jueves, 5 de abril de 2012

Párrafos de… “La inspiración y el estilo” / Juan Benet





“Es muy posible que el gran cataclismo del XVII se traduzca, para el escritor, en una infranqueable barrera de silencio que ya no será capaz de forzar en los siglos venideros. Ni siquiera cuando esa barrera, como ha sucedido repetidas veces, es abatida por una sociedad liberal que –por plazo breve y esporádico- recusa la anterior censura y permite al escritor que hable de lo que le dé la gana. Ni siquiera entonces porque el escritor español ha heredado y conlleva, desde el siglo XVII, una constitución y una mentalidad que ya no puede apartar de sí la sombra de aquella barrera.
Es un caso de evolución y adaptación a un medio que se ha mantenido durante todos los pisos de su sedimentación cultural. Un día aprendió a marchar en un medio circundado por una línea infranqueable y, condicionando su anatomía a tal circunstancia, ya no será capaz de recobrar su natural franqueza; pasaron los años y las generaciones, cristalizó una tradición que a su fuero más íntimo incorporó el sentimiento de una adaptación a un medio definido por una prohibición; pero ese sentimiento más que una añoranza es una aversión; el escritor español que se mueve al conjuro de ella ya no podrá vivir tranquilo, ya no podrá apartar su mente la idea de que es una criatura deforme e inadaptada, encerrada en el seno de una sociedad que lo que, tácitamente, está pidiendo es que se calle de una vez y respete el silencio en que tradicionalmente debe vivir el país. 




Y aquí nos encontramos con otra paradoja: y es que como consecuencia de la vieja prohibición y del mantenimiento de la censura se logra un efecto en todo opuesto al deseado porque el escritor se transforma, voluntaria o involuntariamente, en un escritor político, un hombre que no puede apartar de su mente la presencia de la barrera impuesta por la sociedad y que no es capaz de acercarse a una sola cosa sin pensar oblicuamente en sus repercusiones sociales y políticas. Así aprende a escribir en un lenguaje cifrado y reacciona ante el arte igual que un conjurado puede conducirse en un desfile de las fuerzas de orden público. Y lo primero que se le ocurre, ante el colega que no sangra por la misma herida y que se ha propuesto una meta algo diferente de la suya, es tildarle de escapista y esteticista, unos adjetivos que se emplean en tono despectivo por mucha gente cuyo fuerte, sin duda, no es el rigor verbal. No se querrán convencer de que, en una u otra medida, tales barreras han existido –y todo parece indicar que seguiran existiendo- desde que el mundo es mundo y que, desde esa misma fecha, entre las pocas personas que sin necesidad de conjurarse han hecho algo por suprimirlas o rebajarlas figuran los escapistas –que se escaparon de ellas- y los esteticistas que supieron desdeñarlas o burlarlas.
Yo creo que ante una situación así el hombre de letras no tiene otra salida que la creación de un estilo. Ninguna barrera puede prevalecer contra el estilo siendo así que se trata del esfuerzo del escritor por romper un cerco mucho más estrecho, permanente y riguroso: aquel que le impone el dictado de la realidad. Es un esfuerzo inaudito porque la realidad que le rodea es infinita en extensión y profundidad. Esa realidad se presenta ante el escritor bajo un doble cariz: es acoso y es campo de acción. Mientras el escritor no cuenta con un instrumento para dominarla se ve acosado por ella; pero un día su cerco es perforado y toda su inmensa y compacta hueste pasa a formar parte de las filas del artista y a engrosar sus efectivos, como ese dubitativo ejército de mercenarios dispuesto siempre a batallar por el mejor pagador. De forma que el enemigo –aquella realidad indefinible e infinita- se torna ahora su aliado. ¿Qué barreras pueden prevalecer contra un hombre que en lo sucesivo será capaz de inventar la realidad?

Juan Benet

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