“Siendo niño me
irritó con frecuencia ver en todas las comedias italianas a un pedante haciendo
de bufón (el pedante es en principio el
maestro de escuela).”
***
“Y se trata de
una costumbre antigua, pues Plutarco
dice que “griego” y “escolar” eran palabras de reproche y desprecio entre los
romanos.
Después he
descubierto con la edad que tenían muchísima razón y que los más grandes doctos no son los más grandes sabios.”
Y en cuanto a los
filósofos apartados de toda ocupación pública, a decir verdad fueron también
alguna vez despreciados por la libertad cómica de su tiempo. Sus opiniones y
costumbres los hacían ridículos. (Por ejemplo, Sócrates es ridiculizado en Las nubes por Aristófanes) ¿Quieres que
sean jueces de los derechos de un
proceso, de las acciones de un hombre? ¡Están muy dispuestos! Indagan además si
hay vida, si hay movimiento, si el hombre es cosa distinta del buey, qué es
hacer y padecer, qué clase de animales son las leyes y la justicia. ¿Hablan del
magistrado o le hablan? Lo hacen con una libertad irreverente e incivil. ¿Oyen
alabar a su príncipe o a un rey? Para ellos es un pastor. ¿Consideran a alguien
más grande porque posee dos mil fanegas de tierra? Se burlan, acostumbrados
como están a abrazar el mundo entero como su posesión. ¿Te jactas de tu nobleza
porque cuentas siete antepasados ricos? Te consideran poca cosa porque no
concibes la imagen universal de la naturaleza y cómo todos nosotros hemos
tenidos predecesores ricos, pobres, reyes, criados, griegos y bárbaros. Y aunque
fueras el quincuagésimo descendiente de Hércules, les parecerías vano por dar
valor a este regalo de la fortuna. De este modo, el vulgo los desdeñaba por
ignorantes de las cosas primeras y comunes, por presuntuosos e insolentes.”.
“Y aquel que
preguntó a Crates hasta cuándo
habría que filosofar, recibió este respuesta: Hasta que los arrieros dejen de dirigir nuestros ejércitos. Heráclito cedió la realeza a su
hermano.”
“A Tales, por haber denunciado alguna vez
el afán por la administración y el enriquecimiento, le reprocharon que lo hacía
como el zorro, porque no alcanzaba.”
“…habida cuenta
el modo en que se nos instruye, no es asombroso que ni escolares ni maestros se
vuelvan más capaces aunque se hagan más doctos. En verdad, la solicitud y el
gasto de nuestros padres no tienen otra mira
que amueblarnos la cabeza de ciencia; en cuanto al juicio y a la virtud,
pocas noticias. Grítale a nuestro pueblo de alguien que pasa: “¡Oh, que hombre más
docto!”. Y de otro: “¡Oh, que buen hombre!”. No dejará de dirigir mirada y
respeto hacia el primero. Debería de haber un tercero que gritara: “¡Oh, qué
cabezas más torpes!”. Nos preguntamos de buena gana: “¿Sabe griego o latín?,
¿escribe en verso o en prosa?”. Pero lo principal es si se ha vuelto mejor o
más sensato, y eso es lo que se olvida. Habría que preguntar quién sabe mejor,
no quién sabe más.
Nos esforzamos
solo en llenar la memoria y dejamos el entendimiento.”
“Sabemos decir: “Cicerón lo afirma así”, “Éste
es el comportamiento de Platón”, “Ésas son las palabras mismas de Aristóteles”.
Pero nosotros, ¿qué decimos nosotros mismos?, ¿qué hacemos?, ¿qué juzgamos? Un
loro lo diría igual de bien.”
“Y creía que tal
saber era suyo porque estaba en la cabeza de sus criados. Así actúan también
aquellos cuya capacidad reside en las suntuosas bibliotecas que poseen. Conozco
a alguno que, cuando le pregunto qué sabe, me pide un libro para mostrármelo; y
no osaría decirme que tiene sarna en el trasero si no va de inmediato a estudiar
en su diccionario qué es sarna y qué es trasero. (…)
¿De qué nos sirve
tener la barriga llena de alimento si no lo digerimos, si no se transforma en
nosotros, si no nos aumenta ni fortalece? (…)
¿Quiero obtener
consuelo para mí o para otro? Lo tomo prestado de Cicerón. Lo habría extraído de mí mismo si me hubiesen ejercitado
en hacerlo. No me gusta esta capacidad relativa y mendigada.” (…)
Dionisio se burlaba de los gramáticos que se
preocupan de indagar los infortunios de Ulises
e ignoran los propios, de los músicos que afinan sus flautas y no afinan su
comportamiento, de los oradores que se esfuerzan por decir la justicia, no por
hacerla”.
“Si el alma no
progresa con un movimiento mejor, si el juicio no se ha hecho más sano, me
daría lo mismo que nuestro escolar hubiera pasado el tiempo jugando a la
pelota; al menos habría ganado en agilidad.” (…)
“Tales maestros,
como dice Platón de los sofistas,
hermanos suyos, son, entre todos los hombres, quienes prometen ser más útiles a
los hombres, y los únicos entre todos que no solo no mejoran aquello que se les
confía, como lo hace un carpintero o un albañil, sino que lo empeoran, y cobran
por haberlo empeorado.” (…)
“Lo cierto es que
con la mayor frecuencia parecen haber caído por debajo incluso del sentido
común. Porque al campesino y al zapatero los ves seguir simple y naturalmente
su camino, hablando de lo que saben; éstos, por pretender elevarse y exaltarse
con el saber que nada en la superficie de su cerebro, se enredan y embrollan
sin cesar. (…)
Dado que en
Francia el estudio apenas tiene otro objetivo que el provecho, se entregan a
las letras menos de aquellos a quienes la naturaleza ha hecho nacer para
cometidos más nobles que los lucrativos, o lo hacen muy brevemente –se retiran,
antes de haberse aficionado a los libros, a una profesión que nada tiene en
común con ellos-. Así pues, de ordinario solo queda, para implicarse por entero
en el estudio, la gente de baja fortuna, que busca en él un medio de vida.”
“Los ejemplos nos enseñan, en este Estado marcial y en todos
los similares, que el estudio de las ciencias reblandece y afemina los ánimos
en lugar de afirmarlos y aguerrirlos.
El más fuerte Estado que aparece en este momento en el
mundo es el de los turcos, pueblos igualmente adiestrados en el aprecio de las
armas y el desdén de las letras. Roma me parece más valiente antes de que fuera
docta. Las naciones más belicosas de nuestros días son las más toscas e
ignorantes. Los escitas, los partos, Tamerlán
nos sirve como prueba. Cuando los godos asolaron Grecia, lo que salvó a todas
las bibliotecas de ser incendiadas fue que uno de ellos difundió la opinión de
que había que dejar tal bien mueble entero a los enemigos, pues era útil para
apartarlos del ejercicio militar y entretenerlos en ocupaciones sedentarias y
ociosas. Cuando nuestro rey Carlos VIII,
casi sin desenvainar la espada, se vio dueño del reino de Nápoles y de buena
parte de la Toscana ,
los señores de su séquito atribuyeron la inesperada facilidad de la conquista
al hecho de que los príncipes y la nobleza de Italia se dedicaban más a hacerse
ingeniosos y doctos que fuertes y guerreros.”
Michel
de Montaigne
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