sábado, 2 de junio de 2012

Benet / Martín Gaite







“Rara vez le es dada al hombre de letras la inmensa fortuna del tema original: las dos hermosas volutas con que Alberti resolvió en Santa María Novella el vacío de la fachada creado, en ausencia de las torres, por el desnivel entre la nave central y las laterales representa una especie de problema y de solución de trazado que con muy poca frecuencia se reproduce en el curso de una obra literaria. Muy al contrario, la obra literaria, en un principio, carece de cláusulas y problemas porque no es nada; toda ella es un problema creado por una vocación cuya tarea inicial no es otra que la invención –más que el descubrimiento- de un vacío que se pueda solucionar después, con mayor o menor fortuna, con un artificio específico. La paradoja es tanto más notable por cuanto ese artificio tampoco existe previamente, sino que se tiene que inventar progresivamente y en reciprocidad con los contornos de un hueco que evoluciona con él, a partir de un primer momento de confianza”.

Juan Benet  (La inspiración y el estilo)







Carmen Martín Gaite  sobre Juan Benet

“Otro de sus caballos de batalla era el argumento. No sé que le había hecho el argumento para odiarlo tanto como lo odiaba. (…)
Este libro (Una meditación), que Juan Benet empezó a pergeñar en 1965, había sido escrito en un rollo de papel continuo acoplado a la máquina con un dispositivo especial. Él lo dibujó y se lo hizo un carpintero de obra; los amigos lo íbamos a ver con mucha curiosidad y lo llamábamos el “rollo”. Constaba de dos laterales sobre una base de madera asentada sobre la mesa, inmediatamente detrás de la máquina de escribir. En el eje inferior había situado la bobina de papel que fue lo más difícil de encontrar hasta que la confeccionó un papelero amigo suyo de Guipúzcoa. Y en el eje superior, que era en realidad un torno, iba enrollando la tira de papel escrita. Decía que se había planteado la cosa así para no dejar de escribir la novela y para olvidarse de lo que iba poniendo. Aparte de lo pintoresco de la invención, no se puede dar un atentado mayor contra la pretensión de argumento, puesto que el hilo narrativo, al menos para mí, consiste en ir mirando lo que se ha puesto antes, condicionador de lo que vendrá después. En una palabra, por usar una terminología que me resulta muy querida, se pierde el hilo. Tal vez es lo que Juan pretendiera, perderse, perder el rastro de su propia memoria. Sus gustos iban por ahí.”

Carmen Martín Gaite

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3 comentarios:

  1. Los problemas que plantea el espacio arquitectónico son problemas reales, los debemos resolver sin fantasías ni elucubraciones artificiosas, la solución debe ser mesurada, definida geométricamente y sobre todo calculada, si esto no se hace bien, la cosa se cae y el espacio resultante no sirve para nada. Santa María Novella es un paradigma de equilibrio geométrico casi sin precedentes, los trazados regulares de su fachada y de la organización del espacio son precisos y absolutamente armónicos, obedecen a un rigor matemático en el que todo cuadra. Quedaba cómo solucionar en fachada la diferencia de alturas que se produce entre las naves y solucionarlo de forma que no fuera ficticia o contradictoria, es decir que aquello que se viera en fachada fuera la expresión de lo que había detrás -esta es la cuestión- En literatura ocurre a menudo, y ocurre en muchas obras canónicas y en escritores de campanillas, que la expresión se cae, que lo escrito, en su aspecto formal, no se corresponde con el sentido de su contenido; como que esto pasa sin que se produzca la ruina pues pasa todo desapercibido.
    He pasado horas, muchas horas, ante la fachada de Santa María Novella, con un cuaderno en la mano dibujando e intentando resolver mediante un elemento distinto de las volutas que diseñó Alberti y te puedo asegurar que he sudado, he emborronado hojas y más hojas y al final he tenido que concluir que aquellos elementos arquitectónicos, tan extraordinarios, raramente usados anteriormente, eran la mejor solución y la más expresiva de la verdad del espacio.
    Es interesantísimo plantear los problemas de la creación literaria en términos reales, casi matemáticos, para evitar que la expresión se caiga y tener mucho cuidado con la armonía, el ritmo, el rigor. No olvidemos que la literatura es contenido, pero también es FORMA, y debe solucionar los problemas formales. Un escritor que no comprenda esto, no es más que un escribiente, quizás óptimo para el registro de la propiedad o para trabajar en una multinacional. Si en la literatura se desatiende la forma, todo queda reducido a puro dato.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. Muy interesante esto de discurrir sobre la forma y el contenido en las artes, y la relación más o menos contradictoria o complementaria que mantienen entre sí, y las distintas escuelas y estilos que generan en función del lado al que cada época, artista, o movimiento se inclina. Y además no deja ser apasionante el hecho de que “artistas” que en su época solo eran considerados poco más que buenos “artesanos”, hayan sido los auténticos creadores por la vía del empirismo más radical, de los más clásicos, permanentes e influyentes cánones del arte y de la belleza. Me refiero a los avalados por el paso del tiempo.
    A Benet lo veo un poco como a aquel al que se refería el “Sir” inglés: “Primero elabora un recipiente teórico y luego pretende que la realidad se someta y se ajuste a sus medidas”, y lo que es más curioso, pretende vestir su elucubración “teórica” de una naturaleza objetiva, es decir, científica.
    No digo yo que no sea una manera tan divertida como cualquier otra de llenar los ratos de asueto… mientras los artesanos sin “bagaje” teórico siguen “haciendo camino al andar”…
    Francesc, te agradezco mucho tus sustanciosos e instructivos comentarios.
    Un saludo.

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    1. Luis, coincido contigo en lo referente a Benet. Teorizar "a priori" es mirarse el ombligo, es no pisar de pies al suelo. El arte se hace haciéndolo, embadurnando telas y pensando, dibujando plantas y alzados y pensando, dándole al cincel y pensando, es un problema de forma, forma y forma y contenido. El caso más claro es el dibujo, este sirve para expresar lo que se piensa, sirve como retórica, sirve como reflexión; dibujas y reflexionas sobre la forma que sale y borras lo que convenga, una forma, al verla, te sugiere otras. En el caso de la arquitectura, al dibujar y medir dominas el espacio. Así lo hicieron aquellos sabios del renacimiento, dibujaron y pensaron y fueron artistas más que artesanos porque reflexionaron sobre lo que su mano dibujaba o pintaba. Acción y pensamiento, no sólo teoría, ésta la vamos a dejar sólo para el ensayo y no para el arte. Y el artistazo de Oscar Wilde que aprenda.
      Salud
      Francesc Cornadó

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