Setiembre
28
Día del derecho a la información
Quizá sea oportuno recordar
que un mes y pico después de las bombas atómicas que aniquilaron Hiroshima y
Nagasaki, el diario The New York Times desmintió los rumores que estaban
asustando al mundo.
El 12 de setiembre de 1945,
este diario publicó, en primera página, un artículo firmado por su redactor de
temas científicos, William L. Laurence. El artículo salía al encuentro de las
versiones alarmistas y aseguraba que no había ninguna radiactividad en esas ciudades
arrasadas, y que la tal radiactividad no era más que una mentira de la
propaganda japonesa.
Gracias a esta revelación,
Laurence ganó el premio Pulitzer.
Tiempo después, se supo que
él cobraba dos salarios mensuales: The New York Times le pagaba uno, y el otro
corría por cuenta del presupuesto militar de los Estados Unidos.
Eduardo
Galeano
Octubre
12
Día
del Descubrimiento
En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos,
descubrieron que existía el pecado,
descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo
y a un dios de otro cielo,
y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna
y a la tierra y a la lluvia que la moja.
Eduardo
Galeano
Noviembre
22
Día de la música
Según cuentan los memoriosos,
en otros tiempos el sol fue el dueño de la música, hasta que el viento se la
robó.
Desde entonces, para consolar
al sol, los pájaros le ofrecen conciertos al principio y al fin de cada día.
Pero la música ha sido
vencida. Los alados cantores no pueden competir con los rugidos y los chillidos
de los motores que gobiernan las grandes ciudades. Ya no se escucha el canto de
los petirrojos. En vano los escasos
ruiseñores se rompen el pecho queriendo hacerse oír, y el esfuerzo por sonar
cada vez más alto arruina los trinos de los mirlos y las voces de los
benteveos.
Y ya las hembras no reconocen
a sus machos. Ellos las llaman, virtuosos tenores, irresistibles barítonos,
pero en el estrépito ellas no distinguen quién es quién, y terminan aceptando
el abrigo de alas extrañas.
Eduardo
Galeano
***



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