empleados? El Corte Inglés, por ejemplo, si retiene a alguna persona por hurto o robo, podrá pedir información sobre sus antecedentes policiales. Preguntado sobre si esto no supone la cesión de un dato personal, el comisario considera que se trata solo de “confirmar” una información.”

 

Pues nada, que no hay de que preocuparse, ya oyen al comisario (y les recuerdo que esto que leen no es ninguna novelita “negra”), la policía solo ejercerá de corrector de pruebas, confirmando, es un decir, cuantos polvos le echa el del butano a tu mujer en los meses de frío y cuantas rayitas te pones tú  en el servicio de la disco mientras algún honrado funcionario policial pone el cazo en la barra a cambio de hacer la vista gorda con el tráfico y la trata de blancas y de negras y de amarillas. Yo a veces me pregunto por qué esta gente, siempre tan ocultista, de pronto nos sirve en bandeja  información sobre estas medidas tan groseramente antidemocráticas. No creo que sea solo para amedrentar aún más al personal, aunque vaya usted a saber qué nuevas ruedas de molino nos tiene preparada la gentuza “de arriba”.


Y alguno de ustedes dirá, que retorcido es este tío, y sí, la verdad es que tienen toda la razón, muy retorcido, pero espero que entiendan que yo no nací así de contrahecho, como a aquella cantante anestesiada, “es el mundo el que me ha hecho así”, ocurre que durante un tiempo estuve trabajando para “ellos” en una empresa de seguridad, de esas que copulan, que intercambian fluidos, con las “oficiales” fuerzas de seguridad, y allí coincidí con algunos elementos que procedían, (o que se encaminaban) de lo más alto del escalafón de la “política”, y puedo asegurarles, y de esto hace más de veinte años, que eran unos tipos (alguno llegó a ministro) muy adelantados a su tiempo. Y hasta aquí puedo leer, que dice Millás que se ha abierto la veda de romper piernas y yo el único vicio que puedo practicar a mi edad es pasear y leer novelas policíacas (pero no me gustaba “Ironside”).

 

 

Hablaba Michel Foucault de "una trama de poder microscópico, capilar" y de medidas de control y de técnicas de vigilancia y de estrategias de dominación y… pero que más da… aunque no hayan leído a Foucault, (que además estaba casado con una maoísta y practicaba el sadomasoquismo) y aunque no exista ningún fundamento para ello (tampoco es necesario haber leído a George Orwell para vivir en el infierno “orweliano”), díganme, todos estos síntomas que para algunos ya son dolores insufribles, ¿Acojonan o no acojonan?

Claro que  más puñaladas da el hambre y mira…gobernando, y desde hace la tira, los más chorizos de la “Escuela de Negocios”: eso sí, “democráticamente”, con el voto de la clase media, digo.

¿O será que va todo (lo económico, lo policial, la desinformación) en el mismo lote? …y por eso les resulta tan cómodo…




ELOTROOTRO

 

***

2 comentarios:

  1. Me he debido perder algo, a lo mejor una neurona por el camino de la lectura. De acuerdo con los primeros párrafos que nos confirman reiteradamente que no tenemos arreglo, que nos distraemos con demasiada facilidad, que basta un chasquido de dedos para hacernos mirar hacia otra parte, que cometemos una y otra vez los mismos errores……
    Pero lo de IKEA no lo entiendo, lo habrá entendido la neurona que he perdido, pero yo no. ¿Antiglobalización? ¿IKEA?, pues no me cuadra, ¿están de guasa?.
    La verdad es que destinar tantos recursos a inspeccionar la vida del ciudadano común siempre me ha parecido una insensatez. Es verdad que yo debo ser algo rarita porque la mayoría de mis congéneres españoles (algunos lo admiten y otros no) consumen programas televisivos en los que su único contenido es la vida ajena, y no lo digo yo, lo dicen las audiencias.
    Es otra forma de mirar hacia otra parte, de distraerse con lo ajeno para olvidar y no analizar lo propio.
    Pero ¿A quién le interesa la anodina vida del vecino del quinto?, “sus usos y costumbres”. ¡Qué forma de malgastar tiempo y dinero!.
    Puede que si interese analizar las cuentas bancarias, por exceso o por defecto, pero me parece que a la mayoría solo le interesa morirse de envidia por el coche del vecino del quinto, no el saber de “dónde saca pa tanto como destaca”, como decía el cuplé.
    Frecuentas un círculo, y otro, y otro, y otro……y analizas, y te desesperas porque la mayoría de las conversaciones versan sobre las actuaciones cotidianas y nada importantes para la sociedad, de los que en ese momento no están presentes. O también es el “inflar el pecho” alardeando del engaño cometido para ahorrarse unos euros y conseguir la admiración del interlocutor, que en lugar de decir: “Eres un sinvergüenza”, piensa: “¡Joder, que tío más listo!”.
    Se admira la vacuidad y la picaresca y según voy escribiendo esto, poniendo palabra tras palabra me doy cuenta de que IKEA lo que persigue es hacerse de oro montando un programa de televisión en el que saldrán las miserias del vecino del quinto mientras a millones de ojos se les resbalan por las mejillas las lágrimas del placer. Ya me imagino la conversación:
    - ¡Son unos sinvergüenzas que no respetan nuestra vida privada!
    - Si, unos cabrones redomados, pero cuenta, cuenta ¿Qué es lo que hacía Maripili entrando en esa tienda?

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  2. Hola María, efectivamente para millones de personas puede resultar, de hecho según las encuestas les resulta, “interesante” el motivo por el cual Maripili visita Ikea. Hace poco escuchaba a un jornalero andaluz decir que la televisión en casa es como tener al “terrateniente” sentado a la mesa. Y además, solo habla él.
    Pero Ikea lo que quiere saber es si su trabajador es un tipo sumiso o insumiso, si es de los que reclaman sus derechos o de los que tragan con todo, en definitiva, si es un trabajador o un dócil borrego. Y si además los archivos policiales le sirven para conocer los antecedentes penales de un cliente que reclama, entonces ya miel sobre hojuelas, los miserables abogados de la multinacional conseguirán que el infeliz comprador sea “ajusticiado” convenientemente. Me viene a la memoria que cuando fui contratado por primera vez, año 1973, tuve que presentar un certificado de buena conducta… claro que entonces vivíamos en una dictadura.
    Los pelos de punta, María.
    (Como decía el gran MVM, si llega el caso: “Yo maté a Kennedy”, pero no me hagan pupita, ¡porfa!)

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