sábado, 7 de julio de 2012

Charles Baudelaire





LA GIGANTA


Cuando el orbe animado de un aliento fecundo
engendraba sin pausa criaturas monstruosas,
pude ser compañero de una joven giganta,
como un gato sensual a los pies de una reina.
     Ver su cuerpo a la vez madurar con el alma
y crecer libremente entre juegos terribles,
acechando si oculta un amor oscurísimo
bajo la húmeda niebla que enmascara sus ojos.
     Prodigar mis caricias a sus formas ciclópeas,
escalar la ladera de sus grandes rodillas,
y en verano, cuando huye de los tórridos soles,
     y cansada se tiende sobre un lecho de campos,
a la sombra dormir de sus pechos, confiado,
como al pie de los montes una aldea tranquila.

Charles Baudelaire

***

1 comentario:

  1. Buena elección. Te dejo otra perla de las suyas:

    Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
    Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.
    Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: «¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.»

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