miércoles, 18 de abril de 2012

Párrafos de… “Monsieur Teste” Paul Valéry (2)





No hay mujer en el mundo nombrada como yo. Ya sabe usted qué ridículos nombres se dan los amantes: qué apelativos de perros y periquitos son fruto natural de las intimidades carnales. Las palabras del corazón son infantiles. Las voces de la carne son elementales. M. Teste, además, piensa que el amor consiste en poder ser tontos juntos –licencia para toda memez y brutalidad-. Así que él me llama a su manera. Casi siempre me designa según lo que quiere de mí. Por sí solo, el nombre que me da me hace entender de una sola voz lo que me puede esperar o lo que hace falta que haga. Cuando no desea nada en particular me dice Ser, o Cosa. Y a veces me llama Oasis, eso me gusta.
Pero nunca me dice que soy tonta –eso me conmueve muy adentro.
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Su corazón es una verdadera isla desierta… (…) Quizás, un día, encuentre una huella en la arena…
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“¡Qué luces! –dijo el abad- ¡qué luces sacan a veces las mujeres de la simplicidad de sus impresiones y de las imprecisiones de su lenguaje!...”
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No sé qué es la conciencia de un idiota, pero la de un hombre inteligente está llena de idioteces.
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Hay personajes que sienten que sus sentidos les separan de lo real, del ser.  (…) 
Lo que veo me ciega. Lo que oigo me ensordece. Aquello de lo que sé me hace ignorante. Ignoro en tanto y por cuanto sé.
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No estoy hecho para novelas ni para dramas. Sus grandes escenas, cóleras, pasiones y momentos trágicos, lejos de entusiasmarme me llegan como míseros estallidos, estados rudimentarios en que toda necedad se desata, en que el ser se simplifica hasta la memez; y se ahoga en lugar de nadar en las circunstancias del agua.
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Sé que no es el mismo día, pero no hago más que saberlo.
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No es vivir ese vivir sin objeciones, sin esa resistencia viva, esa presa, esa otra persona, adversario, resto individualizado del mundo, obstáculo y sombra del yo –otro yo- inteligencia rival, incontenible –enemigo, el mejor amigo, hostilidad divina, fatal-íntima.
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Me parecía que hubiera entre usted y yo dos distancias, una todavía imperceptible, la otra inmensa ya; y no sabía cuál de las dos había que tomar por más real…
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Me temo mucho, mi viejo amigo, que estemos hechos de muchas cosas que nos ignoran. Y justo por eso nos ignoramos.

Paul Valéry

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