“Salí a la sala de estar y abrí la puerta del
recibidor en el momento mismo en que el individuo iba a llamar. Era un tipo con
ropa de ciudad, alto, delgado, con una nariz como un anzuelo y una boca tan
grande como el culo de una abeja.
-¡Comisario Corey? –me enseñó una tarjeta de
identificación-. Me llamo Barnes, soy de la agencia de detectives Talkington.
Sonrió ampliamente su boquita de piñón lo suficiente
para enseñar un diente: fue como vislumbrar un huevo que saliera de una paloma.
Dije que tenía muchísimo gusto en saludarle.
-Así que usted es de la agencia Talkington –dije- .
Anda, que me cuelguen si no he oído hablar de ustedes a manta. A ver, a ver…
ustedes acabaron con aquella huelga ferroviaria, ¿verdad?
-Exacto –y volvió a enseñarme el diente-. La huelga
del ferrocarril fue uno de nuestros trabajos. –Toma, la leche, pues eso exige
fibra, ¿eh? –dije-.
Los obreros tirándoles trozos de carbón y regándolos
con agua, y ustedes sin nada con que defenderse mas que escopetas y fusiles
automáticos. ¡Si señor, hostia! ¡Hay que reconocer que lo hacen ustedes
cojonudamente!
-Un momento comisario –su boca se arrebujó como un
ojal-. Nosotros nunca…
-Y aquellos muertos de hambre que trabajaban en el
ramo textil –dije-. Joder, los apañaron ustedes, ¿eh? Gente que malgastaba un
salario semanal nada menos que de tres dólares dándose a la mala vida y que
luego se quejaba porque tenía que comer basura para sobrevivir. Pero ¡qué
hostia!, eran extranjeros, tu, y si no les gustaba la basura norteamericana,
¿por qué no volvían al lugar de donde habían venido?
-¡Comisario! ¡Comisario Corey!
-¿Sí? –dije-. ¿Tiene algo que decirme, señor Barnes?
-¡Pues claro que tengo algo que decirle! ¿Por qué
otra cosa habría venido, si no? Ahora…
-¿Quiere usted decir que no ha venido para charlar un
rato? –dije- ¿Ni siquiera para enseñarme sus medallas por disparar a la gente
por la espalda y…?”
Jim Thompson
***

Sí, pero si no recuerdo mal, el comisario no se lo piensa tampoco a la hora de disparar por la espalda (y a quien sea).
ResponderEliminarHay dos momentos de esta novela que me parecen tremendos (uno había pensado hasta meterlo en Safari, pero era demasiado largo). El primero es cuando el tipo NO "cuenta" lo que sabe de su contricante en las elecciones en la barbería, y luego todo el pueblo empieza a soltar cosas increíbles y el enfretamiento final (no sé si en la Iglesi), algo en plan: "Yo no digo que haya matado a viudas, secuestrado a niños, robado, y todas esas cosas que dicen que ha hecho, pero, ¿por qué las dice la gente entonces?"
El otro momento es cuando le hace cargar al negro un cadáver y luego lo mata a pesar de los ruegos de este con eso de "tú sabías que iba a pasar esto..."
Una gran novela. Amarga y dura (y muy divertida a pesar de su humor negro), pero bueno, después de todo fue el guionista de "Senderos de gloria".
Un saludo.
No sabía que Jim Thompson había sido el guionista de “Senderos de gloria” y me alegra saberlo. Sin duda es una de mis películas favoritas, y creo que con diferencia la más antimilitarista, en el “peor” sentido, que he podido ver. Una obra maestra de Kubrick y ahora sé, gracias a ti, también de Thompson.
ResponderEliminarEl párrafo de “1280 almas” me parece representativo del “tono” y del sentido y significado de la novela, más allá “del muñeco que habla”. Recordaba Piglia lo que decía Chandler del género policíaco:
“Estos relatos nos hablan de un mundo en el que un juez que tiene una bodega clandestina llena de alcohol puede enviar a la cárcel a un hombre apresado con una botella de Whisky encima. Es un mundo que no huele bien pero es el mundo en el que usted vive. No es extraño que un hombre sea asesinado, pero es extraño que su muerte sea la marca de lo que llamamos civilización” (R. Chandler)
Un saludo, David.