domingo, 29 de abril de 2012

Párrafos de… “La vida del Buscón” (Francisco de Quevedo)






“Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa y, en el plato, dos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: “Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo”.


“Haz como vieres” dice el refrán, y dice bien. De puro considerar en él, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que todos. No sé si salí con ello, pero yo aseguro a v. m. que hice todas las diligencias posibles.”



“Verdugo era, si va a decir la verdad, pero un águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar”.




“De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora. Dícese que daba paz cada noche a un cabrón en el ojo que no tiene niña. Halláronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros. Y por lo menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas.”



“…y comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes, para huir dellos.”




“Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo, que dejé con mi ausencia a la mitad dél llorando, y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.”



“¿Quién le dice a v. m. que no se puede hacer? ; hacerse se puede, que ser imposible es otra cosa.”





“…y al poner el pie en el estribo, resbalósele y cayó, levantéle, y díjome: -“No tomé bien el medio de proporción para hacer la circunferencia al subir.” Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más desatinado hombre no ha nacido de las mujeres.
Preguntóme si iba a Madrid por línea recta, o si iba por camino circumflejo. Yo, aunque no lo entendí, le dije que circumflejo.”




“Fue el juego al parar, y lo bueno fue que dijo que no sabía el juego, y hizo que se le enseñásemos. Dejénos el bienaventurado hacer dos manos, y luego nos la dio tal, que no dejó blanca en la mesa. Heredónos en vida; retiraba el ladrón con las ancas en la mano que era lástima. Perdía una sencilla y acertaba doce maliciosas.  (…)
…nuestras cartas eran como el Mesías, que nunca venían y las aguardábamos siempre”.



“Es la lisonja llave maestra, que abre a todas voluntades…”





“Y al fin, señor licenciado, un caballero de nosotros ha de tener más faltas que una preñada de nueve meses, y con esto vive en la corte; y ya se ve en prosperidad y con dineros; y ya en el hospital. Pero, en fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey, con poco que tenga.”




“Diéronme una caja con hilo negro y blanco, seda, cordel y aguja, dedal, paño, lienzo, raso y otros retacillos, y un cuchillo; pusiéronme una espuela en la pretina, yesca y eslabón en una bolsa de cuero, diciendo: -“Con esta caja puede ir por todo el mundo, sin haber menester amigos ni deudos; en esta se encierra todo nuestro remedio.” (…) Andábamos haciendo culebra de una acera a otra, por no topar con casas de acreedores. (…) Todos los que me veían me juzgaban por comido, y si fuera de piojos, no erraran.”





“Tenía asolado medio reino. Hacía creer cuanto quería, porque no ha nacido tal artífice en el mentir; tanto, que aún por descuido no decía verdad.  (…)  juraba el nombre de Dios unas veces en vano, y otras en vacío.”




“Ahorre de pesadumbre, que, con ocho reales que dé al Alcaide, le aliviará; que esta es gente que no hace virtud si no es por su interés.”




“…no lo pudo sufrir, y tratóle algo mal de palabra…  (…) Que no hay mujer, por vieja que sea, que tenga tantos años como presunción. (…)
Llegáronse a mi las viejas a hacerme regalos, y holguéme de ver descubiertas las niñas, porque no he visto, desde que Dios me crió, tan linda cosa como aquella en quien yo tenía asestado el matrimonio: blanca, rubia, colorada, bola pequeña, dientes menudos y espesos, buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y zazosita. La otra no era mala, pero tenía más desenvoltura, y dábame sospechas de hocicada.
Fuimos a los estanques, vímoslo todo y, en el discurso, conocí que la mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente. No sabía; pero como yo no quiero las mujeres para conejeras ni bufonas, sino para acostarme con ellas, y si son feas y discretas es lo mismo que acostarse con Aristóteles o Séneca o con un libro, procúrolas de buenas partes para el arte de las ofensas; que, cuando sea boba, harto sabe si me sabe bien.”



“Y fueme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.”

Francisco de Quevedo

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1 comentario:

  1. Maravilloso, maravilloso, maravilloso. Un post soberbio; acertadísimo en las citas y encantador en las simbiosis con las ilustraciones.
    Dan ganas de salir corriendo a buscar los libros que cita (yo, por lo menos, soy así; si una persona cita un libro y la cita me gusta quiero ese libro de inmediato). Pero como dijo alguien cuyo nombre desconozco: ¡Tantos libros y tan poco tiempo!

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