El siguiente
artículo de Bertrand Russell
lo he tomado del blog de Jorge Riechmann:
“tratar de comprender, tratar de ayudar”
[Un lector del blog me envía este artículo de Bertrand Russell
en 1939, publicado originalmente en el diario Survey Graphic de
Nueva York y recogido después en La América de Bertrand Russell (Ed.
Taurus). ¡Gracias por la colaboración!]
“Cuando una cualquiera de las
formas del poder no es democrática, puede ser usada para viciar a las que sí lo
son.
En los modernos países (nominalmente)
democráticos, el poder económico sigue siendo oligárquico (…) El poder
económico pertenece a las grandes sociedades anónimas en las que, mediante
estratagemas diversas, el accionista ordinario ha sido privado de toda voz
efectiva en su gobierno, que se halla en manos de un reducido número de
directivos que se autoperpetúan. Según Berle y Means, 2.000 individuos
controlan la mitad de la industria de los Estados Unidos. Estos hombres
transmiten su poder por herencia o por cooptación; se casan entre sí, deciden
graves asuntos de política en conversaciones informales y no tienen necesidad
de un cuerpo de gobierno ostensible, dada su solidaridad social.
¿Cuáles son los poderes de esta oligarquía? En
primer lugar, deciden cuáles serán los salarios y los horarios de prácticamente
todos los trabajadores industriales, porque siempre es seguro que los pequeños
patronos seguirán sus pasos. En muchas ocasiones controlan el Gobierno Federal,
tanto en lo legislativo como en lo ejecutivo. En la mayoría de los casos
controlan la mayor parte de los gobiernos de los Estados y pueden solicitar la
ayuda de la policía y de las milicias en los conflictos laborales. Nada se hace
para obligarles a obedecer la ley, ni siquiera cuando, como el señor Henry Ford,
se jactan abiertamente de no cumplirla. Cuando organizan bandas de criminales
que injurian gravemente a indefensos ciudadanos e incluso (en ocasiones) atacan
con sus bayonetas a los niños (*), a nadie se le ocurre que deberían ser
castigados como lo sería un hombre corriente que contratara a matones con el
fin de atacar a un enemigo privado.
(…) La oligarquía financiera controla la
propaganda. Los periódicos, que son grandes empresas capitalistas, están
naturalmente a su lado. De todos los enfrentamientos entre los trabajadores y
la policía o mercenarios a sueldo, se da una información que es, excepto en muy
pocos periódicos, muy injusta para con los trabajadores.
(…) Para comprender lo bueno y lo malo del
asunto, no es suficiente cobrar conciencia de los pormenores de barbarie e
ilegalidad presentes en las acciones de la plutocracia; es necesario, además,
darse cuenta de los fines por los que están luchando. Están luchando para
preservar su riqueza y su poder, y no les importa qué pueda esto costarles a
los habitantes menos afortunados del mundo.
(…) En todas las grandes sociedades, parece
ser una política constante que en los malos tiempos las pérdidas recaigan
principalmente sobre los más pobres, y en los buenos tiempos las ganancias sean
principalmente para los más ricos. La General Motors , por ejemplo, subió en 1935 los
sueldos de los empleados ordinarios un 5%, y los de los once ejecutivos
superiores entre un 50% y un 100%.
(…) La conducta de la oligarquía financiera no
es, en países nominalmente democráticos, en absoluto sorprendente. Toda clase
poseedora de un poder excepcional usa este poder tan despiadadamente como le
sea posible sin perderlo. Y encubre siempre su uso con frases moralistas que
persuaden a los que no piensan lo suficiente de que sus oponentes son unos
malvados. Difícilmente hay un ejemplo en la historia de una clase con poder a
la que le haya repugnado cometer cualquier crueldad, aun siendo atroz y amplia,
para conseguir sus fines. El miedo a la rebelión es la única fuerza suficiente
para provocar algún grado de humanidad.
El poder de los 2.000 hombres de negocios más
importantes de los EEUU de América es muy grande. Determinan los salarios y los
horarios de casi todos los trabajadores industriales. Controlan a los hombres
de negocios pequeños por medio de los bancos. Pueden, por norma general,
arruinar a un profesional que no les guste (…) Gracias al control que ejercen
sobre la prensa, pueden fomentar hostilidad contra cualquiera que intente
mejorar las condiciones de los trabajadores. Mediante la corrupción y la
intimidación, adquieren dominio sobre los políticos y hacen difícil que un
hombre modesto triunfe en la política, o bien que siga honesto si lo logra (…)
Con el fin de retener y aumentar sus ingresos increíblemente grandes, no tienen
escrúpulos de envenenar el nivel moral general de su país.
La misma situación existe, en esencia,
dondequiera que el capitalismo esté combinado con una democracia política. Es
una situación que, si se la deja, empeorará inevitablemente, puesto que es
resultado de la inmensidad y el control central de las modernas organizaciones
económicas que todo desarrollo técnico tiende a incrementar. En un país
industrial avanzado sólo hay dos posibilidades: o el poder económico controla
al Estado, o el Estado controla al poder económico. Creo que esto debe
aceptarse como una tendencia que será irresistible si el progreso económico
continúa.
En estas circunstancias, el defensor de la
democracia no puede contentarse con la democracia en la esfera política.
Mientras sobreviva la oligarquía en la industria, la democracia política será
precaria, sino impotente. Preguntémonos cuál es la medida de reforma mínima que
bastaría para liberar a la población de la tiranía de sus amos económicos
actuales.
El poder económico permanece en lo esencial
bajo el control del crédito y de la propiedad de las materias primas. El poder
de la plutocracia se vería seriamente recortado si la banca, el petróleo, el
mineral de hierro y todas las demás riquezas minerales brutas estuvieran en
manos del Estado. Las grandes centrales de energía y las grandes obras de
regadío, al estar en manos privadas, confieren a sus propietarios un grado de
poder peligroso y deberían pertenecer a las autoridades públicas.
(…) Si la democracia tiene que preservar
cierta realidad, debe conseguir el poder económico.
Este cambio, debido en gran parte a la locura
de los que lo defienden, ha sido calificado de revolucionario y como si
implicara una pérdida para todos, excepto para el proletariado. En
consecuencia, tropieza con una resistencia muy extendida, y sus oponentes
tienen la posibilidad de amenazar con que no podría ser llevado a cabo sin una
revuelta social. Esta situación, que ha sido provocada por una propaganda poco
aconsejable, debe remediarse antes de que la transición pueda efectuarse sin
desastre. Los cambios necesarios para recortar el poder de la plutocracia
serán, si se efectúan pacíficamente, beneficiosos para el 99% de la población;
y si el 99% de la población, o incluso sólo a un 70%, se les puede hacer ver
esto, será posible efectuar la transición pacíficamente. Cuando la labor de
persuasión haya sido llevada a cabo adecuadamente, cualquiera de las medias
necesarias podrá ser decretada legalmente y cumplida con un mínimo de fuerza
ejercida constitucionalmente por las autoridades. Pero si la labor de
persuasión ha sido inadecuada, cualquier intento prematuro de fuerzas, si las
partes están igualadas, el más despiadado es el que gana.”
Bertrand Russell
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