domingo, 20 de mayo de 2012

Los hijos de los días / Eduardo Galeano








Día de la seguridad en el trabajo

Hoy vale la pena advertir que no hay nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan, cada día, preguntando:
 -¿Cuántos sobraremos? ¿Quién me comprará?
 Muchos pierden el trabajo y muchos pierden, trabajando, la vida: cada quince segundos muere un obrero, asesinado por eso que llaman accidentes de trabajo.
La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos que desatan la histeria colectiva para ganar elecciones. Peligro, peligro, proclaman: en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso,
y es peligroso cruzar la calle, porque cada veinticinco segundos muere un peatón, asesinado por eso que llaman accidente de tránsito;
 y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química;
 y es peligroso respirar, porque en las ciudades el aire puro es, como el silencio, un artículo de lujo;
 y también es peligroso nacer, porque cada tres segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad.




***





Marzo
30

Día del servicio doméstico

   Maruja no tenía edad.
   De sus años de antes, nada contaba. De sus años de después, nada esperaba. 
   No era linda, ni fea, ni más o menos.
   Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón.
   Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.
   Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas.
   Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.
   Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria.
   Nunca había salido de la ciudad de Lima.
   Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin,  encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona.
   A los pocos días, se fue.
   Se estaba encariñando.




***






Marzo
22

Día del agua

   De agua somos.
   Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda.
   La memoria nos cuenta que los desiertos de hoy fueron los bosques  de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado, en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos.     
   ¿Quién se quedó con el agua? El mono que tenía el garrote. El mono desarmado murió de un garrotazo. Si no recuerdo mal, así comenzaba la película 2001, Odisea del espacio.
   Algún tiempo después, en el año 2009, una nave espacial descubrió que hay agua en la luna. La noticia apresuró los planes de conquista.
   Pobre luna.

Eduardo Galeano

***



No hay comentarios:

Publicar un comentario