sábado, 14 de julio de 2012




012/ Aquí te pillo, aquí te…





¿Crecimiento o decrecimiento?

Para los de abajo, para los desposeídos, para los pobres de solemnidad, pienso que se trata de un dilema o una disyuntiva, como poco, extraña. Y digo como poco, porque, a esas gentes, les han ido las cosas de puta pena tanto cuando los “papeles” y la “tele” hablaban de “crecimiento” como cuando lo hacían de “crecimiento cero” o de crisis o “caídas graves de los índices” productivos y la balanza de pagos (la deuda externa no la consideran porque es un “producto” que los de abajo no contemplan ni tan siquiera poniéndose de puntillas).

La verborrea ininteligible de los “ontiveros” solo sirve para desalentar, acomplejar  o, dado el inextricable argot,  intimidar y silenciar a cualquier incauto que intente “entender” cómo funciona la “economía” o al menos algunos de sus oscuros (oscurecidos) mecanismos y sus causas y efectos (borradas sus conexiones) y sus consiguientes secuelas sobre  “la propia vida real”.

Por supuesto que tal tipo de “ciudadano crédulo” no suele pertenecer a la chusma, al vulgo, a la clase baja; clase de la que, por cierto, procede alguno de los más mediáticos “ontiveros”, aunque evidentemente hoy día ya millonariamente desclasado, sino más bien elementos de la clase media o media-alta, con ínfulas de “altos coeficientes de inteligencia”, al menos por encima de la media.
El caso es que, los pobres, según dicen las estadísticas de los ricos, tienen tendencia a ser más pobres, comparativamente, cada día, tanto en épocas de vacas gordas como de vacas flacas o de habas cocidas. En lenguaje más fetén, el de los mendas con diplomas y estudios, suelen hablar de “crecimiento de las desigualdades”. 






Y este puede ser un buen ejemplo: ¿Qué entender por crecimiento de las desigualdades?
Probemos: A es rico y B es pobre. Supongamos que A, el rico, aumenta su riqueza durante un periodo electoral de cuatro años, un 20%. Y por su lado, B, el pobre, aumenta también su “riqueza” dentro de su pobreza “neta” un 5%. Todo ello ocurre, seguimos suponiendo, en un periodo de vacas gordas con un gobierno de la derecha. Bien, pues a pesar de que tanto A como B han “sumado o ganado riqueza”, lo cierto es que las estadísticas de los ricos, de derechas y de izquierdas, dicen, en voz baja, que han “crecido las desigualdades”. O sea, que la distancia entre el rico y el pobre ha aumentado.
Por otro lado, en un nuevo periodo electoral de cuatro años ahora gobernado por la izquierda, respetemos los convencionalismos, y, desdichadamente, de vacas flacas, nos encontramos el siguiente panorama: A, el rico, ha aumentado su riqueza un 50% (esto no lo explican los “ontiveros” pero en épocas bajas los ricos, no es obligatorio que gobierne la “izquierda” pero también influye, siempre ganan más, es decir muchísimo más de lo que ganan “normalmente”). B, el pobre, contra lo que se podría pensar al tratarse de un periodo de vacas flacas, no aumenta riqueza pero tampoco crece en pobreza por lo que podríamos hablar de algo así como “no crecimiento / no decrecimiento” (un punto cero, equilibrado o plano: como el encefalograma de la señora Botella) en términos de riqueza bruta dentro de su pobreza neta. Ahora bien, no nos confundamos, de poder adquisitivo nuestro pobre hombre anda más que escaso (debe ser por la inflación subyacente, y sus efectos colaterales, en su poblado de chabolas). En cualquier caso, vamos a lo que vamos, el diagnóstico de las estadísticas de los ricos es el mismo de la etapa anterior: “crecimiento de las desigualdades”. 





Bueno, respiren, ya acabo. Llegados a este punto ¿qué hemos aprendido de “economía”, de sus mecanismos, de su funcionamiento, de las leyes internas que la rigen, del papel del capital, del papelito del trabajo (sin texto), de la plusvalía, de los entramados societarios, de los bonos a futuro, de la volatilidad subterránea, de las acciones preferentes en clase turista, del capital riesgo sin cobertura, de todos esos productos “tóxicos” de ingeniería financiera que se escriben en extranjero…? Nada, es cierto. Sin embargo, se mueve. La riqueza, digo. Y siempre en la misma dirección. Hacia los mismos bolsillos.
Hemos aprendido, porque las estadísticas de los ricos nos lo dicen, que una parte de la sociedad (bien que minoritaria), independientemente del tamaño y peso de las vacas y del color del gobierno que hace como que gobierna, ve crecer tan guapamente su acumulación de riqueza. Y que la otra parte, la mayoría de la sociedad (dividida gradual y verticalmente en una escala compuesta por varios estratos o niveles de consumo) ve crecer, resignadamente, su endeudamiento: en épocas de vacas gordas y cualquier gobierno o, por el contrario, ve crecer, sin emoción alguna, su pobreza: en épocas de vacas flacas y cualquier gobierno. 





De lo que no dicen ni mu los “ontiveros”, expertos en demagogias y medias verdades, es del “reparto” de la riqueza y de su consecuente efecto de “aumento continuado de las desigualdades”. Y es que  los “ontiveros” prefieren seguir hablando de esa entelequia fantasmagórica que es la llamada “renta per cápita” en cuyo espacio virtual se produce la ilusión de que Amancio Ortega “comparte” sus eurillos con los cuarenta millones de españoles… en fin, cosas de los licenciados.
Y es que “el reparto” no parece ser un asunto “de ciencia económica”. Ellos, los “ontiveros”, de política no entienden mucho, (dicen con la boca pequeña y la taimada sonrisilla de sabihondos) y piensan, por si cuela, que ese asunto  del “reparto de la riqueza” debe de obedecer a algún tipo de fenómeno meteorológico o algo de naturaleza parecida. O a la gracia de Dios.
De tal manera que, si queremos conocer las causas “terrenales” de “el aumento permanente de las desigualdades”, (solo seis puñeteras palabras y lo que nos cuesta) no nos queda más cojones que mandar a tomar por culo a los “ontiveros” y preguntarnos frente al espejito mágico: “quién” se apropia del fruto de nuestro trabajo y con que arteras herramientas lo consigue, (aparte de nuestra ignorancia y confiada estupidez) logrando así encadenarnos, esclavizarnos y condenarnos a la pobreza “neta y brutal” por los siglos de los siglos…


YO


***

1 comentario:

  1. “La economía de mercado es una construcción social, creada para servir a las personas, por lo que, en cualquier sociedad democrática, plantear cuestiones sobre su manera de funcionamiento es absolutamente legítimo”.
    “Las personas tienen derecho a empezar a cuestionarse la justificación de ciertas rentas y de la enorme brecha que existe entre ricos y pobres”
    “Por lo general, la culpa de la actual crisis financiera suele achacarse a los banqueros incompetente /…/, el capitalismo de compadreo y cosas por el estilo. Aunque todos estos elementos pueden haber contribuido a la crisis, esta explicación, puramente financiera, pasa por alto sus razones fundamentales. Estas se encuentran en el sector real, y más concretamente en la distribución de rentas entre individuos y clases sociales”.
    Los que tienen y los que no tienen. Branko Milanovic

    Y como decía Marx: “La humanidad se plantea solo las tareas que tiene capacidad para resolver, ya que un examen más minucioso siempre nos muestra que el propio problema surge sólo cuando las condiciones para su solución están materialmente presentes”.

    Habrá que atarse al mástil y no escuchar a las sirenas (me refiero a los seres mitológicos, no a las de la policía) que solo tratan de distraernos.

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