viernes, 6 de julio de 2012

Jules Renard (2) / Diario 1887 – 1910






Lautrec: Un pequeño herrero con monóculo. Un bolsito con compartimento doble en el que mete sus pobres piernas. Labios gruesos y manos como las que dibuja, con dedos separados y huesudos, pulgares aplastados. A menudo habla de hombres bajitos como diciendo: “¡Yo no soy tan pequeño!”.
Aprecia al ciclista Zimmermann y sobre todo al cirujano Péan, que hurga en los vientres como si buscase una moneda en el bolsillo.
Tiene habitación en una casa de tolerancia, y se lleva bien con todas esas señoras, que tienen unos sentimientos tan exquisitos que las mujeres honestas ni se imaginan, y que posan de maravilla. También es propietario de un convento, y va del convento al burdel.
Primero su pequeñez da lástima, luego lo ves muy vivo, muy amable, con un gruñido que separa sus frases y levanta los labios, como el viento la gatera de una puerta. Tiene la talla de su nombre.





Ayer, en casa de Lautrec con Tristan Bernard. De una calle donde llovía a cántaros pasé a un estudio de un calor asfixiante. El pequeño Lautrec nos abre la puerta en mangas de camisa, con los pantalones bajados y cubierto con un gorro de panadero. Lo primero que veo, al fondo, sobre un sofá, son dos mujeres desnudas: una muestra el vientre, la otra el trasero. Bernard se acerca extendiendo la mano y diciendo: “¡Buenos días, señoritas!”. Yo, incómodo no me atrevo a mirar de frente a las dos modelos. Busco dónde dejar el sombrero, el abrigo y el paraguas que gotea.
-Si está trabajando no queremos interrumpirle –dice Bernard.
-Ya habíamos terminado –dice Lautrec- vístanse señoritas.
Y va a buscar una moneda de diez francos que deja sobre la mesa. Ellas se visten, apenas cubiertas tras las telas, y de vez en cuando arriesgo una mirada, sin lograr verlas bien; y todo el rato siento en mis ojos parpadeantes su mirada retadora. Finalmente se van. He visto muslos mates, flaccideces, cabellos rojos, pelos amarillos.
Lautrec nos enseña sus estudios de casas de citas y sus obras de juventud: enseguida se decidió por lo atrevido y lo feo. Me parece, más que nada, un hombre con curiosidad artística. No estoy seguro de que lo que hace esté bien, pero sé que le gusta lo raro, que es un artista. Este hombrecito que llama a su bastón “mi bastoncito”, que sin duda sufre por su estatura, merece, por su sensibilidad, tener talento.


Jules Renard

***

2 comentarios:

  1. No había visto nunca la foto de arriba. Pensaba que era una representación o algo parecido (falsa, vamos), pero parece que es auténtica según leo en esta entrada:http://1977voltios.blogspot.com.es/2010/11/la-caca-de-toulouse.html.
    Vaya...

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  2. Yo tampoco conocía la foto pero aparece en el libro de Jules Renard y la busqué en la red. También existe una foto de Gauguin con el culo al aire tocando el piano. Ambos amigos de Renard. Menuda panda…

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