“Voy buscando la casa de Ensor. No veo letreros que la indiquen. Al fin,
doy con ella. Es una puerta estrecha. Luego, una sensación de asfixia asociada
al olor de las cosas viejas mal conservadas. Un interior mediocre, tejidos
ajados, decadencia. ¿Cómo pudo un espíritu tan vorazmente satírico anidar en un
lugar tan conservador, gestar un mundo tan inquietante en interiores tan
mezquinos? ¿Qué le forzaba a ello? ¿Quién regía su entorno cotidiano?
Penetro en la intimidad de otros para reconocer, en su cobijo, algo que,
de algún modo, pudo pertenecerme. Visito sus casas para hallar la mía.
Ensor vivió con su madre, en la casa familiar. No salió de Bélgica.
Tampoco lo hizo el simbolista Khnopff, amigo y compañero suyo en la Académie des Beaux-Arts
de Bruselas. Cuando un artista se siente atrapado en un medio pequeñoburgués
tiene dos opciones, o salir, desterrarse, como hicieron Rimbaud o Henri
Michaux, o bien quedarse y alienarse. En este último caso, la saliva es más
agria.”
“Hubo un tiempo en el que las historias contaban el pasado de un pueblo.
Se contaba para recordar, o para crear raíces y fundar el suelo común en el que
hubiesen arraigado. Hoy, inventamos historias para ocupar el presente, para
ocuparlo entre todos con historias ajenas. Contar es procurarse una
continuidad. Argumentos prestados, historias con las que se hace el tiempo para
ocupar la extensión inmensa, aterradora, que sin él se abre.”
“No destacar: un impecable principio de convivencia. No destacar
significa no invadir el espacio ajeno, limitar la intención personal para dejar
que el otro pueda desplegarse en el suyo. No destacar significa tener en cuenta
la necesidad que el otro tiene de ser alguien, de contar para otros, de
importar igualmente.
La solidaridad, como valor o como norma, en una sociedad donde se prima
la competitividad es un contrasentido. Si pretendemos educarnos en la
solidaridad, sería conveniente, ante todo, reemplazar modelos de competición
por otros más igualitarios. Trocar el paradigma vertical (jerárquico,
ascendente y descendente: éxito-consideración/fracaso-desprecio) por otro,
horizontal. La igualdad de oportunidades no ha de confundirse con la igualdad
social. Pero el sistema de consumo se contrapone radicalmente a los valores de
equiparación o igualitarismo; no se sostiene sin las diferencias porque
necesita de individuos que quieran distinguirse y consuman, para ello,
productos de toda índole. La desigualdad es la piedra angular del sistema de
consumo. Virtudes como la modestia o el recato no tienen, por ello, lugar en
él. Son valores designados como obsoletos porque, simplemente, no convienen.”
Chantal Maillard
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