miércoles, 20 de junio de 2012

Chantal Maillard / Párrafos de…“Bélgica” (2)






“Voy buscando la casa de Ensor. No veo letreros que la indiquen. Al fin, doy con ella. Es una puerta estrecha. Luego, una sensación de asfixia asociada al olor de las cosas viejas mal conservadas. Un interior mediocre, tejidos ajados, decadencia. ¿Cómo pudo un espíritu tan vorazmente satírico anidar en un lugar tan conservador, gestar un mundo tan inquietante en interiores tan mezquinos? ¿Qué le forzaba a ello? ¿Quién regía su entorno cotidiano?
Penetro en la intimidad de otros para reconocer, en su cobijo, algo que, de algún modo, pudo pertenecerme. Visito sus casas para hallar la mía.
Ensor vivió con su madre, en la casa familiar. No salió de Bélgica. Tampoco lo hizo el simbolista Khnopff, amigo y compañero suyo en la Académie des Beaux-Arts de Bruselas. Cuando un artista se siente atrapado en un medio pequeñoburgués tiene dos opciones, o salir, desterrarse, como hicieron Rimbaud o Henri Michaux, o bien quedarse y alienarse. En este último caso, la saliva es más agria.”





“Hubo un tiempo en el que las historias contaban el pasado de un pueblo. Se contaba para recordar, o para crear raíces y fundar el suelo común en el que hubiesen arraigado. Hoy, inventamos historias para ocupar el presente, para ocuparlo entre todos con historias ajenas. Contar es procurarse una continuidad. Argumentos prestados, historias con las que se hace el tiempo para ocupar la extensión inmensa, aterradora, que sin él se abre.”


“No destacar: un impecable principio de convivencia. No destacar significa no invadir el espacio ajeno, limitar la intención personal para dejar que el otro pueda desplegarse en el suyo. No destacar significa tener en cuenta la necesidad que el otro tiene de ser alguien, de contar para otros, de importar igualmente.

La solidaridad, como valor o como norma, en una sociedad donde se prima la competitividad es un contrasentido. Si pretendemos educarnos en la solidaridad, sería conveniente, ante todo, reemplazar modelos de competición por otros más igualitarios. Trocar el paradigma vertical (jerárquico, ascendente y descendente: éxito-consideración/fracaso-desprecio) por otro, horizontal. La igualdad de oportunidades no ha de confundirse con la igualdad social. Pero el sistema de consumo se contrapone radicalmente a los valores de equiparación o igualitarismo; no se sostiene sin las diferencias porque necesita de individuos que quieran distinguirse y consuman, para ello, productos de toda índole. La desigualdad es la piedra angular del sistema de consumo. Virtudes como la modestia o el recato no tienen, por ello, lugar en él. Son valores designados como obsoletos porque, simplemente, no convienen.”

Chantal Maillard

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