…demonio más por
menudo soy, aunque me meto en todo: yo soy las pulgas del infierno, la chisme,
el enredo, la usura, la mohatra; yo truje al mundo la zarabanda, el déligo, la
chacona, la bullicuzcuz, las cosquillas de la capona, el guiriguirigay, el zambapalo,
la mariona, el avilipinti, el pollo, la carretería, el hermano Bartolo, el
carcañal, el guineo, el colorín colorado; yo inventé las pandorgas, las
jácaras, las papalatas, los comos, las mortecinas, los títeres, los volatines,
los saltambancos, los maesecolares, y, al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo.
…no parando de
volar hasta hacer pie en el capitel de la torre de San Salvador, mayor atalaya
de Madrid, a tiempo que su reloj daba la una, hora que tocaba a recoger el
mundo poco a poco al descanso del sueño; treguas que dan los cuidados a la
vida, siendo común el silencio a las fieras y a los hombres; medida que a todos
hace iguales; habiendo una priesa notable a quitarse zapatos y medias, calzones
y jubones, basquiñas, verdugados, guardainfantes, polleras, enaguas y
guardapiés, para acostarse hombres y mujeres, quedando las humanidades menos
mesuradas, y volviéndose a los primeros originales, que comenzaron al mundo
horros de todas estas baratijas…
…y acompáñame a
reír de aquel marido y mujer, tan amigos de coche, que todo lo que habían de
gastar en vestir, calzar y componer su casa lo han empleado en aquel que está
sin caballos agora, y comen y cenan y duermen dentro dél, sin que hayan salido
de su reclusión, ni aun para las necesidades corporales, en cuatro años que ha
que le compraron; que están encochados, como emparedados, y ha sido tanta la
costumbre de no salir dél, que les sirve el coche de conchas, como a la tortuga
y al galápago, que en tarascando cualquiera dellos la cabeza fuera dél, la
vuelven a meter luego, como quien la tiene fuera de su natural, y se resfrían y
acatarran en sacando pie, pierna o mano desta estrecha religión; y pienso que
quieren ahora labrar un desván en él para ensancharse y alquilalle a otros dos
vecinos tan inclinados a coche, que se contentarán con vivir en el caballete
dél.
-Ésos –dijo don
Cleofás- se han de ir al infierno en coche y alma.
-No es penitencia
para menos –respondió el Cojuelo-.
Luis
Vélez de Guevara
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