miércoles, 11 de abril de 2012

Andalucía, las elecciones, la huelga general y el 15-M… (A ver si nos enteramos, “camaradas”)






“Si nos equivocamos, es el fin de Izquierda Unida”

Toma cuerpo una sólida contestación en el seno de la Izquierda Unida andaluza. A muchos militantes de esta coalición, y cabe suponer que a otros tantos votantes de su propuesta electoral en las recientes autonómicas, no les está gustando el secretismo desde el que la dirección de su grupo está abordando la negociación con el PSOE, ni tampoco la composición del grupo de negociadores. Reclaman que antes de sentarse a la mesa se debería haber consultado previamente con las bases y exigen ahora que, puesto que no se ha hecho, se realice cuanto antes un referéndum claro y vinculante antes de que Diego Valderas y la dirección nacional lo presenten como un plebiscito del género: este es el acuerdo, o lo apoyáis o me voy. Prepárate, cantaban los viejos rockeros, va a estallar el obús.
A las diez de la mañana de este jueves santo, al que algunos de los presentes decían jueves rojo, en el exterior de La Comarcal se arremolinaban unos ciento cincuenta militantes de IU venidos de cerca de cincuenta asambleas de base. Gente recia y circunspecta, nada que ver con los que brindaron con champán ante lo que consideraban el éxito electoral de la coalición. En el pueblo de Paradas, al lado de El Arahal, había poca gente del aparato, aunque sí algún electo y bastantes alcaldes.
Cuando llegó Gordillo, con una caja de cartón a cuestas, le recibieron con discretos aplausos:
—¿Qué traes ahí, Juan Manuel?, le preguntó alguno.
—Programas de los de verdad, por si a alguien se le olvidan.
Sin apenas respiro, los reunidos se pusieron al tajo, como si tuvieran prisa. Prisa por aclarar las cosas, no por negociar, como se escuchó reiteradamente en la sala. Tras constituir la mesa, un somero planteamiento acerca de las intervenciones de esta primera asamblea de base autoconvocada por las de varios pueblos, fundamentalmente sevillanos. “Aquí lo que trataremos es de opinar sobre las cuatro opciones que tiene IU ante la realidad creada por los resultados electorales, que han colocado a la coalición en tan especiales circunstancias”, comentó en la previa Manuel Rodríguez Guillén, que moderaba la asamblea:
1.      Pacto de Gobierno. Gobernar con el PSOE a cambio de consejerías y puestos clave.
2.     Firmar con el PSOE un Pacto de Legislatura.
3.     Facilitar la investidura del candidato del PSOE a cambio de cuatro compromisos de importancia para el pueblo andaluz y pasar a la oposición.
4.     Abstención y que gobierne la lista más votada.



Juan Manuel Sánchez Gordillo:
“No he estado treinta y un años de mi vida luchando para votar ahora a Griñán, que es un corrupto y un ladrón”

El balance final de las numerosas intervenciones registradas arrojaría el desprecio más absoluto por las dos primeras opciones y un virtual empate técnico entre la tercera y la cuarta. En medio, un fantasma recorría a menudo la sala: “si nos equivocamos, es el fin de Izquierda Unida”, entrechocando a menudo con la referencia a la “solución extremeña” tan presente para todos. Una urgencia, hacer llegar a la dirección de la coalición que no les consideran legitimados para negociar sin que se haya ejercido el estatutario referéndum previsto para estos casos. Y muchas certezas, de entre las que una llama la atención por su radicalismo: “para el PSOE, somos el enemigo principal”.
Aunque casi todas se expresaron en similares líneas, hubo intervenciones destacadas a lo largo de las cuatro horas largas que duró la asamblea. Un lúcido Francisco Javier Aguilera, el que fuera primer firmante del manifiesto de constitución de “Socialismo 21”, situó lo ocurrido en Andalucía en el contexto histórico europeo, en un momento, dijo, en el que el estado social -el ciclo del PSOE-, ha muerto ante la progresiva subordinación de los derechos colectivos a los principios de la propiedad privada.
Para el abogado jienense, el partido socialista ya no tendrá un papel en la alternancia como ha ocurrido desde la transición, al ser ahora los empresarios los sujetos políticos reales, sino que camina hacia su liquidación ante el previsible auge, en su lugar, de algún elemento político de la extrema derecha más brutal. En estas condiciones, razonó que cualquier pacto con el PSOE significaría la muerte anunciada de IU, por lo cual se manifestó a favor de la tercera opción, eso sí cuantificando y detallando expresamente las exigencias a cambio, aunque predijo que no lo iban a aceptar “ni los unos ni los otros”. La alternativa en Andalucía, en lo económico, pasa por “tierra o emigración. O protagonizamos un ciclo de lucha social o desaparece la izquierda –afirmó- y esta asamblea es la que debe dar la batalla para rencontrarse con la ciudadanía, porque no podemos olvidar que el 15M nos ha deslegitimizado a todos, incluida Izquierda Unida”. Su intervención fue muy aplaudida.
Tras varios turnos de palabra combatiendo esencialmente el oportunismo que representa entrar en el gobierno andaluz o legitimarlo con un pacto, apareció en escena un contenido Juan Manuel Sánchez Gordillo, que en tono didáctico desgranó mediante algunos ejemplos una estrategia que parte de la base de que “los que han votado a IU no quieren ni a Arenas ni a Griñán. Tanto sea el gato blanco como el gato negro, los dos comen ratones, que somos nosotros. Pactar con uno de los gatos es la perdición, y más si te metes en la gatera”, sostuvo el dirigente del SOC y todavía alcalde de Marinaleda. Por seguir con animales, comparó al PSOE con aquella víbora que encontró casi muerta de frío un campesino y a la que reanimó con el calor de su cuerpo hasta que la serpiente, en cuanto volvió a la vida, de un bocado se lo llevó por delante.
Su intervención terminó decantándose personalmente por la tercera opción de las propuestas, deteniéndose en cuanto a contraprestaciones en la explicación de la Renta Básica propuesta “para que ningún andaluz carezca de lo necesario para vivir” y en que no se permita desde el gobierno autonómico “ni un desahucio más”, y precaviendo a los presentes sobre la posibilidad de que, una vez hayan llegado a un acuerdo con el PSOE, los dirigentes planteen a las bases –“si es que lo plantean”- más que un referéndum, un plebiscito condicionado. Su intervención fue literalmente jaleada por los presentes.
Cuando apareció ante el micrófono Diego Cañamero, la asamblea estaba ya a una buena temperatura, que se incrementó con la energía mitinera del portavoz nacional de la CUT, tan radical en su intervención que sobrepasó por la izquierda a Gordillo, defendiendo la decisión de la asamblea de su pueblo, El Coronil, a favor de la abstención. “El primer error que están cometiendo –afirmaba refiriéndose a la dirección de IU- es no consultar si queremos que negocien”, cuando fue interrumpido por una larga salva de aplausos. Quiso poner las cosas claras “para no equivocarse nadie. Un once y pico por ciento es una pequeña minoría frente al ochenta y ocho que ha opinado otra cosa. Con eso no se cambia la sociedad” –prosiguió hasta alcanzar la conclusión más evidente-. “Nadie nos puede exigir que cambiemos la sociedad, es nuestro deseo, pero no nuestra responsabilidad: si quieren que la cambiemos, que nos den la mayoría”. Tuvo también el dirigente campesino duras palabras para el PSOE, del que dijo tiene “diez discursos diferentes. Los que llevaban la pancarta de la huelga general en Sevilla daban vergüenza, ¿por qué no salieron cuando su partido inició la reforma laboral? -preguntó, para concluir aseverando- el partido socialista nos tiene secuestrados, es el enemigo fundamental”.

Prosiguieron las intervenciones incidiendo en las consideraciones de “victoria agridulce”. “Nos han liado una gorda”, se llegó a escuchar, hasta que volvió Gordillo a poner algunos puntos sobre las íes: “No he estado treinta y un años de mi vida luchando para votar a Griñán, que es un corrupto y un ladrón”, llegó a afirmar tras aclarar en su intervención que la asamblea de Marinaleda se había decantado por unanimidad a favor de la abstención. Otras voces, como la del delegado por Gilena, evocaban al fallecido cura Diamantino cuando decía: “Lo único bueno que viene de arriba es la lluvia, y eso que antes se ha evaporado de la tierra”.
O la de José Luis Angulo, alcalde de Jódar, quien insistió en la coherencia “no podemos dar un mensaje en campaña y otro ahora. No se puede apoyar al PSOE para que no venga el PP, cuando fue precisamente Felipe González el que se cargó el movimiento jornalero en Andalucía. Nos pisotean todos los días y ahora algunos quieren que les demos un abrazo”.
También se escucharon algunas voces que hablaban de divorcio total con la dirección, o que sugerían veladas amenazas de escisión entre algunas otras, más técnicas, informando a la asamblea acerca del largo y penoso proceso que deberá seguir la abstención según las normas internas del Parlamento andaluz, que suponen cerca de dos meses de idas y vueltas, de votaciones interminables, dos meses sometidos “a la presión mediática, a que los medios al servicio del PSOE nos machaquen cada día”, mientras algunos exigían la presencia de Gordillo en la negociación para aclarar las cosas.
La asamblea, finalmente, decidió –pasadas las dos de la tarde- realizar una declaración de cinco puntos y lanzar una nueva convocatoria de asambleas de base de IU que se fijó para el próximo día 15 de abril en Osuna “a la que tenemos que hacer que vengan las 700 asambleas de toda Andalucía, y la dirección también”. La parte dispositiva de la mencionada declaración, que todavía no se ha hecho pública, pareció resumirse en los siguientes cinco puntos:
1.      No estamos de acuerdo con un Pacto de Gobierno con el PSOE.
2.     No estamos de acuerdo con un  Pacto de Legislatura con el PSOE.
3.     Seguimos debatiendo entre la abstención y la firma de un acuerdo de investidura con ciertas condiciones y pasar a la oposición luego.
4.     Exigir el referéndum previsto en los estatutos, lo antes posible y con las cuatro opciones mencionadas, incluida la abstención.
5.     Nueva autoconvocatoria insistiendo en que acudan las asambleas no presentes en Posadas y el Consejo Andaluz de la coalición.
Hacía sol cuando salimos de la sala que nos había acogido, pero desapareció enseguida, mientras los asistentes se saludaban o intercambiaban datos y contactos. No duraron mucho las despedidas. Era día de fiesta y había que volver cuanto antes con la familia, guardando para sí la conciencia manifiesta de haber cumplido con lo que todos pretendían. Hacer sonar un aldabonazo rotundo en la coalición que todos defienden y responder ante un electorado que les exige claridad y coherencia.
 
 Antonio Piera || Periodista – Corresponsal.


Fuente: “Crónica Popular”, artículo completo aquí 

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